viernes, 7 de diciembre de 2018

Paremos a VOX, paremos a la extrema derecha



La extrema derecha es un creciente peligro en toda Europa, de hecho, en todo el mundo. Tiene cada vez más presencia en las instituciones; incluso hay partidos fascistas dentro de los gobiernos de Italia y Austria.
El Estado español no es inmune al problema. La buena noticia es que se pueden parar.
Se redactó esta declaración hace unas semanas y aún no se había lanzado. Ante las graves noticias de Andalucía, la publicamos de manera urgente esta noche, sin tan siquiera actualizarla. Ya haremos los análisis más detallados de la situación, pero la urgencia es evidente.
Llamamos a asociaciones, movimientos, organizaciones, sindicatos, partidos, personas a título individual… a sumar esfuerzos ahora para evitar que la extrema derecha se normalice en el Estado español.
Prevemos organizar un encuentro de movimientos unitarios contra la extrema derecha, de ámbito internacional y estatal, el 26 de enero, en Barcelona. Haremos los contactos y ampliaremos detalles próximamente.
Paremos a VOX, paremos a la extrema derecha
La extrema derecha es un creciente peligro en toda Europa, de hecho, en todo el mundo. Tiene cada vez más presencia en las instituciones; incluso hay partidos fascistas dentro de los gobiernos de Italia y Austria.
El Estado español no es inmune al problema. Por un lado, crece la violencia fascista. Por el otro, el partido de extrema derecha, VOX, consiguió reunir a 13.000 personas para su acto en Vistalegre. Parece que tiene posibilidades de lograr representación institucional. En todo caso, se ha visto que la actividad de grupos de este tipo exacerba el racismo en general: contra la gente refugiada, la islamofobia, etc. Ésta es una señal de alarma; debemos reaccionar.
La buena noticia es que se pueden parar.
En Catalunya, Unitat Contra el Feixisme i el Racisme (UCFR) logró frenar el crecimiento del partido fascista trajeado, Plataforma per Catalunya, e impulsó la magnífica lucha vecinal que cerró el centro neonazi Tramuntana en Barcelona. El equivalente en el País Valencià, Crida Contra el Racisme, es más reciente, pero ya está demostrando su efectividad y va creciendo por tierras valencianas.
Estos movimientos unen fuerzas muy diversas, como demuestra la lista de entidades adheridas a UCFR (https://ucfr.cat/adhesions). La unidad supone centrarnos en lo que compartimos y dejar al margen los temas que nos dividen; esto no implica olvidarlos, ni que desaparezcan, simplemente se pueden y deben trabajar en otros espacios.
Tanto los factores socioeconómicos como el debate nacional juegan su papel en el crecimiento de la extrema derecha, pero no podemos esperar hasta que estos temas se solucionen; además, difícilmente nos pondremos de acuerdo en cómo resolverlos. En cambio, sí podemos coincidir en la necesidad de luchar conjuntamente contra el fascismo y el racismo, sin más precondiciones ni requisitos.
En la próxima primavera, tenemos dos retos.
Los movimientos unitarios contra la extrema derecha de muchos países han acordado una convocatoria alrededor del día internacional contra el racismo, una jornada de movilización el próximo 16 de marzo. Hace años que UCFR organiza protestas alrededor de esta jornada; el año pasado Crida Contra el Racisme también participó. Debemos hacer lo posible para que haya acciones en el máximo número de territorios el sábado 16 de marzo de 2019.
Hay un grave peligro de que VOX logre representación en las elecciones al parlamento europeo el próximo mayo. Dado que el Estado español es una circunscripción única, tendremos que hacer una campaña contra VOX y sus ideas en todas partes —con cientos de miles de octavillas, actos públicos, protestas en la calle…— si queremos pararlos.Ya tenemos un programa de trabajo. Para avanzar en ello, proponemos lo siguiente:
Por todo esto, hacemos este llamamiento a activistas, movimientos, asociaciones, partidos… del Estado español para que forméis movimientos unitarios en vuestros territorios contra la extrema derecha y todo lo que representa.
Las organizaciones que estén de acuerdo con este llamamiento pueden firmarlo aquí: https://goo.gl/forms/r265fWCq9vExVNgv2).
El trabajo de formar movimientos unitarios depende de cada territorio, en función de sus especificidades, pero UCFR Catalunya y La Crida podemos ayudar si hace falta, explicando nuestras experiencias.
Si hay interés, podríamos organizar un encuentro estatal en enero de 2019, para coordinarnos entre los proyectos de movimientos unitarios de diferentes territorios.Crida Contra el Racisme.

Unitat Contra el Feixisme i el Racisme (Catalunya)
Crida Contra el Racisme (País Valencià)

