sábado, 15 de noviembre de 2014

La transición española fue un engaño con la complicidad del PCE y PSOE


La transición española  fue un engaño con la complicidad del PCE y PSOE Que no te cuenten otra historia

Preguntas: ¿De dónde sale el Rey? ¿Suárez? ¿Cómo se parió la Constitución de 1978? ¿Cuál fue el papel del PCE? ¿Y el PSOE? ¿Santiago Carrillo? No podemos olvidar el pasado, aprender de la memoria histórica para armar las luchas del presente.

https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=cVz51GwBaCI#

jueves, 13 de noviembre de 2014

A los cien años de su muerte. Pero, ¿quién era Anselmo Lorenzo?

Anselmo Lorenzo es y ha sido una constante referencia para los anarquistas y anarcosindicalistas españoles. No sólo en la actualidad lleva su nombre la institución que recoge la mejor colección documental del proletariado hispano, la Fundación Anselmo Lorenzo de la CNT, sino que así se llamó en los años del tardofranquismo el colectivo que, bajo el impulso de Juan Gómez Casas, tanto hizo por la articulación y reconstrucción de la Confederación anarcosindicalista. También en los años de la Segunda República y la Guerra Civil era frecuente la reedición de alguno de sus textos o la celebración de actos y reuniones bajo su efigie.
Ese reconocimiento ya se manifestaba en los últimos años de su vida. Manuel Buenacasa, que llegó a ser secretario general de la CNT, nos dice en su Historia del Movimiento Obrero español, que "al llegar a Cataluña cualquier militante joven con ganas de seguir siéndolo, se veía atraído poderosamente por el deseo de conocer al más prestigioso de nuestros hombres de entonces y notabilísimo internacionalista Anselmo Lorenzo, a quien con cariño llamábamos todos el Abuelo". Y, en un librito escrito en su homenaje con ocasión de un aniversario de su muerte, decía Higinio Noja: "Veneración nos inspiraba el Abuelo bondadoso, cuya cordialidad se traducía en frases amables y afloraba en su labios en una sonrisa. No sabemos qué sería para otros su modesta casita de la calle Casanova. Para nosotros, era un santuario. El santuario de la idea hecha carne en el simpático Abuelo".
Pero, más allá de ditirambos, ¿quién era Anselmo Lorenzo? ¿A qué debía su indudable prestigio? Inútil será buscarle en las direcciones y secretariados de las distintas organizaciones del movimiento libertario en sus años de madurez; es cierto que durante su juventud tuvo un evidente protagonismo en el establecimiento de la sección española de la Primera Internacional, pero desde que en 1881 fue expulsado de esta agrupación, cuando acababa de cumplir cuarenta años, no volvió a ocupar cargos orgánicos de relevancia.
Es éste un fenómeno que se repitió en el movimiento libertario con personalidades como Buenventura Durruti o Federica Montseny y sobre el que se ha escrito poco. Pero no me resisto a establecer un fácil paralelismo entre Anselmo Lorenzo y Pablo Iglesias, otro tipógrafo del primer internacionalismo madrileño y también llamado por los suyos "el abuelo", que desde el primer momento se encaramó a la dirección del partido obrero, y tempranamente a la del sindicato socialista, para no renunciar en toda su vida a un protagonismo personal que en ocasiones rozó el culto a la personalidad.
Tampoco sobresalió Lorenzo por su aportación teórica al corpus ideológico anarquista, que por entonces aún se estaba cimentando. Es fácil pensar, sobre todo hoy en día, que fue su condición de obrero autodidacta la causa de que su contribución al ideario anarquista resultase escasa, pero la abundancia y solvencia de su producción escrita y publicada es prueba suficiente de su sobresaliente capacidad intelectual. Con esto no quiero decir, ni mucho menos, que su obra carezca de valor, sino que se dedicó más a divulgar los principios e ideas de los clásicos del anarquismo, a los que trató y con los que se relacionó personalmente, que a realizar aportaciones novedosas.
Fue autor de docenas de folletos y de libros como Criterio libertario, quizás uno de los más conocidos; El banquete de la vida, subtitulado Concordancia entre la naturaleza, el hombre y la sociedad; el póstumo Evolución proletaria, que salió con un prólogo de su amigo Fernando Tarrida del Mármol, que además escribió el prefacio para otra de sus obras, titulada Vía libre. El trabajador. Su ideal emancipador. Desviaciones políticas y económicas. También publicó Hacia la emancipación y La anarquía triunfante, además de otros textos menos conocidos, a pesar de que fueron reeditados en Francia por el movimiento libertario español en el exilio, como los titulados El poseedor romano o El pueblo: estudio libertario.
Incluso dio a la imprenta en 1893 una novela, que él mismo calificó como "Episodio dramático social", con el título de Justo Vives que fue editada en Barcelona por la revista L'Avenç, del también anarquista Celso Gomis. Y hasta tuvo tiempo para publicar un folleto de carácter profesional titulado Sinopsis ortográfica: A la Tipografía española. Reglas para el uno de las letras dudosas y de los acentos.
Pero, sin duda ninguna, su libro más conocido es El proletariado militante, una obra que recorre la trayectoria del núcleo fundacional de la Primera Internacional en España y, como consecuencia del forzado exilio, de Portugal. El texto tiene una evidente finalidad historiográfica que va más allá de la semblanza de recuerdos y personajes o la hagiografía personal; es un acta de acontecimientos y una recopilación de documentos que desvelan la modestia particular de Anselmo Lorenzo y su interés por dejar un testimonio veraz y acreditado de una historia que quiere que se recuerde como colectiva. Quizás como respuesta adelantada a su tiempo a las palabras que le dedicó a su muerte el poeta modernista Gabriel Alomar: "¡El anarquismo! ¿Cuándo se escribirá la impresumible historia de esta secta de proscriptos? El mundo vulgar no ha conocido, de todas estas abnegaciones, más que la violencia de algunos alocados, ebrios del vino generoso que no estaba preparado para ellos o la barroca desvirtuación de algunos indignos. Juzgar la escuela por la conducta de los fanáticos es una gran fuente de errores".
Escribiendo El proletariado militante, cuyo primer volumen salió de imprenta en 1901, fue el pionero en España de la historia social, adelantándose al socialista Francisco Mora que publicó su Historia del socialismo obrero español: desde sus primeras manifestaciones hasta nuestros días en 1902. Detrás de él hubo una larga lista de trabajadores que escribieron la historia de su clase o dejaron testimonio de sus luchas, entre los que merecen ser citados los anarquistas Manuel Buenacasa, Juan Gómez Casas o José Peirats y los marxistas Juan José Morato o Amaro del Rosal.
Tradujo para editoriales comerciales, como Sempere o Maucci, obras de sus amigos y compañeros, como La Gran Revolución de Piotr Kropotkin; libros de filosofía, como Historia de las ideas morales de Paul Gille; novelas, como En anarquía escrito por Hortense Grille y publicado bajo el seudónimo de Camilla Pert; y colaboró con Odón de Buen, uno de los más destacados científicos españoles de su tiempo, en la traducción de la colosal El hombre y la tierra de Elisée Reclus. En el ámbito pedagógico tradujo, entre otros volúmenes, La escuela nueva. Bosquejo de una educación basada sobre las leyes de la evolución humana, un ensayo escrito por el pedagogo J. F. Elslander que se editó por las publicaciones de la Escuela Moderna.
