sábado, 16 de agosto de 2014

Notas sobre escuela y pedagogía libertaria


Paulo Freire (1921-1997), pedagogo e influyente teórico de una educación liberadora, publicó su primer libro en 1967, La educación como práctica de libertad, al que siguió el año siguiente Pedagogía del oprimido. Vamos a echar un vistazo a sus ideas liberadoras en educación y su estrecha relación con las propuestas libertarias.

Puede decirse que desde que el hombre observa el mundo que le rodea, y le otorga un significado racional, cognitivo y simbólico, trata de formar su propia realidad; así, acaba tomando una falsa conciencia de la realidad y queriendo dominar todo lo que contempla: la naturaleza, los animales, incluso a la mujer y a todo ser humano análogo a él... La concepción del hombre que hemos heredado generación tras generación, se explica con la primera forma de opresión, dominación, desigualdad y jerarquía: la del hombre contra la mujer. Se trata del germen del sistema patriarcal, generador de las tres grandes formas autoritarias: el Estado, la Iglesia y el sistema capitalista. La Iglesia, institucionalización autoritaria de la religión, estuvo controlada desde el principio por hombres y representa a una deidad como un gran padre, señor absoluto, primer gran rompedor de la igualdad de géneros; aunque esta institución emplee un lenguaje de paz y amor, su realidad original es la descrita y se ha encargado históricamente de ostentar el poder y garantizar el sometimiento en nombre de "la voluntad de Dios".

El sistema económico triunfante en la Edad Moderna, a partir de la Revolución Industrial, es el capitalismo. La productividad, el comercio y el consumo, que conforman junto a otros mecanismos el mercado, son el motor que impulsa las relaciones humanas. Así, el ser humano ha acabado definido por lo que tiene o por lo que produce, no por lo que es. Un sistema en el que prima lo privado, y son las grandes compañías las que se encargan de la producción y el intercambio de bienes y servicios mediante complejas transacciones mercantilistas, ha acabado afectando gravemente al entorno ambiental y a la dignidad humana. A pesar de que el gran paradigma económico es la explotación a gran escala, poderoso garante de las mayores desigualdades, la alienación producto de la tecnología y de una educación y conocimiento impuestos y ajenos a los valores humanos ha supuesto en las sociedades llamadas "desarrolladas" una notable reducción de la conciencia en el individuo y el conformismo más atroz.

El origen del Estado, aunque en la modernidad trate de dársele una concepción social y de protección del ciudadano, está en la defensa de un territorio; en la actualidad, el Estado pretende ser el único garante de los derechos y de las reivindicaciones humanas y sociales. Así, la escuela también se institucionaliza en la modernidad y, al menos en la teoría, también busca fines como el desarrollo cognitivo de la persona, la liberación, la construcción de la realidad... Paulo Freire considera que ningún tipo de educación es neutral, sino que se crea para cumplir determinados fines; desgraciadamente, hoy pocos cuestionan esto y veneran la educación per se, sin detectar los mecanismos autoritarios y adoctrinadores que se siguen manteniendo para instrumentalizarla de acuerdo a ciertos objetivos. Los tres grandes monstruos objetos de la crítica del anarquismo, Estado, Iglesia y Capital, siguen encontrándose detrás de la institucionalización de la educación. Paulo Freire, junto a toda la tradición libertaria, demanda una escuela al servicio de los valores humanos, de la liberación del hombre, que no reproduzca ningún patrón autoritario ni esté al servicio de intereses externos. De ahí la insistencia libertaria en la educación, en la creación de un modelo pedagógico que no reproduzca los mismos mecanismos del poder. La transformación de la escuela es la base para el proceso de transformación social, algo que parece difícil que discuta ningún anarquista.

Tal y como se ha formulado desde una óptica libertaria, las ideas de Freire pueden resumirse en los siguientes puntos:

1.- Una educación que, liberada de todos los rasgos alienantes, constituya una fuerza posibilitadora del cambio y sea impulso de libertad.

2.- Despertar la conciencia histórica de las masas para realizar un análisis holístico de su realidad particular. En medida de poseer conciencia histórica, serán libres de toda dominación impuesta.

3.- Educación social y humanística. Dicha tarea de educar, será auténticamente humanista en la medida en que se procure la integración del individuo a su realidad comunitaria, ya que no existe educación sin sociedad humana y no existe hombre fuera de ella.