2 de diciembre de 2018

miércoles, 5 de diciembre de 2018

jueves, 29 de noviembre de 2018

jueves, 8 de noviembre de 2018

Los errores del "post-anarquismo


“Intentar reanimar el marxismo, el anarquismo o el sindicalismo revolucionario dotándolos de una inmortalidad ideológica, sería un obstáculo para el desarrollo de un importante movimiento radical. Se necesita una perspectiva totalmente revolucionaria que sepa afrontar de manera coherente los diferentes argumentos que puedan conducir a gran parte de la sociedad a oponerse de forma eficaz al sistema capitalista, un sistema que está en continua evolución y cambio”.
Así escribía Murray Bookchin, pero su discurso no es particularmente original: sin ir muy atrás en el tiempo, al menos desde los años inmediatamente sucesivos a la caída del Muro de Berlín, se ha convertido en una especie de recurso literario invocado sobre todo por ex marxistas, pero también en el seno del llamado “post-anarquismo”.
Sin embargo, yo creo que el discurso de Bookchin y de todos los que lo han precedido y los que lo seguirán, no es válido por varios motivos que trataré de enumerar y argumentar aquí.
El primer orden de problemas es el siguiente: He empezado con la frase de Bookchin porque en pocas líneas condensa tanto la tesis como su fundamento. Él –pero no es el único– cree en el cuento que el capitalismo se cuenta a sí mismo –“un sistema en continua evolución y cambio”– escondiendo tras la fábula de “lo nuevo avanza” lo viejo que retorna (incluso nunca se fue…). En los últimos tiempos han circulado numerosos textos, y no solamente en el ámbito radical sino de la izquierda en general –cito aquí solamente El Capital del siglo XXI, de Piketty, y Débito, de Graeber– que habrían debido desmontar ampliamente esta construcción ideológica y mistificadora, que trastorna la realidad de las cosas presentando a quien lleva realmente “un mundo nuevo en el corazón” como una especie de reaccionario, y al autoritarismo y viejo Estado presente de las cosas como intrínsecamente “revolucionario”. Se aprecian como novedades absolutas cosas como los poderes financieros, las multinacionales, el hecho de que el enemigo se haya convertido en un “sin rostro”, la dependencia de los “índices de la Bolsa”, etc., que son más viejos que los caminos, y que aparecen como “lo nuevo que avanza” solo en la mitología del capital.
Una mistificación apoyada en determinados errores de valoración de Marx sobre las novedades efectivas del capitalismo industrial relativas a las formas de producción precedentes, que le lleva a elogiar descaradamente el mundo capitalista como claramente “revolucionario”. Los ejemplos más destacados están en el Manifiesto Comunista:
“La burguesía ha desempeñado en la historia un papel altamente revolucionario. (…) Ha sido ella la primera en demostrar lo que puede realizar la actividad humana; ha creado maravillas muy distintas a las pirámides de Egipto, a los acueductos romanos y a las catedrales góticas, y ha realizado campañas muy distintas a las migraciones de los pueblos y a las Cruzadas.
La burguesía no puede existir sino a condición de revolucionar incesantemente los instrumentos de producción y, por consiguiente, las relaciones de producción, y con ello todas las relaciones sociales. La conservación del antiguo modo de producción era, por el contrario, la primera condición de existencia de todas las clases industriales precedentes. Una revolución continua en la producción, una incesante conmoción de todas las condiciones sociales, una inquietud y un movimiento constantes distinguen la época burguesa de todas las anteriores. Todas las relaciones estancadas y enmohecidas, con su cortejo de creencias y de ideas veneradas durante siglos, quedan rotas, las nuevas se hacen añejas antes de llegar a osificase. Todo lo estamental y estancado se esfuma; todo lo sagrado es profanado, y los hombres, al fin, se ven forzados a considerar serenamente sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas. (…) Mediante la explotación del mercado mundial, la burguesía ha dado un carácter cosmopolita a la producción y al consumo de todos los países. Con gran sentimiento de los reaccionarios, ha quitado a la industria su base nacional.
Merced al rápido perfeccionamiento de los instrumentos de producción y al constante progreso de los medios de comunicación, la burguesía arrastra a la corriente de la civilización a todas las naciones, hasta a las más bárbaras. Los bajos precios de sus mercancías constituyen la artillería pesada que derrumba todas las murallas de China y hace capitular a los bárbaros más fanáticamente hostiles a los extranjeros” (Capítulo I, “Burgueses y proletarios”).
En consecuencia, del hecho de que Bookchin –como inicialmente Marx y posteriormente otros muchos– acepte esta narración mitológica que hace el capital sobre sí mismo, no se puede derivar más que la idea de que las ideologías contestatarias, cambiando el objeto, han sido superadas y representan “un obstáculo para el desarrollo de un importante movimiento radical”, por lo que “se necesita una nueva perspectiva totalmente revolucionaria”. Como inciso, diremos que, aun admitiendo que tal tesis fuera verdadera, se trataría en cualquier caso de una especie de paradoja pragmática: no se sabría con qué objeto realizar tal definición conceptual, dado que en el momento en que esta se desarrolle, su inefable objeto será ulteriormente cambiado, haciéndola inútil.
Como decíamos más arriba, hoy sabemos por investigaciones científicas y empíricas precisas que marxismo, anarquismo y sindicalismo revolucionario han tenido que lidiar exactamente con las mismas dinámicas del capital que vemos actualmente en acción: en consecuencia, si eran correctos o erróneos en la época, lo serían hoy también y viceversa. En el análisis de los hechos, decir de uno de ellos –el marxismo– que ha resultado enormemente incapaz de superar el capitalismo es un eufemismo, habiéndose mostrado como el gran apoyo del capitalismo del siglo XX, destruyendo el movimiento obrero y revolucionario para después pasar del capitalismo de Estado al capitalismo neoliberal más feroz. El anarquismo, por el contrario, incluso con sus fuerzas limitadas, ha logrado como poco mejorar las condiciones de vida de las poblaciones oprimidas, inspirando las luchas y las organizaciones más radicales en el periodo de la segunda fase de la revolución industrial y durante los “treinta años gloriosos” –algo curiosamente poco reconocido– llevando las mayores conquistas sociales incluso donde las dimensiones relativas del anarquismo sobre el marxismo estaban a favor del primero (y viceversa: piénsese en la diferencia entre Suecia y la Italia del “gran Partido Comunista”). Donde se ha llegado a experiencia revolucionarias –México, Ucrania, España– habrá mucho que hablar, pues son con los únicos acontecimientos históricos que hoy se pueden citar a favor de la realización efectiva de una sociedad comunista.
Discursos como el de Bookchin en su llamamiento a la búsqueda de un “nuevo camino” hacen olvidar todo esto y despojan a los movimientos revolucionarios de momentos fundamentales de reflexión teórica sobre las vías contraproducentes y sobre las que, por el contrario, han dado y siguen dando un mínimo fruto (como el zapatismo y la Rojava)*.