Y a pesar de ser autor de una obra tan variada como copiosa, Anselmo Lorenzo, más que como ideólogo, debe ser considerado un publicista, pues fue, sin duda, uno de los más infatigables divulgadores del anarquismo en lengua castellana, con una labor que permite compararle a Federico Urales. Por ejemplo, en uno de los periodos más difíciles para el movimiento libertario, los primeros años de la década de 1880, animó Acracia, una de las más notables publicaciones del rico catálogo de revistas libertarias, que fue fundamental como guía teórica y como enlace con el anarquismo de más allá de nuestras fronteras.
Y aunque sólo por su colaboración en esa cabecera merecería ser recordado, su actividad periodística fue abrumadora, sobre todo para alguien que debía compaginar esta tarea con el ejercicio de una profesión manual que le permitía ganarse la vida y con una activa militancia en el anarquismo y el sindicalismo de su tiempo. Con menos de treinta años, fue el redactor de la declaración de principios que se publicó en el primer número de La Solidaridad, la publicación internacionalista pionera en lengua castellana, y participó activamente en la redacción de La Federación, que fue el portavoz de los antiautoritarios en España después de la quiebra irreversible de la Internacional.
Desde entonces no dejó de estar presente en numerosos proyectos periodísticos de carácter obrerista y libertario: Ciencia Social, que en buena parte nació por su impulso personal, La Huelga General, Tierra y Libertad, La Revista Blanca y sus Suplementos, La Idea Libre… La relación no puede ser exhaustiva porque con mucha frecuencia, y es otro ejemplo de lo consecuente que era con las ideas que profesaba, no firmaba los artículos o lo hacía con seudónimo o una simple L. Hasta llegó a publicar, con tanto humor como humildad, su trabajo Las olimpiadas de la paz y el trabajo de mujeres y niños, presentado al concurso para obreros organizado por el diario madrileño El Liberal en 1900 y que ganó el tipógrafo socialista Matías Gómez Latorre.
Buena parte de esa actividad de traductor y publicista la realizó en el entorno de la Escuela Moderna que, por iniciativa de Francisco Ferrer Guardia, abrió sus puertas en Barcelona en 1901. Ambos se conocieron en París, con motivo del exilio de Lorenzo tras ser liberado del castillo de Montjuich en 1897. Por entonces, Ferrer era un republicano avanzado interesado por la pedagogía y que estaba proyectando su renovadora escuela. Desde el primer momento, Anselmo Lorenzo fue el más constante y cercano colaborador de Ferrer y de su escuela; menos impartir clase, creo que se puede afirmar que el tipógrafo anarquista participó de cuantas iniciativas y actividades se desarrollaron en el entorno de la Escuela Moderna y sus publicaciones. No en vano fue Anselmo Lorenzo el redactor del prólogo del libro póstumo de Ferrer Guardia que, con el mismo título que su centro educativo, vio la luz después de que éste fuese injustamente condenado y fusilado en Barcelona y su escuela fuese arbitrariamente clausurada.
Pero, con ser importante esta faceta de constante publicista y propagandista del ideario anarquista, no basta para justificar su prestigio entre la clase trabajadora. El auténtico valor de Anselmo Lorenzo no lo podemos buscar en sus aportaciones teóricas al anarquismo, que ya hemos dicho que fueron escasas, o en la frecuencia con que las divulgaba, pues otros lo hicieron, si no con la misma, con parecida intensidad: fue su permanente fidelidad a los principios que inspiraron a la sección española de la Primera Internacional y de los que él no se apartó en ningún momento.
Anselmo Lorenzo fue durante casi medio siglo el defensor más constante del anarquismo obrerista, sin que ni la represión policial ni el éxito aparente de otras corrientes ideológicas o tendencias ácratas le apartasen de la adhesión al viejo lema internacionalista: "la emancipación de los trabajadores ha de ser obra de los trabajadores mismos" y de la defensa del modelo organizativo propuesto por la sección española y que él defendió personalmente en la Conferencia de Londres de 1871, aunque dicho canon fuese redactado por los jóvenes universitarios Trinidad Soriano y José García Viñas, quien tuvo un comportamiento personal con Lorenzo que puede calificarse con justicia de miserable.
Ni siquiera su activa participación en el proyecto pedagógico de la Escuela Moderna le alejó de la lucha sindical. Para él, la injusticia social se asentaba sobre dos pilares: el privilegio, contra el que luchaba el sindicalismo revolucionario, y el atavismo, que sólo podía ser superado por la escuela; así pues, en su opinión, ambos frentes de lucha se complementaban y su entrada en el círculo de Ferrer Guardia le permitió durante poco más de una década compatibilizar uno y otro.
No se dejó llevar por el marxismo, a pesar de que algunos de sus compañeros antiautoritarios más dogmáticos desconfiaron de él por su supuesta contaminación marxista, que sólo escondía una férrea voluntad de mantener a la clase obrera unida y alejada de rencillas más propias de la política burguesa. Difícilmente podía ser marxista quien, después de conocer personalmente a Carlos Marx y residir en su casa, había escrito "allí vi a aquel hombre descender del pedestal en que en mi admiración y respeto le había colocado hasta el nivel más vulgar, y después varios de sus partidarios se rebajaron mucho más aún, ejerciendo la adulación como si fueran viles cortesanos delante de un señor".
También desconfió que la lucha partidaria encauzada hacia la ficción parlamentaria y la participación en las instituciones políticas democráticas ofreciesen la posibilidad de transformar el sistema económico; y por eso se manifestó públicamente en contra de la participación del sindicalismo anarquista en la Comisión de Reformas Sociales, a la que los socialistas enviaron a José Mesa, y del Instituto que con el mismo nombre la sucedió. No dejaba de reconocer las ventajas de un sistema democrático, pero consideraba que correspondía a la burguesía implantar ese régimen liberal, lamentándose de que la española no hubiese sido capaz de enterrar definitivamente el absolutismo tras la muerte de Fernando VII. La respuesta que dio en 1902 a una encuesta del diario El Liberal es contundente: "Que la burguesía, incapaz de progresar, por su disposición ante el privilegio y por su adhesión hipócrita a la idea debilitante de la religión, del derecho, de la política y de la economía que le sirve de fundamento, haga voluntariamente lo que deberá hacer un día por la fuerza revolucionaria: cesar su sistemática usurpación de la riqueza social".
Porque para Anselmo Lorenzo la democracia parlamentaria no atajaba la raíz de la injusticia que padecían las clases populares; su amigo Tarrida del Mármol nos dice que "Pi y Margall despertó en su ánimo la duda sobre el valor del federalismo, en cuyo campo militaba, e hizo que el joven Lorenzo fijara, por primera vez, su atención en los problemas económicos. Comprendió que aquella igualdad política que él explicaba en sus artículos era una mentira manifiesta ante la desigualdad económica".