4.- Debe dejarse a un lado la concepción en el estudio social al investigador fuera del contexto que estudia; primeramente, el hombre no sólo está en el mundo sino con el mundo y, segundo, se debe respetar al hombre como persona, dejando atrás el pensamiento hombre-objeto por hombre-sujeto.

5.- El hombre debe existir en el tiempo y debe luchar para la no acomodación, es decir, para la humanización, participando en las épocas históricas, creando, recreando y deduciendo. La actitud crítica, es el único medio por el cual el hombre se integrará en su época.

6.- Debe proveer al educando de los instrumentos necesarios para resistir los poderes del desarraigo frente a una civilización industrial que se encuentra ampliamente armada como para provocarlo. Hay que enseñar a los hombres educación: oyendo, preguntando e investigando.

7.- Debe estar vinculada a los problemas sociales que presenta la comunidad donde habita. Debe estudiar los fenómenos, problematizar la naturaleza y establecer los nexos causales de la misma para aportar soluciones contextualizadas y pertinentes.

8.- Debe ser liberadora y autónoma, humanizando procesos y acabando con el academicismo, madre de reglas inoperantes que restringen la creatividad del sujeto.

9.- En esa misma línea de abolición de dichas reglas inoperantes academicistas, se debe abrir y flexibilizar aquellas normas que limiten al ser en su pleno desarrollo, así como la abolición de todo mecanismo que ejerza poder para que quede aislada de todo organismo político-partidista, religioso o empresarial, ejerciendo así el verdadero laicismo y pluriculturalidad.

10.- Así, sería la sociedad misma a través de la autogestión y el cooperativismo, quien tome y apoye a la educación en sus manos. Se habla entonces de una sociedad escolarizadora, una sociedad con conciencia que sirva de apoyo a la nueva comunidad de docentes. Una sociedad que, paralelamente a la escuela, estará en construcción; donde no sólo el educando aprenda, sino que en cooperación y en ambiente cooperativo el educando, el docente y la sociedad misma se nutran en el proceso y lleguemos paralelamente, todos, a ese estadio de desarrollo humano que tanto aspiramos.

La pedagogía libertaria de Freire puede inscribirse entonces en la tradición libertaria, una educación que combata toda forma de alienación y se centre en el ser humano, en los principios de autonomía individual y responsabilidad social. En base a una educación para la libertad, son los individuos, sin jerarquización alguna ni intereses por parte de una clase dominante, los que deben construir su propia realidad; una sociedad libre solo puede conseguirse con nuevos paradigmas educativos. Aunque Freire no se llamara nunca a sí mismo anarquista, sí es posible reconocer estos principios libertarios en sus teorías y prácticas educativas; dejando a un lado las simples etiquetas y todo dogmatismo, una manera de contribuir a la transformación social y a la liberación personal es reconocer la dignidad humana y los más nobles valores humanos en algunas propuestas.

La pedagogía del oprimido

Hablamos de un pedagogo que pone en su teoría y práctica la relación con los demás, ya que es algo que se considera clave en todo crecimiento personal; por supuesto, la transformación social se produce gracias a la educación mutua de sus miembros. De las páginas de La pedagogía del oprimido son estas palabras: "(…) la liberación es un parto. Es un parto doloroso. El hombre que nace de él es un hombre nuevo, hombre que solo es viable en la y por la superación de la contradicción opresores-oprimidos que, en última instancia, es la liberación de todos". Hay que mencionar, en primer lugar, la evidente influencia de Erich Fromm y de las ideas presentes en la obra El miedo a la libertad; ambos autores se conocieron en Cuernavaca (México), lugar donde Fromm estuvo instalado un tiempo. Existe un concepto del que habla Freire, que alude a la "verticalidad"; se trata de la "educación bancaria", según la cual existe una separación tajante entre los roles del educador, el que otorga conocimiento, y el educando, considerado un ignorante. Veamos de nuevo las palabras de Freire:

"En la visión ‘bancaria’ de la educación, el ‘saber’, el conocimiento, es una donación de aquellos que se juzgan sabios a los que juzgan ignorantes. Donación que se basa en una de las manifestaciones instrumentales de la ideología de la opresión: la absolutización de la ignorancia, que constituye lo que llamamos alienación de la ignorancia, según la cual ésta se encuentra siempre en el otro."