*A propósito de la cuestión del confederalismo democrático que se experimenta en el noreste de Siria, hay que precisar que el Bookchin que ha influido en Ocalan es, por motivos banalmente temporales, el de antes de la conversión al “post-anarquismo”. De hecho Ocalan, que es un intelectual destacado, no tenía necesidad de ser adoctrinado en el marxismo: si algo le ha podido proporcionar Bookchin, han sido las ideas anarquistas. 
Enrico Voccia
Publicado en el Periódico Anarquista Tierra y Libertad, nº363 octubre 2018

lunes, 29 de octubre de 2018

Franco metió a 22.000 personas en el campo de concentración de Albatera y muchos murieron deshidratados



La escritora cartagenera Isabel María Abellán publica ’Isidro’, una novela basada en la historia real de un republicano anarquista que sobrevivió a uno de los campos más crueles del franquismo.
El campo de concentración franquista de Albatera (Alicante) fue uno de los más crueles e inhumanos que hubo en España tras el final de la Guerra Civil, por lo que algunos lo bautizaron como el “Auschwitz español”. Las condiciones de vida en el campo, que funcionó entre abril y octubre de 1939, eran durísimas. La única comida que recibían los presos eran chuscos de pan y sardinas. También era notable la sed que padecieron los presos por la falta de agua y el enorme calor que hacía en el lugar. Allí se produjeron torturas, todo tipo de humillaciones y vejaciones, y fusilamientos. Se numeraba a los presos, de tal forma que si uno de ellos se fugaba, se fusilaba a los que tenían los números anterior y posterior.
“Franco metió a más de 22.000 personas en el campo de concentración de Albatera y muchos murieron deshidratados”, comenta la profesora y escritora cartagenera Isabel María Abellán, que durante varios años ha investigado lo que sucedió en un lugar en el que sólo faltaban las cámaras de gas para igualarse a un campo de exterminio nazi. Basándose en la historia real de Isidro, un republicano anarquista que sufrió y sobrevivió a aquel infierno, con el que la escritora mantuvo largas conversaciones tras conocerlo en 2009, Abellán acaba de publicar la novela ‘Isidro. Relato del campo de concentración de Albatera”.
Isabel María Abellán, que es catedrática de Historia, explica que “en este saladar de Albatera el Gobierno de la II república construyó un campo de trabajo para reclusos comunes, en el que nunca hubo más de 700 personas pese a que su capacidad era para más de 2.000, y terminada la Guerra Civil Franco organizó allí un campo de concentración. Yo me interesé por el tema de una manera casual, investigando sobre la II República en la Comunidad Valenciana, buscando cartas de las personas que se hacinaron en el puerto de Alicante durante los últimos días de la Guerra Civil”.
“Las máquinas lo arrasaron todo para no dejar rastro”
A la profesora no le fue fácil indagar sobre este campo de concentración, y más teniendo en cuenta que tras su cierre “el lugar fue declarado zona devastada y las máquinas lo arrasaron todo para no dejar rastro. Luego se creó un poblado artificial (San Isidro) que fue colonizado por gentes de Aragón y el norte de España. La primera casa se entregó en 1956. Es imposible tener muchos datos pues se tuvo mucho cuidado en no dejar rastro, en que todo desapareciera, pero las personas de la zona lo conocían. San Isidro empezó siendo una pedanía de Albatera, y ahora es un municipio independiente”.
Con todo el material recopilado y los testimonios de varias personas, Abellán se decantó por escribir un relato. “Como soy profesora, me parece más pedagógico para mis alumnos escribir una novela que hacer una ponencia para un congreso, que es algo más académico”, indica.
La escritora cartagenera afirma que “el 1 de abril de 1939, al terminar la Guerra Civil, miles de personas estaban en el puerto de Alicante esperando los barcos que prometió Francia. Algunos llegaron, pero Franco impidió luego que entraran más buques franceses. Las tropas franquistas separaron a mujeres y niños. Los hombres fueros apartados, algunos fueron fusilados en el acto en el castillo de Santa Bárbara de Alicante y a otros los condujeron a un campo que se llamó de Los Almendros. Sobre esto Max Aub escribió un libro. Era primavera y pasaban tanta hambre que se comieron hasta las hojas de los almendros. Allí sólo estuvieron unos días”.
“Era un horno y sólo les daban un poco de agua cada dos días”
“Las primeras semanas –prosigue Abellán- estuvieron hacinadas en el campo de concentración de Albatera entre 20.000 y 22.000 personas. Según los testimonios que he recogido, estaban como conejos, tenían que permanecer de pie, pues no podían sentarse, y el hacinamiento fue terrible. En ese lugar se encontraba Isidro, que estuvo desde el primer día del campo de concentración hasta que se cerró (octubre de 1939). En agosto muchos murieron deshidratados. Pasaban un hambre atroz, apenas comían, y sólo les daban un poco de agua cada dos días. Al ser una zona salitrosa era como un horno y se cocían. Las enfermedades, el hambre, la deshidratación, todo se juntaba”.
A Isabel María Abellán le pareció tan dura la historia real de Isidro que se decidió por suavizarla a través de la literatura. “En la novela hay aspectos que son reales de la historia de Isidro, otras son ficción. La gran licencia literaria que me ha dado muchísimas posibilidades es la creación de un personaje femenino, Käthe. Cuando empecé a escribir la historia me pareció extremadamente dura y pensé no la iba a querer leer nadie”.
Durante dos años y medio, la escritora tuvo mucha relación con Isidro, desde los 93 años a su muerte. “Hago hincapié en cómo se las ingenió para sobrevivir, porque lo bonito de la historia de Isidro es que es una historia de supervivencia y de amistad. No solo se preocupa de salvar su pellejo, sino que ayuda a muchas personas y es muy emocionante su humanidad”.
La novela ‘Isidro’
La novela ‘Isidro’ es una historia real, con tintes de ficción. Isidro es un miliciano anarquista en la Barcelona de los primeros momentos de la Guerra Civil. A esta ciudad, llegan brigadistas procedentes de todos los lugares del mundo, entre ellos Käthe, una joven que huye de la Alemania nazi. Así empieza una historia que se desarrolla entre el frente de Aragón, la Barcelona convulsa de 1937 y un campo de concentración, el de Albatera, al que son trasladados, desde el puerto de Alicante, todas las personas que no consiguen partir hacia el exilio al término de la contienda.
Isabel María Abellán es catedrática de Geografía e Historia. Actualmente imparte clases en el IES Alfonso X El Sabio de Murcia. Ha publicado otra novela histórica, ‘La línea del Horizonte’, inspirada también en las duras condiciones de vida en el campo de concentración de Albatera. También ha escrito dos libros de relatos: ‘El último invierno y otros relatos’ y ‘El silencio perturbado’. Con esta última obra quedó ganadora de la Tercera Edición del Premio Internacional Vivendia de Relato, así como finalista al Mejor Libro Murciano del Año en 2008. Ha participado en dos antologías literarias: ‘El corazón delator, obra antológica de narradores murcianos’, y ‘13 para el 21, Antología de Nuevos Escritores’. Ha colaborado, igualmente, en las revistas literarias ‘Irreverentes’ y ‘Lunas de papel’.