Por esa rebelión casi innata ante la injusticia y por ese agudo sentido de pertenencia a una clase social, ni creyó en el regeneracionismo de Joaquín Costa, una corriente política que creció como fruto del Desastre colonial de 1898 y que tenía un sentido moralizador y colectivo que podrían haber sido de su gusto, ni apoyó el nacionalismo catalán, que conoció por haber vivido en Barcelona, y que consideró un señuelo de la burguesía para alejar a los trabajadores de su emancipación. En noviembre de 1901, mientras preparaba la huelga general del año siguiente, escribía: "He aquí por qué lo mejor que los trabajadores catalanes y vascos pueden hacer es ir directamente a la huelga general, a la revolución social, y dejar que catalanistas y bizkaytarras saquen las castañas del fuego con sus propias manos".
Su propia biografía y la popularidad que disfrutaba en tierras catalanas eran, por sí mismas, una declaración de intenciones contra todo nacionalismo; lo explicaba Federica Montseny en una semblanza sobre él: "Mientras unos se han complacido en presentarlo [al anarquismo] como extraño a esta tierra, como importado de fuera, otros se han empeñado en darle un carácter nacionalista y específico regional igualmente falsos y dañinos"; y contraponía la figura de Anselmo Lorenzo, "toledano de vieja cepa [que] marcó con su sello inconfundible treinta años de movimiento obrero y anarquista catalán", con la de su padre, Federico Urales, "hijo del corazón de Cataluña [que] ocupó, durante veinte años, el centro de las actividades anarquistas en la capital de España".
Pero no por ser un conocido militante dejó de ser un agudo crítico con el movimiento libertario. Con la misma firmeza se mostró hostil a aquellas corrientes del anarquismo que no reconocían el valor central de la clase trabajadora. Por decirlo con palabras de alguien tan caracterizado como Federica Montseny: "Él fue, por así decirlo, el primero que valorizó la personalidad de las masas obreras, que reconoció inteligencia y sentido constructivo al pueblo trabajador, dándole la importancia decisiva, la acción determinante que hasta entonces no se le había reconocido".
Ese reconocimiento del valor colectivo del proletariado le alejó del anarquismo individualista y espontaneísta. Para Anselmo Lorenzo, como por otro lado también lo fue para Mijaíl Bakunin, el individuo es parte de una colectividad de forma consustancial e ineludible: el Estado, artificial, debe de ser derribado; la Sociedad, que está en nuestra naturaleza humana, debe de ser reformada. Sólo la solidaridad entre los trabajadores y su acción mancomunada puede llevarles a la emancipación. Para él, no había espacio para la liberación individual ni para el escapismo; Federica Montseny nos dice: "Su concepto de las multitudes asalariadas como valor propio, como energía en potencia y como movimiento en marcha hacia la emancipación social, significa la antítesis del concepto desdeñoso y autoritario que de las masas obreras tuvieron y tienen otros sectores proletarios".
Aún era más crítico con los que recurrían a una violencia que se proclamaba revolucionaria y que por entonces se resumía en "la propaganda por el hecho". En noviembre de 1910, recién constituida la CNT, advertía desde las páginas de Tierra y Libertad: "Entre la masa informe de esos anarquistas, descuellan algunos sentimentales, impacientes y, al parecer, impulsivos, que ya saben todo, que cierran motu proprio el periodo de la propaganda y quieren abrir el de la acción: han oído hablar de "acción directa" y, como si todo el monte fuera orégano, quieren que se vaya contra los obstáculos como iba D. Quijote contra los molinos de viento [...] Medítese bien el caso, y se comprenderá que la Revolución social no ha de ser obra de un talismán poseído por un ilusionado, ni por la de un heroico Sansón, sino "por los trabajadores mismos", como enseñó la Internacional, y eso a costa de trabajo, de propaganda, de organización y de constancia, y estoy por decir, que el que no lo comprenda así, lejos de beneficiar, estorba".
Pero, entonces, ¿quién era Anselmo Lorenzo? No fue un líder sindical, ni un importante teórico, ni un publicista especialmente destacado, ni un reputado pedagogo. ¿A qué debía, entonces, su indudable prestigio? La vida y la obra de Anselmo Lorenzo, que son consecuentemente indisolubles, son la guía y el ejemplo de una inquebrantable fidelidad al anarquismo obrerista. Él fue quien mantuvo vivos y firmes los valores primigenios de la Primera Internacional en España, y España fue el territorio en el que esos valores alcanzaron un eco mayor y se plasmaron en las más hermosas realidades.
Es en el análisis de la organización y de la estrategia a seguir por el movimiento sindical, especialmente el de orientación anarquista, donde su magisterio resulta evidente, fruto no sólo de su larga experiencia sino también de su aguda reflexión y de un carácter ecuánime y poco sectario. Podemos resumir su pensamiento sindical en tres máximas: en primer lugar, la emancipación de los trabajadores ha de ser obra de los trabajadores mismos y no resultado de la actuación de una vanguardia proletaria o de la acción política de unos burgueses bienintencionados. En segundo lugar, esa emancipación debe de conformar una nueva sociedad, en la que los privilegios de la burguesía no sean sustituidos por los privilegios de cualquier otra minoría: no más derechos sin deberes y no más deberes sin derechos. Y, por último, todos nosotros somos corresponsables de la marcha de la sociedad, no podemos quedarnos al margen de las injusticias sin actuar, no podemos quedarnos en la crítica sin proponer.
De ahí deriva su oposición a las cajas de resistencia, que daban un poder ilegítimo al organismo centralizado que las administraba; su antagonismo con la actuación de minorías autoerigidas en el seno de las organizaciones sindicales, como la Alianza bakuninista a la que perteneció; su desacuerdo con cualquier pretensión de dividir a la clase trabajadora, no sólo con cuestiones políticas que le son ajenas sino también con gremialismos o nacionalismos; su confianza en que la propaganda y la organización son el único camino hacia la Revolución Social, sin atajos ni componendas…
Su tozudez en la defensa de un movimiento obrero organizado, solidario y de orientación anarquista fue su principal mérito. Y no fue pequeño. Porque si el anarquismo obrerista en España se hubiese disuelto por el viento de la historia o si este sindicalismo revolucionario hubiese seguido otro camino, como sucedió en otros países, su labor hubiese sido estéril. Pero a partir de 1910, con la fundación de la CNT, y sobre todo a partir de 1936, con la Revolución Social, lo que en Anselmo Lorenzo fue teoría se convirtió en sólidas realidades. El 2 de septiembre de 1914, sintiendo cerca la muerte, escribió a Tarrida del Mármol: "deseo vivir, porque frente al impuso que ha producido a la humanidad la gente que manda, tengo la seguridad de que el proletariado emancipador, tal como yo lo entiendo, ha de hallar e imponer la solución radical y práctica, y deseo manifestar esa seguridad y sugerirla al mundo".
Juan Pablo Calero
Publicado en el Periódico Anarquista Tierra y Libertad Noviembre de 2014