Freire demanda humildad, por parte del educador, y respeto hacia un educando que bajo ningún concepto puede considerarse ignorante; deben conciliarse los dos polos, de tal manera que ambos se hagan, de forma simultánea, educadores y educandos. Donde coincide en términos generales con Fromm es en su propuesta de "humanizar" la vida; para el autor alemán, la vida humana debe racionalizarse, pero no en el sentido de intelectualizarla, sino de humanizarse, haciendo que responda a las necesidades específicamente humanas. Esa humanización supone el desarrollo de un vínculo afectivo con los otros seres y con el mundo; superando toda cosificación, toda conversión del otro en un objeto, será la relación fraterna como amor maduro la que gobernará entonces el mundo. En esa misma línea, Freire considera que el educador debe identificar y superar su propia verticalidad psicológica, la cual le empuja a negar el diálogo; así, se persigue la horizontalidad de las relaciones humanas, buscar en el acto educativo la colocación del oprimido fuera de toda estructura opresora. Al igual que en Fromm, en la labor de Freire se apunta a una doble transformación: en el interior del ser humano y en las estructuras sociales. En la labor pedagógica, como interacción horizontal, se está ya realizando la utopía de una sociedad sin opresión entendida como la que no cohibe la expresión de las personas. Es en el medio para lograrla, en el proceso educativo, donde se encuentra ya presente la nueva sociedad. Uno de los más graves obstáculos para que acontezca la encarnación del ideal es la carga ideológica que el oprimido ostenta, la cual está incorporada a él mismo. Freire considera, según su pedagogía del oprimido, que es posible una rectificación de esa "falsa conciencia" en la persona, a nivel interno y externo, y siempre desde su libertad. Si la ideología es el conjunto de creencias e ideas que legitiman una determinada configuración social, Freire cree posible la transformación cultural revolucionaria (es decir, desde el discurso y las ideas); gracias a una praxis ejecutada en la palabra, criticando las creencias asentadas y denunciando las estrecheces ideológicas, es posible la liberación. La transformación social tiene entonces una doble vertiente, la ideológica y la material. Donde se aprecia también la influencia de Fromm en Freire es en el concepto de enajenación, entendida como la incorporación de unas creencias ajenas que operan en nuestro interior, que simulan ser propias de la persona y favorecen la situación del sujeto oprimido, el cual vive así engañado. Así, un primer paso en la pedagogía de la liberación, ya que el oprimido no es por lo general consciente de su opresión, es la concientización, con la que se supera la enajenación y la víctima retoma las riendas de la realidad.

"El gran problema radica en cómo podrán los oprimidos, como seres duales, inauténticos, que ‘alojan’ al opresor en sí, participar de la elaboración, de la pedagogía para su liberación. Solo en la medida en que se descubran ‘alojando’ al opresor podrán contribuir a la construcción de su pedagogía liberadora. Mientras vivan la dualidad en la cual ser es parecer y parecer es parecerse con el opresor, es imposible hacerlo. La pedagogía del oprimido, que no puede ser elaborada por los opresores, es un instrumento para este descubrimiento crítico: el de los oprimidos por sí mismos y el de los opresores por los oprimidos, como manifestación de la deshumanización".

De cualquier manera, toda educación liberadora debe partir de la propia realidad vital del oprimido, ya que se entiende que es la víctima la que debe entender mejor lo que supone una sociedad represora. Así, ese punto de partida se sitúa en lo que Freire denomina una situación límite; el objetivo es que el ser humano llegue a un encuentro consigo mismo y con los demás, en la restauración del diálogo como rasgo fundamentalmente humano y humanizante. La persona solo puede expresarse y crecer en un tipo de relación horizontal; se ha mencionado, para esta visión de crecimiento personal en base a la comunicación con los otros, la influencia en Freire del filósofo Jaspers y, en general, del existencialismo y del personalismo. Tal vez Freire lleva más lejos esa visión en su pedagogía, la cual se basa en el diálogo horizontal cuyo aspecto principal es la escucha activa; solo mediante el diálogo puede el ser humano, como persona concreta, ir conociéndose como ser en constante reconstrucción en un mundo que también es susceptible de ser reelaborado. No es posible negar la influencia del existencialismo en Freire, si tenemos en cuenta estas palabras de Sartre en El existencialismo es un humanismo: "[...] el primer paso del existencialismo es poner a todo hombre en posesión de lo que es y hacer descansar sobre él la responsabilidad total de su existencia". También hay que tener en cuenta la influencia del personalismo de autores como Mounier, cuando vemos en la pedagogía de Freire que la libertad y el compromiso vertebran toda acción educativa; el objetivo no es adoctrinar de ningún modo, sino que los educandos sean capaces de vivir y de comprometerse como personas. Frente a toda visión estática, que caracteriza a las concepciones que Freire llama "bancarias", se impone una visión dinámica; la persona se realiza, por una parte, por su relación con el mundo y con el resto de los seres humanos, y por otra con la posibilidad de construir su propio destino. En síntesis, la labor educativa de Freire se esfuerza en el desarrollo de una conciencia ética y crítica en las víctimas de la opresión por ser los sujetos históricos destinados a llevar a cabo su propia liberación. Se ha dicho que la pedagogía del oprimido de Freire recoge la influencia de importantes corrientes filosóficas del siglo XX llevadas al terreno educativo; aunque esta escuela tiene en cuenta, sobre todo, los pueblos más deprimidos y oprimidos, no es posible negar su sentido universal. La utopía, a nivel planetario, se construye cooperando, conversando y escuchándose mutuamente.