martes, 9 de octubre de 2018

Piden 2 años de cárcel a los autores de un documental sobre el “Monumento a los Caídos”


Los próximos 14 y 15 de noviembre los miembros de la iniciativa Zer Hirirako Eztabaidak Herritarren Hautuak; Clemente Bernad y Carolina Martínez, serán juzgados en Iruñea.
En enero de 2017 ZER celebró unas jornadas llamadas “¿Qué hacemos con el Monumento a los Caídos?”, en cuya sesión inaugural se estrenó el documental “A sus muertos”, del que ambos son autores. El documental aborda la inserción en la vida de la ciudad del conocido como “Monumento a los Caídos” (su nombre oficial es “Navarra a sus muertos en la Cruzada”) de Iruñea: un símbolo vigente en honor del golpismo y del franquismo. Un lugar en cuya cripta se celebran mensualmente misas en honor a los criminales golpistas que asaltaron las Instituciones democráticas en 1936 y que asesinaron solo en Nafarroa a más de 3.500 personas inocentes. La película se estructura a través de 6 preguntas hechas a los viandantes en el entorno del monumento y muestra las estrechas relaciones entre el pasado y el presente en el espacio urbano.
La Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz interpuso una denuncia contra ellos a raíz de la realización del documental, por la que serán juzgados por “un delito de revelación de secretos del artículo 197.1 del Código Penal”, con una petición por parte de la Fiscalía de 2 años de prisión y multa de 12.000 € para cada uno de ellos. La acusación particular eleva la petición a 2 años y 6 meses de prisión.
La Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz se creó en 1939 por excombatientes requetés para “mantener íntegramente y con agresividad si fuera preciso, el espíritu que llevó a Navarra a la Cruzada por Dios y por España“. Desde entonces vienen celebrando misas en el Monumento todos los días 19 de cada mes y especialmente el 19 de julio (el golpe de Estado de 1936 en Navarra fue el 19 de julio) en honor de los militares golpistas Mola y Sanjurjo y de los combatientes navarros del bando franquista muertos en la Guerra Civil, en clara apología del golpismo, humillación a las víctimas y enaltecimiento de la dictadura franquista.


La libertad de expresión es un derecho reconocido en el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH) 

jueves, 27 de septiembre de 2018

“El franquismo diseñó la Transición en España para esconder sus crímenes”



La Transición española, el período histórico que sucedió a la dictadura de Francisco Franco (1936-1975), suele ser mencionado por la clase política de ese país como una época de reconciliación en una sociedad fracturada. Sin embargo, las víctimas del franquismo consideran que tuvo como objetivo suprimir la memoria.

Durante las cuatro décadas de dictadura franquista, 115.000 civiles fueron asesinados. Medio millón de personas fueron encarceladas y una cifra similar debió partir al exilio. Las personas contrarias al régimen fueron objeto de robos de propiedades, abusos y demás vejámenes. Esta realidad está muy presente en la memoria de las víctimas y sus descendientes, pero son ignorados por gran parte de la sociedad española.

El 15 de junio de 1977, los españoles acudieron a las urnas por primera vez desde la Guerra Civil (1936-1939) que enfrentó al Gobierno republicano y los sublevados, encabezados por Francisco Franco. Las elecciones de ese año fueron uno de los episodios más notorios de la Transición, el período histórico entre la muerte del dictador en 1975 y la aprobación de la actual Constitución en 1978.

A 40 años de los comicios, Sputnik dialogó con Emilio Silva, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de España (ARMHE), para conocer el punto de vista de las víctimas del régimen y de sus familiares sobre ese hecho. El activista explicó que desde los movimientos sociales se vive «por un lado con la alegría» de recuperar las libertades perdidas, aunque al mismo tiempo «cierta amargura» porque la Transición es mostrada por «los más poderosos de sus protagonistas» como un proceso «idílico» de reconciliación entre los españoles.

«Hay muchos problemas todavía, que tienen que ver con las violaciones de derechos humanos de la dictadura no resueltas. Nosotros todavía estamos peleando para darles respuesta y contrarrestar la versión oficial que dice que esto quedó laudado en los años 70 y que no hay nada que arreglar», comentó Silva.

Desde la misma celebración de los comicios, la Transición dejó por afuera a algunos sectores de la sociedad española. Rodolfo Martín Villa, «un destacado dirigente vinculado al falangismo, el partido fascista español», fue el encargado de decidir cuáles partidos iban a ser legalizados y podrían presentarse a las elecciones. Todos aquellos que reclamaban el restablecimiento de la República y no aceptaban la amnistía continuaron en la clandestinidad.

El funcionario estuvo además implicado en episodios de represión, como el asesinato en 1976 de cinco trabajadores que realizaban una huelga en Vitoria, la capital del País Vasco. Bajo sus órdenes, la Policía entró a una concentración de manifestantes y abrió fuego, provocando 100 heridos de bala además de los decesos.

«Paradójicamente es la persona que ha elegido el Congreso de los Diputados español para que la semana pasada encabezase un acto de los muchos que se están haciendo en el aniversario de aquellas elecciones», puntualizó Silva, cuyo abuelo murió asesinado por el franquismo y permaneció desaparecido, hasta que se encontraron sus restos hace 15 años.

El debate de lo acontecido en esos años trasciende a los partidos políticos que participaron en las elecciones, que acordaron «un pacto de silencio» y aceptaron «escribir un borrón y cuenta nueva». A criterio del entrevistado, durante los 40 años de dictadura hubo un ‘apartheid’ que marginó a los perdedores de la guerra y sus familias. Esto se vio traducido en el acceso a la educación.

«Los que han ido en los años 50, 60 y 70 a la Universidad son los hijos de vencedores de la guerra, quienes tenían los recursos económicos o el apoyo político para acceder al estudio y son los que han gestionado la vida política de este país desde que murió Franco. No están solo en la derecha. Los que accedieron a este privilegio están en todas partes [del espectro político]», dijo Silva.