jueves, 6 de noviembre de 2014

La transición borró los nombres de las mayores defensoras de la educación pública


Una vida de película llevó a las hermanas Úriz, pioneras de la escuela moderna en España, a luchar contra el fascismo en la II Guerra Mundial, denunciar ante Naciones Unidas las condiciones de las presas en cárceles de Franco y a promover el Día Mundial del niño, aún vigente, entre otros episodios silenciados en la España democrática

Tres décadas después de su fallecimiento en Berlín Oriental, los nombres de Josefa (1883-1958) y Elisa Úriz Pi (1893-1979) han resonado en un pequeño rincón de Navarra. Un amplio programa de actos organizados por el Ayuntamiento del Valle de Egües, su lugar de origen, ha recordado durante cuatro días el elevado compromiso social de estas hermanas que defendieron los derechos de la mujer y de la infancia ante Naciones Unidas, lucharon con la resistencia francesa en París durante la Segunda Guerra Mundial y se enfrentaron a la Iglesia en defensa de una educación igualitaria, entre otros hitos.
Desde la semana pasada, una plaza  de esta localidad navarra lleva el nombre de las dos intelectuales. Además, un colegio público espera ahora la autorización del Gobierno de Navarra para poder rebautizarse con el nombre de una de ellas.
Poseedoras de una mentalidad progresista y una conciencia crítica, la vida de las hermanas Úriz Pi está plagada de episodios, dentro y fuera de España, en defensa de los valores democráticos. Ambas militaron en el Partido Comunista, y tuvieron que exiliarse en 1939. Con la Transición, y el regreso de la democracia tras cuatro décadas de dictadura sus nombres quedaron silenciados.
"Se olvidaron de ellas porque eran dos comunistas y aquí siempre se ha tratado de minimizar el trabajo intelectual realizado por militantes comunistas, a los que se les ha tildado más de saboteadores que de gente que quería ayudar y enseñar", lamenta Olga García Domínguez, hija de miembros del PCE exiliados en Alemania y vecina de Elisa Úriz en Berlín Oriental. "En este país se ha ocultado todo", subraya.
Olga es una de las personas que ha preservado el legado de las hermanas Úriz a través de los múltiples documentos que guarda de ellas, fruto de la estrecha convivencia que mantuvieron los padres de Olga con Elisa tras la muerte de la hermana mayor.
Pioneras de la escuela moderna en España
Maestras de profesión, se considera a Josefa y a Elisa como las precursoras de la escuela moderna en España. Introdujeron los avanzados métodos educativos de María Montessori, Celestine Freinet, Ovide Decroly y Jean Piaget, entre otros, décadas antes de que comenzaran a generalizarse en el país.
Democratizaron las aulas eliminando las tarimas, se opusieron a los castigos, promovieron las asociaciones de padres y madres, sustituyeron los manuales por apuntes e introdujeron el comentario de texto sobre lecturas relacionadas con la realidad social. Josefa Úriz, Pepita, que dirigió la escuela normal de Magisterio de Lleida, creó la primera cátedra de estudio del catalán, abrió una residencia laica para que las jóvenes no se tuvieran que alojar en conventos y modernizó la biblioteca de la escuela, con una sala de lectura y gestión de préstamo de libros, antes inexistente.

"Eran mujeres muy activas; estuvieron en París, en el Congreso de la Paz, y becadas en Europa" relata Olga. En concreto, Pepita trabajó en Bélgica con el doctor Decroly y Elisa en Ginebra, estudiando los nuevos métodos de aprendizaje musical de Dalcroze, según ha indagado el historiador y periodista Manuel Martorell, que ha investigado la vida de estas dos hermanas y, junto a Olga, participó en los actos de homenaje de la pasada semana en Navarra.
Desterrada por recomendar una lectura feminista
La llegada de Pepita Úriz a la escuela normal de Magisterio de Lleida, con sus métodos avanzados, llamó pronto la atención de los estamentos más conservadores de la ciudad. "El obispo Josep Miralles la denunció ante el rectorado de la universidad por haber recomendado  a sus alumnas que leyeran un libro de Margarita Nelken", cuenta Olga. La denuncia derivó en un expediente que acabó convirtiéndose en una cuestión de estado. "Intelectuales de la época como Menéndez Pidal, Ramón y Cajal y Julián Besteiro firmaron un manifiesto de apoyo a Pepita", explica.
El propio presidente de las Cortes salió en su defensa, paralizando el proceso y provocando la dimisión del ministro de Educación. Pero la llegada de la dictadura de Primo de Rivera reabrió el expediente,  y fue expulsada a 100 kilómetros de la ciudad sin empleo ni sueldo durante un año. “Hubo una campaña a su favor y sus compañeros hicieron una colecta para poder pagarle durante un año el salario”, añade.
Hasta 100.000 menús infantiles al día en plena guerra
Sensibilizadas con las víctimas más débiles de la Guerra Civil, los niños, ambas hermanas participaron en la ayuda de retaguardia. "Estuvieron muy activas en las colonias pedagógicas, alimentando a los niños", indica Olga. Llegaron a dar, según datos contrastados por Martorell, hasta 100.000 comidas al día. Pepita fue, desde septiembre de 1938, directora general de Evacuación y Refugiados, nombrada por el gobierno de la República. Ayudaron también a cientos de profesores a partir hacia el exilio.
Antes del estallido de la guerra, las hermanas se habían afiliado al Partit Comunista de Catalunya, donde también militaba el que fuera marido de Elisa, el secretario general de la UGT catalana Antonio Sesé. "Lo mataron el día que iba a tomar posesión de su cargo de ministro", apuntala Olga. El matrimonio junto a la hermana mayor, Pepita, promovió la fundación del Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC). Esta última, además, fue elegida secretaria general de la rama catalana del principal sindicato de trabajadores de la enseñanza, FETE-UGT, en agosto de 1936, y elevada a presidenta año y medio después, según consta en la documentación que Olga conserva de las hermanas.
Con una trayectoria a sus espaldas en defensa del progreso y la democracia -en 1934 impulsaron la asociación Mujeres Antifascistas Españolas-,  Elisa y Pepita Úriz no tenían sitio en la oscura dictadura que cercenó de raíz los avances republicanos. En febrero de 1939, dos meses antes de que los militares sublevados, con Franco a la cabeza, proclamaran su victoria en Burgos, las hermanas navarras abandonaron el país para no volver nunca más.
Lucha contra el fascismo en el maquis francés
Cruzaron la frontera por los Pirineos, y en el exilio en Francia volvieron a vivir de manera intensa otra guerra. Lucharon contra el nazismo al lado de la resistencia española en París, formando parte del núcleo dirigido por los hermanos Miret. Cuando este grupo fue desarticulado, en 1942, Josep Miret fue asesinado en el campo de concentración de Mauthausen. Elisa y Pepita lograron escapar. 
"A Elisa no le gustaba mucho hablar de sus 'batallitas', como ella decía. Cuando empecé a mirar con detenimiento sus documentos comencé a saber más de su vida. Vi que tenía hasta un carnet para portar armas, consecuencia de su pertenencia al primer grupo armado de la resistencia parisina", detalla Olga.
Tras años escasos de tranquilidad en París, el gobierno francés expulsó a los militantes comunistas en el marco de la denominada 'Operación Bolero', en 1950. Las hermanas navarras recibieron su expulsión en abril de 1951. La Guerra Fría las obligaba a vivir en su lado ideológico del mundo, y cruzaron el Telón de Acero para instalar su residencia en Berlín Oriental. Pepita murió y fue enterrada en esta ciudad. La hermana menor continuó su actividad intelectual, más sosegada en los últimos años, según recuerda Olga, estudiante de Medicina en aquel tiempo. "Era una mujer muy generosa y solidaria; mi padre era ciego y ella bajaba todos los días a leerle los periódicos. También le interesaba mucho la actualidad política, leía prensa de diferentes países a diario".
En defensa de las mujeres presas en cárceles de Franco
Elisa Úriz, en el marco de la Federación Democrática Internacional de Mujeres (FDIM), donde llegó a la secretaría general, propuso que cada 1 de junio se celebrara en todo el mundo una jornada para la infancia equiparable al 8 de marzo para la mujer. Tras años de trabajo, Naciones Unidas proclamó el Día Mundial del Niño, cita que muchos países siguen recordando. “Después, costó mucho que se mantuviera porque dentro de la Federación había mujeres de muchas orientaciones políticas que apoyaban que cada país tuviera su propio día de la infancia”, aclara Olga, cuya madre, Isabel Domínguez, sustituyó a Elisa como representante española en la FDIM. 
Con esta organización, la menor de las Úriz denunció las condiciones en que vivían las presas en las cárceles de Franco, y logró en 1948 que una comisión de juristas visitara las prisiones madrileñas de Las Ventas y Yeserías. Elisa formó además parte de la Unión de Mujeres Españolas, organización integrada por grupos que actuaban en la clandestinidad durante la dictadura, y participó en el consejo de redacción de la revista Mujeres Antifascistas Españolas con Dolores Ibárruri, Victoria Kent y Teresa León, entre otras. "Este movimiento estaba originado por las mujeres de los presos, las que lucharon por las libertades de sus compañeros y por la libertad en general", concreta Olga.
35 años después del fallecimiento de Elisa, el Valle de Egües (18.000 habitantes),  ha reconocido la figura de estas dos mujeres, desconocidas en su país, que con su trabajo allanaron el camino por el que se han ido conquistando los derechos sociales de las mujeres en muchos países del mundo.