Las teorías de la desescolarización

Particularmente, aclaro que no estoy a priori en la línea de la crítica radical a la escuela como institución, que supone las teorías de la desescolarización. No obstante, el evidente vínculo que tiene con las propuestas libertarias, incluso con autores específicamente anarquistas que defienden esa postura, obliga a vencer los inevitables prejuicios, aprender más del asunto y comprobar las posibilidades que ofrece de cara a la transformación social. El punto de partida de esta teoría hay que situarlo en la obra de Ivan Illich, publicada a principios de los años 70, La sociedad desescolarizada; de hecho, el término desescolarización es un neologismo que nace del libro de Illich o, al menos, de la traducción que se le da en castellano. El autor propone una crítica radical a las instituciones escolares que, amparadas en la necesidad de cubrir necesidades básicas, en realidad se ocupan de generar mentes controladas y subordinadas. El ser humano acaba estando al servicio de una institución que termina escapando a su control, en lugar de a la inversa. Además de Illich, se suelen mencionar otros tres autores representativos de la línea teórica de la desescolarización: Everett Reimer, Paul Goodman y John Holt. La generación de autores que trabaja en esta corriente tuvieron la ciudad de Cuernavaca, en concreto el Centro Intercultural de Documentación (CIDOC), coordinado por el propio Illich entre 1963 y 1976, como lugar de referencia para el debate, la reflexión y el intercambio de ideas. Recordemos que es en esta localidad mexicana, tal y como dijimos más arriba, donde se conocen dos autores tan importantes para la sociología, la pedagogía, y el pensamiento en general, como Erich Fromm y Paulo Freire.

Los pensadores de la desescolarización no escatimaron críticas a la institución educativa, denominando incluso la tarea que desempeñan como "destrucción cultural". Pero el empobrecimiento cultural no era tal vez lo peor que podían realizar, ya que el gran peligro estaba en la extensión de su influencia por el mundo entero, confirmada a principios del siglo XXI, a la sombra de los grandes planes de desarrollo promovidos por las compañías, por las potencias económicas y por las organizaciones internacionales afines (Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, Iglesia católica, Unesco…); los males objeto de la crítica, obstáculos para el cambio político, social y económico, serán: una sociedad de la meritocracia, la estimulación de la ignorancia, la incapacidad psicológica que se provoca en el individuo para resolver los propios problemas (sin recetas institucionales) o la idea de que el conocimiento y el aprendizaje puede ser medido, planificado y valorado según estándares uniformes. Los teóricos de la desescolarización realizan la propuesta de invertir las instituciones y poner al servicio de las personas la tecnología y los recursos; de esta manera, la escuela puede ser reemplazada por unidades descentralizadas donde se estimule lo que se denomina convivialidad (convivencia y jovialidad), sin que exista carácter obligatorio y con el propósito, sobre todo, de que exista una utilidad pública que garantice la información y los aprendizajes útiles para la vida. Por supuesto, la propuesta desescolarizadora no cambiará por sí sola el mundo, son necesarios cambios sociales profundos. El anarquista Paul Goodman, no tan radical como otros en el tema que nos ocupa, complementa la teoría de la desescolarización con rasgos comunitarios; promueve una comunidad educativa vivencial, donde discípulos y maestros se relacionen sin coerción alguna, y con las nociones libertarias de descentralización y autogestión muy presentes. En Goodman, como objetivo último está la idea de una nueva sociedad como proyecto comunitario en la que todos los sectores y adultos cumplan una función educativa: será entonces la ciudad la que eduque, no la escuela.