A modo de ejemplo, citó un estudio realizado por alumnos de Ciencia Política de la Universidad Complutense de Madrid, que consistió en realizar el árbol genealógico de todos los ministros de los Gobiernos de España desde la muerte de Franco en adelante. A partir de entonces, han estado al mando del país tres partidos: la extinta Unión de Centro Democrático (1977-1982), el Partido Socialista Obrero Español (1982-1996 y 2004-2011) y el Partido Popular (1996-2004 y 2011 hasta el momento).

«Casi el 90% de los miembros de todos esos Gobiernos eran hijos de vencedores de la guerra y casi ninguno de ellos (…) ha hecho nada, ninguna decisión política que pueda atentar contra sus privilegios de clase», comentó el activista por los derechos humanos.

No solo en España tuvo efecto la dictadura franquista. En América Latina, los intelectuales exiliados de la República aportaron a la cultura, el pensamiento y la vida política de los países donde encontraron refugio. Pero también algunos se nutrieron de los ideales del totalitarismo español de la época.

«[El historiador y escritor uruguayo] Eduardo Galeano me contó una vez cómo escuchaba de pequeño las canciones de la guerra de España en el barrio que vivía. Eso formaba parte de su memoria política y sentimental. España ha sembrado eso, pero también algunos aprendices de Franco. Quizás el máximo exponente de ellos era [el dictador chileno] Augusto Pinochet que claramente tenía una profunda admiración por él», comentó.

A más de 70 años del comienzo de la dictadura, desde el otro lado del Atlántico se abrió para muchos españoles una ventana de esperanza en su busca por la verdad, la memoria y la justicia. En 2008, el juez español Baltasar Garzón fue impedido de investigar los crímenes del franquismo en su país. En ese momento, los familiares recurrieron al principio de justicia universal y radicaron una demanda en Argentina.

La jueza argentina María Servini de Cubría llevó adelante una causa iniciada en 2010, en principio por la desaparición de Severino Rivas, el alcalde de un pueblo de Galicia desaparecido durante la Guerra, pero luego se fueron sumando casos, como el del último ejecutado por garrote vil en España, el militante anarquista Salvador Puig Antich, asesinado en 1974.

Los pedidos de Servini de Cubría permitieron llevar adelante exhumaciones en fosas comunes, a las que distintos agentes judiciales españoles ponían obstáculos, de acuerdo con Silva. Un personaje notorio dentro de esta causa es Ascensión Mendieta, una mujer de 92 años que con 87 viajó de España a Buenos Aires. La anciana acudió a pedir ayuda a la magistrada argentina para cumplir su deseo de ser enterrada algún día junto a su padre, Timoteo Mendieta, asesinado por el franquismo.

Hace pocos días, en una fosa se encontraron los restos del hombre, que permaneció desaparecido durante 78 años. Encontraron en su mismo lugar de entierro otros 24 cuerpos, además de tres tumbas individuales. Hasta el momento, 27 familias esperan realizarse análisis con la esperanza de que entre esos huesos estén los de sus familiares.

«Sigue siendo triste que sea la Justicia argentina la que ha ordenado esa exhumación. La ausencia de las instituciones españolas es una forma de castigo a las víctimas de la dictadura. El Gobierno de España presume de ser un paladín de la lucha por los derechos humanos. Un Estado que ha abierto causas de justicia universal en Chile, Argentina, Guatemala, El Salvador, Ruanda y el Sáhara es incapaz de tratar de construir justicia en su país. Yo creo que lo que aquí se dio en la Transición fue dejar que trabajara el miedo y que todas las Ascensiones Mendietas dejaran de hablar», comentó el presidente de la ARMHE.

Para Silva, «el diseño político que se había hecho [en la Transición] de dejar pasar el tiempo y que acabara con esa generación no va a poder ser». Esto queda de manifiesto cada vez que se abre una nueva fosa común. Desde el año 2000, 300 han sido destapadas. El activista expresó que cada una de ellas «es un espejo donde la sociedad española está viendo lo que fue la dictadura».



domingo, 9 de septiembre de 2018

La anarquía como figura política y el anarquismo como método para la acción



Si la anarquía es la construcción de un espacio político no jerarquizado, que busca la autonomía de la comunidad humana y una concepción de la libertad amplia que incluya la igualdad entre todos sus miembros, es posible que constituya siempre una tarea inacabada; el anarquismo, por el contrario, constituido por diversos métodos y paradigmas, adopta diversas formas según el contexto cultural, pero permanentemente subversivo respecto a lo establecido (incluida una sociedad con grandes dosis de libertad e igualdad).

La libertad dentro de una sociedad anarquista se caracterizaría por el fin del paradigma coercitivo, es decir, de la idea de la "dominación justa", en palabras de Eduardo Colombo, que supone el moderno Estado democrático. El otro rasgo principial de la libertad anarquista sería la afinidad con una serie de valores, en los que la igualdad es condición necesaria. Si consideramos la libertad como una creación social determinada históricamente, sería la negación anarquista a una concepción estática la que precedería a una fuerza creadora e innovadora. Eso es lo que significa la conocida frase de Bakunin, "La pasión por destruir es también una pasión creadora". Por lo tanto, los anarquistas niegan el Estado, una instancia coercitiva separada de la sociedad, niegan el paradigma del mando-obediencia, consideran la libertad como una construcción histórica y niegan que exista una concepción de la misma previa a la sociedad política. Como es sabido, los liberales consideran que la libertad individual es previa a la sociedad política y, solo mediante el contracto o pacto social, es posible la convivencia gracias a la fundación del poder político. Es una justificación de la existencia del Estado, del paradigma de dominación justa, basada en el dogma de una supuesta condición previa del ser humano.