domingo, 2 de noviembre de 2014

José Hiraldo: «La CNT no puede funcionar si no está el pueblo con ella»

A punto de cumplir 98 años, José Hiraldo mantiene intacto el recuerdo de cuando un día la CNT fue protagonista en la historia de España.
Natural de la localidad malagueña de Montejaque, siendo prácticamente un niño le tocó dejar la escuela para trabajar de sol a sol en los cortijos de Jerez en «largas y mal pagadas jornadas», según cuenta la Enciclopedia Histórica del Anarquismo Español de Miguel Íñiguez.

Al igual que su hermano y su padre, las ideas anarquistas calarían pronto en él. De esa época de crío, José recuerda la amistad que le unía a su padre con el conocido maestro anarquista José Sánchez Rosa. «Él trató bien con mi padre porque Montejaque y Grazalema son pueblos vecinos. Allí llegaban los mejores oradores como Pedro López Calle, que con 17 años estuvo deportado cuando mandaba Dato. Recuerdo que cuando se alzaron los fascistas en el 36, él no se escondió porque tenía las manos limpias pero le cogieron y lo fusilaron en agosto a sus 72 años. Quedó en nuestra mente y corazón de todos los que aprendimos de él muchas cosas buenas».
República, guerra y revolución
Afiliado a la CNT en el año 1922, teniendo tan sólo 14 o 15 años, por aquellas fechas y también con la llegada de la República, su vida transcurriría en aquellos cortijos. Con el nuevo régimen, José recuerda aspectos positivos y negativos de aquella etapa. Entre lo positivo, el aumento del jornal y unas condiciones más idóneas para expresar la propaganda anarquista. Entre lo negativo, sin duda, la matanza de Casas Viejas. «Aquello fue una matanza criminal porque el anarquista Seisdedos se encerró en su choza y allí resistió hasta morir junto a su familia, salvo un hijo y una hija que pudieron escapar. La Guardia de Asalto, cuando ya no podía vencerlos, quemaron la choza con ellos dentro».
De aquella época recuerda los grandes debates sobre la ocupación de tierras y la reforma agraria. «Había algún cortijo que la practicaba a su manera pero la CNT no estaba de acuerdo porque el patrón elegía a la ocupación del cortijo». Preguntado sobre la situación actual, José observa cómo los campesinos han tenido que buscarse otro medio de vida ante la imposición de la maquinaría en todos los aspectos del campo. También lamenta que hoy no haya una organización potente como lo fue la CNT por aquel entonces que hacía imponer su fuerza en los cortijos. «Se llegó a hacer una huelga en 1936, poco antes de la revolución, y la ganamos porque hasta las criadas se habían organizado en Jerez de la Frontera. En la guerra las más destacadas serían fusiladas».
Y en estas llegó la guerra, «algo que se veía venir pues ya en el Congreso de Zaragoza se acordó prepararse ante tal circunstancia». Ante las tempranas ocupaciones de Sevilla y Cádiz por parte de los fascistas, José recuerda la resistencia llevada a cabo en Morón de la Frontera, con destacados militantes como Antonio Rosado. En su memoria también permanecen las aspiraciones revolucionarias en aquellas fechas tan convulsas con su hermano Francisco participando en el Comité Revolucionario de Arcos de la Frontera, «mi hermano tenía facilidad de palabra y cuando hablaba todos los trabajadores se ponían de pie. Algunas asambleas de la CNT se tenían que celebrar en el estadio de fútbol porque no había local que acogiera tal cantidad de trabajadores» y en Montejaque se instauró el comunismo libertario; «vimos con mucha sorpresa que se practicaba el comunismo libertario, entonces la utopía de los anarquistas pasó a ser una realidad. No se mató a nadie aunque había motivos para matar a muchos, pero cuando un enemigo se rinde pues ya deja de ser enemigo». «Allí se organizaba el trabajo en el campo por grupos y voluntarios. En la era, cada cuadrilla de trabajadores llevaba un delegado directo del comité, pues ya no había alcalde, era el comité, y en la plaza pública se celebraba la asamblea por la noche y cada delegado de cuadrilla daba las explicaciones de lo que se había hecho, las tareas y demás».
Clandestinidad y exilio
Tras el avance fascista, no quedó más remedio que abandonar por la sierra hasta Ronda, «allí se formó una columna grande, fuerte y capaz como era la de Pedro López». «Al llegar a San Pedro de Alcántara, donde estaba el cuartel general, me incorporé al batallón Faro, que era de las Juventudes Libertarias. Fuimos perdiendo posiciones hasta llegar a Cartagena. Allí cogimos el tren hacia Valencia, dando la casualidad de que me encontré con un amigo de la infancia enrolado en la columna Torres Benedito. Ubicado en el convento de Santa Clara».
Muy reticentes a la entrada de la CNT en el Gobierno y a la militarización de las columnas, es cuando los mandos les pusieron el nombre de “incontrolables”, actuando casi de forma clandestina. José opina que esa jerarquización impuesta con la militarización les perjudicó mucho, «pues la autoridad es mala por sí misma y si hubiéramos ganado la guerra hubiera habido muchas contradicciones entre nosotros mismos».
Perdida la guerra, mientras que su hermano cumpliría condena en El Puerto de Santa María, él sufre la cárcel, los campos de concentración y los batallones de trabajadores hasta que en 1943 es liberado, pasando a militar en el grupo Sur de la CNT clandestina hasta que en 1948 se exilia en Francia. Allí participaría activamente en la vida orgánica del sindicato ocupando diversas secretarias en los sindicatos de La Rochelle, Oullins o Marsella.
De esa época recuerda amargamente los enfrentamientos internos «porque los que habían sido altos cargos ya no querían quitarse los galones aunque quedaron en minoría junto a los escisionistas. Ellos tenían las publicaciones España Libre, y nosotros CNT, Solidaridad Obrera y Ruta. Ruta fue el mejor periódico del exilio libertario».
Precisamente durante su estancia en Marsella le sorprendieron los hechos de Mayo del 68 (siendo el secretario general de Provenza), aunque no guarda un gran recuerdo: «Los franceses no tenían ni organización ni preparación, ni sabían lo que querían. Resultó ser un movimiento espontáneo que conmovió al mundo entero, pero sin organización no se hace nada».
A caballo entre Francia y España, sería testigo de la transición, de cómo Carrillo desde el exilio ya se carteaba con el rey, y como Franco dejó todo «atado y bien atado». El paso de los años ha fortalecido esa transición pactada, esa falsa paz social que provoca que «no haya conciencia social en el pueblo español. Somos víctimas de que el pueblo no quiera moverse. Motivos les dan todos los días. ¿Qué hacen los seis millones de parados? Cada uno busca la solución a su problema, no al problema del pueblo».
Y José Hiraldo no deja de lamentarse de cómo esa situación también repercute en la propia CNT. «Cualquier sindicato de pueblo tenía más afiliados, más entusiasmo, más esperanzas, más deseo de aprender que ahora. Aquella situación era dura, las cárceles siempre estaban llenas. La CNT no puede funcionar si no está el pueblo con ella, aunque se va manteniendo con buena voluntad».
Sin duda en esa CNT débil también fue responsable la escisión que daría lugar a la CGT; «ellos pueden tener más militantes, pero vale más la calidad que la cantidad. Tienen facilidades para conseguir locales, están vendidos porque al Estado le interesa que la CNT esté dividida».