Muy al contrario, los anarquistas, tal y como dijo ya Bakunin, consideran que solo es en sociedad donde surgen la idea de la libertad, por lo que la conquista de la misma es el gran objetivo a conseguir. Solo la comunidad humana, mediante su historia y la sociedad que crea, puede dar lugar a la libertad. Ni los dioses, ni la naturaleza, ni ente abstracto alguno, es el colectivo humano el que se otorga sus propias normas. Tal y como dice Eduardo Colombo, el anarquismo, y su objetivo de crear la anarquía, supone una ruptura radical con la heteronomía, con cualquier norma que surja de una instancia separada de la sociedad. La anarquía supone entonces "la figura de un espacio político no jerarquizado, organizado para y a través de la autonomía del sujeto de la acción" (el ser humano). Por supuesto, si de verdad somos anarquistas, la construcción de la anarquía, de esa espacio político antiautoriario, será siempre una tarea inacabada. Por muy libre e igualitaria que sea una sociedad, el anarquista está obligado a ser un transgresor, un subversivo de lo establecido en nombre de un horizonte más libertario. No nos equivoquemos tampoco con esa concepción sociohistórica de la libertad anarquista. El anarquismo no tiene una concepción sagrada ni determinista de la historia, no es "historicista", ni cree en teleología alguna. No hay finalidad alguna en la historia, por lo que estamos obligados a ser críticos y trabajar por una realidad anarquista en el presente.

La anarquía solo será posible si los seres humanos desean construirla, por lo que hay que trabajar por esa conciencia que impulse una voluntad revolucionaria. Es posible que en toda lucha contra el poder en la historia haya habido un pequeño hálito libertario, pero hay que recordar que solo el anarquismo, que nace en momento histórico muy concreto, producto de la lucha de infinidad de personas para acabar con la explotación y la dominación, supone esa ruptura radical con la hetonomía (con cualquier forma de poder o autoridad coercitiva). El anarquismo nace, de forma evidente, en Occidente, originado en gran medida en la Ilustración y en la Revolución francesa, pero con el paso del tiempo haya su fuerza, junto a un horizonte ilimitado, en multitud de culturas y situaciones sociales. El conjunto de la humanidad, a través de sus diferentes expresiones culturales, puede dar forma a las ideas libertarias. Para los que trazan una división entre un supuesto anarquismo clásico o moderno, y otro posmoderno, entre la teoría y la acción, hay que decir que ya pensadores clásicos como Proudhon y Bakunin consideraban que la idea libertaria surgía de la vida y de la acción.

No hay solo un anarquismo, por mucho que histórica e ideológicamente podamos trazar cierta sistematización. Si la anarquía es el objetivo, hay muchas formas libertarias y socialistas de llegar a él, deberíamos recordarlo constantemente para huir del doctrinarismo. No puede haber dogma libertario alguno, lo mismo que no puede existir una ideología justa, y por lo tanto cerrada en sí misma; hay que combatir a aquellos que reclamen cualquier forma de ortodoxia en nombre de la diversidad y de esa concepción permanentemente subversiva. No convencen demasiado tampoco esas ideas clásicas de la anarquía como una perfecta concepción del orden, ya que deberíamos concebirla siempre como heterogénea, como compuesta de partes muy diversas y de no fácil conexión. Ya Malatesta supo romper con ciertas tendencias científicas dentro del anarquismo, que pretendían fundar una supuesta verdad libertaria en nombre de justificaciones filosóficas e incluso científicas. El anarquismo es fundamentalmente una práctica, una respuesta ética a las injusticias de cualquier tipo de sociedad. Insistiremos en que solo el deseo y la voluntad de las personas pueden crear, o impulsar, una sociedad anarquista. Es cierto que parecen existir valores innegociables en el anarquismo, en sentido lato y surgidos en un momento muy determinado de la historia, como son la acción directa, el federalismo, el internacionalismo o la igualdad de clases. Sin embargo, esos principios libertarios parecen mantenerse a través de la historia como métodos para acciones muy diversas e influenciadas por el contexto cultural y los paradigmas de la época. En el campo económico, por ejemplo, mutualismo, comunismo o colectivismo forman parte de esos paradigmas históricos para tratar de establecer la justicia social. Nuevas acciones libertarias, y nuevos paradigmas, reclaman ser creados en el presente (y en el futuro).

jueves, 6 de septiembre de 2018

La canción del pueblo.




Magnifica canción del musical de Los Miserables que está basado en la novela Les Misérables de Victor Hugo.

Ambientado en la Francia de principios del siglo XIX, el espectáculo cuenta la historia de Jean Valjean, un exconvicto de extraordinaria fuerza que busca la redención tras cumplir diecinueve años en prisión por haber robado una hogaza de pan. Incapaz de conseguir un trabajo honrado por culpa de su pasado, Valjean encuentra su camino gracias a la compasión de un bondadoso obispo, quien le inspira para romper su libertad condicional y comenzar una nueva vida bajo una identidad falsa, mientras sufre la implacable persecución del inspector Javert a través de los años. Por el camino, Valjean y una serie de personajes se verán envueltos en medio de una revolución, en la que un grupo de jóvenes estudiantes luchan por sus ideales en las calles de París.