martes, 28 de octubre de 2014

30.000 personas asesinadas en Argentina con el apoyo económico del régimen borbónico español



Ver al “campechano” Borbón más conocido como el sin escrúpulos, “mataelefantes”, junto al criminal de lesa humanidad argentino, Videla, da verdadero repelús. Los asesinos franquistas que lo colocaron al frente de un nuevo régimen cleptocrático que no supo cerrar heridas, que manchó de sangre republicana cada papel firmado, cada decreto, cada nueva ley inundada de dolor ciudadano, de torturas brutales, asesinatos, desapariciones, robo de niños, fusilamientos, muertes al garrote vil, fosas, cunetas, repletas de huesos inocentes y otras masacres que han dado forma a lo que ahora llaman con media sonrisa “democracia”.

Un espacio para el robo premeditado, la corrupción política generalizada, la represión sistematizada, el hambre infantil, los desahucios de familias enteras a palos y patadas de los esbirros policiales, los suicidios inducidos por el estado, más de cuatro mil en menos de dos años por razones económicas.

Analizar los archivos secretos, ahora desvelados, que muestran al prócer presidente Suárez dando millones, junto al banquero Botín y el rey Juan Carlos a la mafia criminal argentina, a generales delincuentes, que metían ratas en las vaginas de las mujeres torturadas, que astillaban los dedos de los activistas de la izquierda detenidos, les introducían las cabezas en agua y mierda con una bolsa de plástico que los asfixiaba hasta que cantaban o morían, les daban picana (corriente eléctrica en los genitales), prácticas habituales de tortura que se hacían y se hacen por las policías más corruptas del planeta, los uniformados cobardes más psicópatas de la historia de la humanidad.

El exterminio indiscriminado de seres humanos parece que gustaba a quienes financiaron esta brutal dictadura, no tuvieron bastante con el medio de millón de antifascistas asesinados en España, querían más, y por eso pagaron a los corruptos generales del país del tango, ejerciendo descaradamente el terrorismo de estado a costa del dinero de nuestros impuestos, financiando el terror, el genocidio, las desapariciones masivas de militantes de la libertad y la verdadera democracia, el vuelo de aviones tirando, después de drogarlos, a miles de seres humanos inocentes al Río de La Plata, las violaciones de chicas jóvenes detenidas, las aberraciones más vergonzosas después del holocausto nazi.

Estas prácticas abominables fueron financiadas por banqueros, empresarios y dinero del presupuesto del régimen español, pagando sueldos de torturadores y verdugos en España y Argentina. Ese rey “bonachón” con escurridiza y corrupta amante alemana también tiene las manos manchadas, enrojecidas de un líquido que no se podrá limpiar jamás, impregnadas del sufrimiento de miles de personas asesinadas.

Todos los que suscribieron la llamada “transición española” fueron cómplices directos sin lugar a dudas de este genocidio execrable, de las muertes de miles de personas en este país andino arrasado, asesinado, masacrado por oscuros asesinos, patibularias bestias formadas en comisarías y cuarteles españoles por lo peor de un ejército y una policía fascista.

Los asesinos generales en mayo del 76 necesitaban más dinero, se habían gastado casi todo el presupuesto asesinando a miles de personas, la Madre Patria, el gobierno del franquista Suárez, el rey Borbón y varios banqueros delincuentes le solucionaron el problema económico con una inyección millonaria, se trataba de seguir matando y España, su gobierno, su monarquía, dieron la alternativa, cual torero siniestro de cruz gamada, yugos y flechas al amparo del terror y de la muerte.

El programa de cooperación económica entre los dos países supuso una aportación española de 890 millones de dólares a la dictadura argentina desde el Banco Exterior de Crédito. Un acuerdo celebrado a lo grande que contó con el silencio cómplice de partidos como el PSOE de Felipe González o el PCE de Santiago Carrillo, callados como putos, ante lo que suponía la clara financiación de un genocidio premeditado, que asesinó a más de 30.000 activistas de la izquierda argentina.

En esos tres días de negociación en Madrid entre el ministro argentino y la mafia franquista española, entre el 1 y el 3 de diciembre, desaparecieron más de 100 personas, entre ellos varios españoles que vivían en Buenos Aires. Unas muertes conocidas por todos los partidos políticos fieles al nuevo régimen borbónico, guardando un silencio terrorífico ante el asesinato impune desde partidos como la UCD, Alianza Popular, PCE, PSOE, buenos conocedores de estos asesinatos sin denunciar ni intervenir, dejando hacer al terrorismo de estado, como hicieron años después con otras muertes, nuevos crímenes planificados desde ministerios y palacios presidenciales en su propio país.