martes, 28 de agosto de 2018

El Estado y el anarquismo moderno



El Estado ha sido objeto de reflexión filosófica en la mayoría de los grandes pensadores de la historia de la humanidad. Con la llegada el anarquismo moderno, se producirá una crítica radical al poder político, que repasamos de forma somera en el pensamiento de algunos de los grandes pensadores ácratas.
Tal vez desde Platón, se ha intentado definir la esencia y la misión del Estado con respecto al individuo y a la sociedad. En la Antigüedad, la discusión sobre esta instancia política se refería a la mejor organización de la sociedad, ya que se trataba de un caso particular del problema más general de la justicia; en los escritos platónicos y aristotélicos se recogen los temas que ya habían puesto en circulación los sofistas, se habla del Estado como la mejor forma de articulación de los individuos y de las clases para realizar la justicia, dando a cada uno lo que de derecho le pertenece. Platón y Aristóteles se opusieron a algunos sofistas, los cuales consideraban que el Estado no se fundaba en la justicia, sino en el interés del más fuerte. En esos sofistas, podemos encontrar antecedentes de las teorías modernas del maquiavelismo, del contrato social o incluso del totalitarismo: el Estado se halla ligado básicamente al poder.
En la Antigua Grecia, se discutió ampliamente sobre la mejor "constitución política", es decir sobre los diferentes tipos de Estado (timocracia, oligarquía, democracia, aristocracia, tiranía...) y tanto Platón como Aristóteles trataron de hallar el fundamento de la legitimidad del poder en el Estado, en un tipo de constitución que estuviera igualmente distante de la anarquía y de la oligarquía. El gobierno de unos pocos no era necesariamente oligárquico, ya que no está fundado en los intereses particulares de una minoría sino en los del Estado (entendiendo éste como articulación en aras de la justicia) .
En la Edad Media, se estableció el conflicto entre la supremacía del Estado o de la Iglesia. El primero se entendería como una comunidad temporal e histórica y la segunda como una comunidad espiritual que se halla en la historia, pero que trasciende de ella. San Agustín y Santo Tomás de Aquino subordinaron el Estado a la Iglesia y lo entendieron bien como algo negativo bien como una comunidad temporal que debía ser guiada por la propia Iglesia. En el Renacimiento, habrá un cambio radical con una fuerte reacción contra el predominio de la Iglesia y se producirá la conformación de los Estados nacionales. Pensadores como Maquiavelo exigirán una separación total entre Estado e Iglesia. Se desprende así al Estado de su fundamento divino y se le inserta definitivamente en la temporalidad y en la historia. De esta manera, surgen las primeras concepciones sobre el Estado ideal, como Utopía de Moro o La Ciudad del Sol de Campanella, que recogen la tradición platónica al intentar diseñar una organización política donde sea posibles la paz y la justicia .Durante los siglos XVII y XVIII, nace y predomina la teoría contractualista, según la cual el Estado nace de un pacto entre los hombres, bien para evitar el aniquilamiento mutuo (Hobbes) bien como sometimiento a la voluntad general (Rousseau). Spinoza tendrá una teoría paralela, según la cual el Estado es una comunidad de hombres libres, un garante de la libertad. El Estado se va configurando como un equilibrio, tanto de los distintos grupos religiosos como de las clases. En la Ilustración, existirá la doctrina del "despotismo ilustrado", en la que el Estado es capaz de conducir a los hombres por el camino de la razón frente al oscurantismo y la superstición del pasado. La filosofía romántica que se desarrolla en Alemania al hilo de los nacionalismos y de las tradiciones tiende a identificar nación con Estado. Para Hegel, el Estado será el lugar donde el espíritu objetivo, vencida la oposición entre familia y sociedad civil, llegue a realizarse plenamente; es un precedente de lo que serán posteriormente los Estados totalitarios. El que rige el Estado debe ser, según la teoría romántica, el representante del "espíritu del pueblo" o "espíritu nacional", el que cumple los fines objetivos planteados por este espíritu.
El análisis anarquista empieza a finales del siglo XVIII con Godwin, el cual denuncia el contrato social que conduce a la autonomía de la instancia política y somete la razón individual a la razón de Estado. Puede decirse que el Estado, su resultante histórico, como conjunto o cuerpo institucional, posee las características de constituirse como unidad del espacio político, de identificarse con la ley y de expresarse por medio de la prohibición y de la sanción. Así, tal vez el Estado moderno comienza a existir cuando tiene la capacidad de hacerse reconocer sin necesidad de recurrir a la fuerza ni a su amenaza.

Proudhon, como primer pensador abiertamente anarquista, se mostrará muy beligerante con el Estado; aunque admite su necesidad en el pasado, el futuro solo puede suponer su extinción. El autor de ¿Qué es la propiedad?, en la línea de Saint-Simon considerará al Estado una entidad abstracta; solo la sociedad es un conjunto concreto de trabajo y producción, por lo que solo puede trabajarse por la disolución estatal. Max Weber dijo "El Estado es el monopolio legítimo de la fuerza", pero el ciudadano no ha legitimado tal cosa, por lo que se encuentra en su derecho al rechazarla .
En la misma línea, Bakunin considera el Estado una abstracción destructiva donde se inmola el individuo y la sociedad; como es sabido, el principio de la autoridad terrenal para Bakunin se origina en la autoridad metafísica, por lo que el Estado solo puede ser definido como el hermano menor de la Iglesia. Así, la fuerza vital de la sociedad queda anulada por el Estado; no importa la distinta naturaleza o legitimidad del Estado, incluso aquella que apela a su creación por la voluntad libre y consciente de los hombres, en todos los casos domina a la sociedad y tiende a absorberla por completo. El Estado es para Bakunin la negación de la libertad, incluso el democrático, ya que en ese caso es el pretexto de la voluntad colectiva la que oprime a cada individuo concreto.Está claro que el Estado, para la visión anarquista desde sus orígenes, supone la imposibilidad de que la sociedad se base en la cooperación entre iguales; se trata de una institución que trata siempre de someter a la sociedad bajo su tutela y arbitrio. Puede decirse que cuanto mayor poder tenga el Estado, menos tiene la sociedad y viceversa. Kropotkin considera que el Estado supone la más peligrosa concentración de poder en la sociedad y el mayor enemigo de las clases oprimidas; como es sabido, el autor de El apoyo mutuo se esforzó en poner ciencia y teoría al servicio de la praxis revolucionaria, por lo que no pudo dejar de analizar la génesis y el desarrollo de la institución estatal y merece la pena que nos detengamos en su visión. En una conferencia, pronunciada en 1897 y publicada dos años más tarde, como ampliación del prólogo realizado en 1892 para el folleto de Bakunin La Comuna y la noción de Estado, llamada El Estado. Su rol histórico, rechaza en primer lugar la identificación que tantos autores han realizado entre sociedad y Estado. Sin embargo, Kropotkin tampoco identifica necesariamente el Estado con el gobierno, ya que aquel supone, no solo la colocación de un poder por encima de la sociedad, también "una concentración territorial y una concentración de muchas funciones de la vida de las sociedades entre las manos de algunos (o hasta de todos)". Comprendido esto, se explica por qué Kropotkin gusta de aquellos modelos históricos (la polis griega, la comuna medieval..) en los cuales no estaba eliminado el poder, sino diluido y minimizado gracias a la Asamblea Popular; la existencia de una red de vínculos horizontales, por una parte, en una unidad territorial y la concertación de lazos federativos, por la otra. El paradigma del Estado procede para Kropotkin de la antigua Roma, ya que de ella procedía todo: la vida económica, el ejército, las relaciones judiciales, los magistrados, los gobernadores, los dioses... Todo el imperio reproducía en cada región la centralización procedente del Senado y, posteriormente, el poder omnipotente del César .
Puede decirse que para la concepción histórica de Kropotkin, la historia de la humanidad se divide en dos opciones: la imperialista o romana y la federalista o libertaria. Sin embargo, para comprender la naturaleza y evolución del Estado, es preciso abordar en primer lugar el gran problema del origen de la sociedad humana. Kropotkin no dejaba de reconocer que la teoría del contrato social había servido como importante arma para acabar con la monarquía de derecho divino; a pesar de ello, rechazó todo idea contractualista. Frente a todo estado humano previo a la sociedad, Kropotkin recoge la herencia aristotélica al considerar al hombre un "animal social" y a la sociedad humana como una realidad primaria, no como un derivado de una asociación basada en una supuesta asociación libre. El hombre, al igual que la mayoría de los animales, ha vivido siempre en sociedad, tal y como Kropotkin trata de demostrar en El apoyo mutuo; el desarrollo del intelecto se habría producido en las especies más sociables. El hombre no ha creado la sociedad, sino que nace ya en ella; el punto de partida de la sociedad sería el clan y la tribu en los primitivos, de los cuales se habría hecho un conveniente retrato de pueblos feroces y sanguinarios, pero el estudio de su vida comunitaria demuestra lo contrario. Kropotkin observa en aquellas sociedades primitivas una emergente moralidad tribal y una serie de instituciones; aunque existían directores y guías, tales como el hechicero o e el experto en las tradiciones de la tribu, tales cargos eran solo temporales y no permanentes, ya que habrían sido creados para una tarea muy concreta . Tal y como recogerán antropólogos posteriores a Kropotkin, así como los estudios contemporáneos de Pierre Clastres, en aquellas sociedades no existía alianza entre el hechicero y el jefe militar, por lo que no había entonces una forma de Estado .

Es en el siglo XVI, cuando los modernos bárbaros, los auténticos para Kropotkin, comienzan a destruir la civilización del medievo: sujetan al individuo eliminando sus libertades, le obligan a olvidar las uniones basadas en la libre iniciativa y en la libre inteligencia, y se ponen como objetivo nivelar la sociedad entera en una misma sumisión ante un dueño (Estado y/o Iglesia). Para Kropotkin, los modernos bárbaros son los que dan lugar al Estado: la triple alianza del jefe militar, el juez romano y el sacerdote. El inicio de la moderna nación/Estado está en la incapacidad de las ciudades libres para liberar a los campesinos del feudalismo, así como el fin de las pólis griegas tiene su origen en la persistencia de la esclavitud. En el siglo XII, los futuros reyes no eran más que jefes de pequeños grupos de bandoleros y vagabundos, los cuales se acabarían imponiendo con habilidad y usando la fuerza y el dinero; recibieron el apoyo de una Iglesia, siempre amante del poder. En el siglo XVI, y salvo algunas resistencias en las que Kropotkin sigue viendo la lucha de clases y el afán de una sociedad libre y comunista, el europeo que unos siglos antes era libre, federalista y no buscaba remedios en la autoridad se convierte en todo lo contrario bajo la doble influencia del legista romano y del canonista. Así nace la institución estatal para Kropotkin en oposición a la historiografía liberal y universitaria, la cual presenta el Estado moderno como una obra del espíritu unificadora de lo disperso y conciliadora de los antagonismos existentes en la sociedad medieval. Por el contrario, para Kropotkin, se acaba con una servidumbre para reconstituirla nuevamente bajo múltiples formas nuevas, así como se inaugura una igualdad que solo quiera la sumisión al Estado; en el siglo XVIII, al menos la mitad de las tierras comunales pasarán al clero y la nobleza para un siglo después consumarse la propiedad en manos privadas .
Como es sabido, Kropotkin y los anarquistas denunciarán que esta evolución estatista, así como la educación que preconiza, ha llevado a que incluso los que se denominan socialistas y revolucionarios vean en el proceso un progreso hacia la igualdad y la modernidad; todos los recursos de nuestra civilización, la ciencia y la sicología incluidas, se colocaron al lado de ese ideal centralizador y autoritario. Fiel a su criterio biológico y evolucionista, Kropotkin considera que Estado se desarrolló gracias a la función que tuvo que desempeñar de aplastar toda comunidad de hombres libres e iguales, por lo que no puede esperarse nada diferente de él. En oposición a Marx, considera que el Estado no funciona mal porque esté gestionado por burgueses o capitalistas, sino que es lo que es por su génesis y desarrollo histórico, por lo que no puede ser nunca una palanca de emancipación social.
De una forma más pragmática y sencilla, Malatesta recordaba en primer lugar que la palabra Estado significaba para los anarquistas prácticamente lo mismo que gobierno: es lo que quiera expresarse cuando se habla de "…la abolición de toda organización política fundada en la autoridad y de la constitución de una sociedad de hombres libres e iguales, fundada sobre la armonía de los intereses y el concurso voluntario de todos, a fin de satisfacer las necesidades sociales". No obstante, Malatesta también señalaba, huyendo de todo tecnicismo filosófico y político, que tantas veces quería equipararse los términos de Estado y sociedad, cuando se aludía a una colectividad humana reunida en un territorio determinado; es por esto que los adversarios del anarquismo, confundiendo a propósito Estado y sociedad, consideran que los ácratas desean la ruptura con todo vínculo social.
Otra confusión estriba en cuando se entiende el Estado como la administración suprema de un país, es decir, un poder central distinto del provincial o del municipal, y se aboga por la descentralización territorial; en este caso, el principio gubernamental puede quedar intacto, por lo que no hablamos obviamente de una sociedad anarquista. De un modo mucho más genérico, como "estado", también es sinónimo de régimen social", Malatesta consideraba que era bueno era referirse mejor en el anarquismo a una sociedad sin gobierno, entendido éste como una élite de gobernantes; ésta, está constituida por  aquellos que poseen la facultad, en mayor o en menor medida, de servirse de la fuerza colectiva de la sociedad (física, intelectual o económica) para obligar a todo el mundo a hacer lo que favorece sus designios particulares. Así, expresado de un modo muy sencillo por Malatesta lo que se rechaza en el anarquismo es el principio de gobierno, que es lo mismo que el principio de autoridad.