La Madre Patria volvió a ayudar a sus esbirros más criminales sembrando de muerte el país de Atahualpa, una continuidad del genocidio franquista en la Argentina, datos desvelados que no cuentan en 2014 con la denuncia de la supuesta izquierda cortesana y palanganera española, ahora bien ocupada en una nueva campaña electoral, entretenida en seguir ocultando una verdad más que evidente, algo incomoda, que huele a sangre y asesinatos masivos.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es/



sábado, 18 de octubre de 2014

150 aniversario del nacimiento de José Sánchez Rosa

José Sánchez Rosa: anarquista de Grazalema fusilado en Sevilla
El 1 de agosto de 1936 es asesinado en Sevilla (Andalucía, España) el maestro autodidacta anarquista y militante anarcosindicalista José Sánchez Rosa. Había nacido el 22 de octubre de 1864 en Grazalema (Cádiz, Andalucía, España). Era el menor de una familia numerosa muy pobre, por lo que trabajaba en el campo como peón y durante las noches adobado zapatos en el taller de su padre. Asistió poco a la escuela - sólo hizo dos años de primaria -, pero a los 13 años leía los periódicos y la propaganda anarquistas a sus compañeros de trabajo; poco después fue detenido a raíz de un mitin. En 1882, debido a los hechos de la «Mano Negra», fue detenido y encarcelado acusado de pertenecer a esta organización secreta, él que siempre había defendido el pacifismo y se negaba a llevar armas. Pronto alcanzó popularidad y en 1891 asistió al Congreso del Pacto de Madrid. En enero de 1892 ingresó en prisión, acusado de intervenir en los hechos de Jerez y condenado a cadena perpetua el año siguiente.
Los años de cierre los aprovechó para mejorar sus conocimientos - un discípulo de Reclus le enseñó francés y sociología y Salvochea fue su maestro ideológico - y será liberado en 1901, saliendo con ganas de esparcir sus ideas en todo . Posiblemente asistió al congreso de la Federación de Sociedades Obreras de la Región Española (FSORE) de 1901 e intervino en la Excursión Nacional de Propaganda de 1902, con Bonafulla y Claramunt, gira que repetirá varias veces en años posteriores. Abrió escuelas racionalistas en diferentes lugares andaluces (Campo de Gibraltar, Tánger, Dos Hermanas, Aznalcóllar, Sevilla) donde enseñaba a los niños de los trabajadores y abrió una biblioteca para los trabajadores en su casa. En abril de 1904 participó en una gira de propaganda por Murcia con Saavedra para preparar el congreso de la FSORE de ese año, a la que asistió en representación de Algeciras y Los Barrios. Poco después fue encarcelado en Tánger hasta enero de 1905, refugiándose en Aznalcóllar.
En 1910 se instaló en Sevilla, donde enseñará en una escuela del barrio de Triana y dirigirá la Agrupación Pro Enseñanza Racionalista. Estos años serán de gran actividad militante: giras por todo Andalucía, creación y fomento de cientos de organizaciones obreras y campesinas, divulgación libertaria a través de la famosa «Biblioteca del Obrero», debates con los socialistas - sobre todo con Egocheaga. 1911 es detenido en Sevilla con motivo de la huelga general y entre 1912 y 1913 participará con Queraltó en una legendaria gira propagandística por toda España. En 1915 asistió al Congreso de Ferrol en nombre de las sociedades obreras sevillanas. El año siguiente fue miembro de la comisión reorganizadora del Centro de Estudios Sociales sevillano, con Vallina, Pinzano y otros, y participó en el mitin del 7 de julio de 1916 en Sevilla; ese mismo año también hizo un mitin en Castro. En 1917 fue miembro del comité sevillano de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) junto con Vallina. El año siguiente participó activamente en el motín de la cordobesa Aguilar, representó Andalucía con Vallina en el Congreso Anarquista de Barcelona, ​​hizo mítines en Sevilla y Paterna del Campo, e inauguró el Congreso de la CNT andaluza, en representación de los zapateros sevillanos, a los que también representará en la Asamblea de enero de 1919. en estos años publicará varios periódicos, como El Productor, de Sevilla (1919-1920), y La Anarquía. Detenido en febrero de 1919, se mostró bastante activo con Pacheco y Vallina, en la reivindicación de los alquileres creando la Liga de Inquilinos, y se deportado con Vallina en Herrera del Duque, la «Siberia extremeña», donde hizo numerosas charlas durante los meses de estancia.
A finales de 1919 polemizó duramente con el Comité Regional de la CNT andaluza, comandado por Rosado y otros, sobre el debate entre sindicalistas y anarquistas terminando la discusión con su expulsión por anarquista, lo que provocó gran escándalo en numerosos sindicatos andaluces y en anarquistas catalanes, que organizaron un congreso netamente anarquista para la creación de una nueva CNT en la zona sur entre los años 1919 y 1921. Entonces se unió al colectivo editor de la Revista Blanca, con Federica Montseny y Federico Urales. Deportado algunos meses en 1923 y de nuevo en 1925 a Murcia, abrió una escuela en Sevilla y realizó giras por Córdoba y el Levante vez que trabajaba con el fin de celebrar un congreso anarquista en Madrid, al que asistió en marzo para Andalucía. Con Federico Urales intentó resucitar La Revista Blanca en esa época. Durante los años siguientes disminuyó su actividad, pero hizo mítines con Pestaña en Sevilla en julio de 1931. En 1932 fue detenido a raíz de la gran huelga sevillana y con motivo de la sublevación de Fígols fue deportado a África. Publicó artículos en El 4 de Febrero, El Látigo, Espartaco, Redención, Tierra y Libertad, El Trabajo, La Voz del Campesino.
Es autor libros y folletos como Bienvenida, Inocencio y Candidito, El burgués y el anarquista, Diálogo sobre Enseñanza racionalista. Los dos niños de la Escuela, Los dos profesores, Entre amiguitas: Azucena, Dalia y Camelia, Los inocentes, La idea anarquista (1903), Las dos Fuerzas: Reacciones y progreso (1904), El capitalista y el trabajador (1911), en el campo. El guarda y el obrero (1911), Nuevo rumbo, el obrero sindicalista y apoyo patronos (1911), Por la educación racional gozaremos de los beneficios de las ciencias y de la libertad (1912), discordancias del bronce (1919), La gramática del obrero (1929), Nuevo rumbo (1932), El abogado del obrero (1932), La aritmética del obrero (1933), etc.; obras de las que se hicieron infinidad de ediciones hasta 1939. Además colaboró ​​en la obra histórica de Buenacasa y prologó El sindicalismo, de Leone (1919). Pocos días después del levantamiento fascista del 18 de julio de 1936, un comando de requetés cargó en un camión sus libros, sus folletos y toda su documentación; encima colocaron un colchón y encima pusieron el viejo maestro anarquista, que habían sacado de la cama enfermo de diabetes.
En la madrugada del 1 de agosto de 1936, en las tapias del cementerio de Sevilla (Andalucía, España), fue fusilado y su cuerpo arrojado a la fosa común. El historiador José Luis Gutiérrez Molina le dedicó una biografía: La tiza, la tinta y la palabra. José Sánchez Rosa, maestro y anarquista andaluz (1864-1936) (2005).
http://puertoreal.cnt.es/en/bilbiografias-anarquistas/4812-jose-sanchez-rosa-anarquista-de-grazalema-fusilado-en-sevilla.html

lunes, 13 de octubre de 2014

Quico Sabaté. El atentado contra Eduardo Quintela

Francesc Sabaté Llopart (El Quico)

Álvaro MILLÁN

El año próximo se cumplirán cien años del nacimiento de Francesc Sabaté Llopart (El Quico). Sabaté forma parte de una larga lista de personas a las que se ha querido borrar de la historia, sencillamente porque su existencia y su lucha no encajaban en la historia oficial que el régimen de 1978 quiso vendernos. El pacto entre una izquierda cobarde y acomodaticia y los restos del franquismo hacía necesaria una imagen más suave de la dictadura de Franco, que hiciera ese pacto menos vergonzoso para la Izquierda pactante, y permitiera un futuro algo más «digno» para los franquistas reconvertidos. Es para que esta oligarquía pudiera gobernar (y saquear) este país durante los últimos 40 años que hubo que sepultar en el silencio y el olvido la historia de la resistencia popular contra el franquismo.
Hasta día de hoy siguen bajo riguroso secreto los archivos del Ejército y de la Guardia Civil sobre la guerrilla antifascista. Su historia se ha tenido que escribir a base de retazos de la memoria conservada por los protagonistas y por quienes les conocieron.
Uno de los episodios que se han conservado de la guerrilla urbana en Barcelona es el atentado contra Eduardo Quintela, ocurrido el 2 de marzo de 1949. Quintela era entonces el jefe en Barcelona de la Brigada Político Social.
Al igual que Quico Sabaté, Facerías o Caraquemada se habían convertido para la policía en objetivos muy codiciados, los guerrilleros libertarios también pusieron el ojo en algunos mandos de la policía que destacaban por su brutalidad en el trato que daban a los presos. Sin duda alguna, Quintela era la pieza más cotizada en aquellos momentos.
Wenceslao Jiménez Orive (Wences)
En febrero de 1949 el grupo de Quico entra en contacto con el grupo Los Maños a cuyo frente estaba Wenceslao Jiménez Orive (Wences). Ambos grupos, por separado, habían asumido el mismo objetivo: matar a Quintela. Para ello habían empezado a vigilar minuciosamente sus pasos, sus costumbres, entradas y salidas, recorridos habituales, etc. Una información necesaria para establecer el momento y lugar idóneos para realizar el atentado. Los dos grupos se reúnen para compartir la información obtenida y aunar recursos para alcanzar el objetivo.
Quintela salía en un coche oficial de la Jefatura Superior de Policía situada en el número 43 de la Via Laietana para ir a su casa en calle de la Vinya (barrio del Carmel); no siempre seguía la misma ruta, pero normalmente pasaba por la calle Marina entre Mallorca y Provença sobre las 15,30 y las 14,10 horas. Este les pareció un buen momento para llevar a cabo el atentado.
El día señalado, miércoles 2 de marzo de 1949, a la 13,45 horas una camioneta estaba estacionada en la calle Marina, a cien metros de la Sagrada Familia; en su interior se hallaban Carles Vidal, al volante, y, a su lado, Josep Sabaté. Quico, fuera del vehículo y vestido con un mono azul, hacía como que revisa el motor. A cierta distancia, Mariano Aguayo paseaba por la calle con un sombrero marrón. En la acera de enfrente, en un Fiat aparcado, se encontraban tres hombres: Simón Gracia, situado al volante, y José López y Wenceslao Jiménez armados ambos con metralletas. A las 13,55 horas Mariano Aguayo, el hombre que paseaba por la calle con un sombrero marrón, se quitó el sombrero, era la señal convenida que indicaba a sus compañeros que el coche de Quintela acababa de llegar. A partir de aquí se sucedieron rápidamente los acontecimientos: Quico cogió la metralleta que tenía escondida en el motor de la furgoneta y, acercándose todo lo que pudo al coche de Quintela, disparó su arma. El coche se para en seco y de su interior salen dos hombres que intentan huir de la balas. Desde el Fiat situado en la acera de enfrente les cortan la retirada y caen ambos al suelo. Quico se aproxima rápidamente para identificar a las víctimas. Comprueba que Quintela no está entre ellas. El coche contra el que habían disparado no era el del jefe de la Brigada Político Social. En el vehículo, idéntico al de Quintela, viajaban Manuel Piñol y José Tella, capitostes del Frente de Juventudes. Piñol, al igual que el chófer –Antonio Norte– estaban muertos. Tella había resultado herido.
Nunca se ha podido averiguar si se trató de una simple casualidad que un choche idéntico al de Quintela pasara por el mismo lugar a la misma hora en que solía hacerlo el policía.
Eduardo Quintela

El atentado contra Quintela enfureció a la policía –y, cabe suponer, que muy especialmente al propio Quintela– y desató una ola de represión inusitada en buena parte de Catalunya, especialmente en Barcelona, en donde llegó a vivirse un verdadero estado de sitio con violación y registro de domicilios, patrullas por las calles que paraban e inspeccionaban a los transeúntes, impidiendo que se formaran grupos por reducidos que fueran. Se llegó a suspender los espectáculos nocturnos, con lo que prácticamente se estableció una especie de toque de queda que hizo que, a partir de las 20,00 horas no circularan por las calles más que policías. Llegaron refuerzos policiales de distintos puntos de España. Se hizo circular por Barcelona cincuenta taxis conducidos por policías que llevaban a los clientes que les parecían sospechosos a la Jefatura Superior de Policía, donde comprobaban su documentación. Se trataba de un intento de evitar que los guerrilleros pudieran utilizar los taxis para desplazarse y así limitar su movilidad.
A aumentar la excitación de la policía contribuyen algunos hechos como el ametrallamiento de una comisaría de policía en Barcelona y el envío de un anónimo que anunciaba la voladura de la Jefatura Superior de Policía.
Aunque algunas de la medidas más extremas se dejaron de aplicar o se suavizaron, la intensidad de la represión no decayó y fue enorme el reguero de víctimas de dejó como saldo. Quintela jamás olvidó su odio hacia los anarquistas que habían querido acabar con él. Tanto es así que, en enero de 1960, estando ya jubilado y retirado en su tierra natal –Galicia–, en cuanto le avisaron de que El Quico estaba cercado en el Mas Clarà, cerca de Sarrià de Ter, no pudo resistir la tentación y corrió al lugar de los hechos para disfrutar del espectáculo, y contemplar el final de su gran enemigo, al que él nunca pudo vencer. Tampoco tuvo éxito en esto, Quico logró escapar del cerco de la Guardia Civil y llegar hasta Sant Celoni, donde finalmente cayo a manos de una de las patrullas que le seguían el rastro.
En alguna ocasión Quintela le había dicho a un preso algo parecido a «ya sé que es posible que algún día me matéis, pero antes de que eso ocurra me llevaré a algunos de vosotros por delante». Efectivamente se llevó a algunos buenos luchadores por delante, lamentablemente se equivocó en lo demás.