Al comienzo de los años 70, el CIDOC es ya un espacio de referencia a nivel internacional, un lugar al que acuden a estudiar, investigar y debatir autores de vanguardia de todo el mundo; el punto de partida será el estudio crítico de las instituciones modernas en los análisis y reflexiones, y amplios sectores de los movimientos sociales contestatarios de Latinoamérica participarán en las actividades. Era un encuentro de personas que deseaban aprender, sin requerimientos académicos para profesores o estudiantes, sin observar currículos ni grados y sin que existieran certificados ni créditos. En el CIDOC, en 1967, se organizará un semanario periódico con el nombre de Alternatives in Education con el objetivo de abordar cuestiones concretas de las instituciones educativas; ya a partir de 1970, los seminarios impartidos en el centro de Cuernavaca alcanzarán una fama notable entre aquellos que planteaban criticas radicales a los sistemas educativos desde diversas partes del mundo. A esta línea crítica contundente, se empezarán a unir autores fundamentales provenientes de la pedagogía radical estadounidense, como Paul Goodman y John Holt. Puede decirse que la obra de Goodman, como es el caso de Growin Up Absurd (1960) y Compulsory Mis-education (1966), tenderá el puente hacia la crítica radical presente en La sociedad desescolarizada (1971). La critica realizada desde Cuernavaca y los nombres de Holt, Goodman, Illich o Reimer serán citados con insistencia y sus libros se leerán en las principales universidades de todo el mundo. No obstante, el CIDOC no tardará demasiado tiempo en cerrarse, se dice que la decisión estaba tomada desde 1973, ya que se llegó a la conclusión de que los objetivos con los que se fundó ya se habían realizado. Una de las metas marcadas por los teóricos de la desescolarización se cumplió en primera instancia, fue provocar un debate en el seno de las sociedades modernas industriales en relación con el papel que representaban las instituciones educativas.

Una vez finalizada la década de los 70, se producirá un giro conservador y las teorías de la desescolarización parecerán caer en el olvido. Incluso, a partir de los años 80, se calificará a los autores más representativos de la desescolarización como un grupo de místicos intelectuales contrarios al progreso y al bienestar occidental; sus propuestas fueron reducidas de manera interesada y acabaron ocupando un lugar pequeño en los manuales de formación del profesorado y, en general, en la bibliografía. Otros factores para el abandono de estas teorías hay que buscarlos también en lo ocurrido con sus representantes: la muerte de Goodman en 1972; la no publicación de ninguna obra más por parte de Reimer, fallecido en 1988, después de La escuela ha muerto (1971); la radicalización de Holt a través de movimientos muy concretos de ayuda a aquellas personas que tomaron la decisión de no enviar a sus hijos a la escuela (el llamado homeschooling, fundado en 1977, o la escisión llamada unschooling en una nueva vuelta de tuerca radical más), o el desplazamiento del propio Illich hacia otras labores críticas con la modernidad. Después de aquel abandono durante dos décadas, en los últimos años se ha producido un nuevo interés por las teorías de la desescolarización, especialmente en Latinoamérica y en Estados Unidos. Un ejemplo de esta nueva situación es la publicación del libro Critical Pedagogy, Ecoliteracy & Planetary Crisis. The Ecopedagogy Movement (2010), de Richard Kahn, donde se formula la nueva teoría de la ecopedagogía, basada en gran parte en las propuestas de Paulo Freire y recogiendo el legado crítico de la desescolarización.

Desde planteamientos de confianza en lo que ofrecen las nuevas tecnologías, como son las herramientas 2.0 en Internet, también se ha producido un acercamiento a los planteamientos de la desescolarización. Lo más importante puede ser que ello ha abierto un debate sobre el modo en que la tecnología de las redes sociales abre nuevos paradigmas para la educación y el aprendizaje; las propuestas de los autores de Cuernavaca cobran una sorprendente actualidad en el nuevo contexto tecnológico y pedagógico. Otro ámbito que se menciona, como lugar de estudio de las teorías desescolarizadoras en la actualidad, es la alternativa de carácter indigenista al capitalismo; en ese sentido, la Universidad de la Tierra en México (existen dos ubicaciones, en Oaxaca y en San Cristobal de Las Casas, Chiapas) es un ejemplo muy concreto, que se define como comunidad de aprendizaje, estudio, reflexión y acción, y considera que debe ser el ejercicio ocioso de personas libres dejando a un lado la visión de la educación como un medio de escalar en la sociedad meritocrática. En este contexto de crisis del sistema capitalista, y de su modelo de desarrollo y progreso, junto al impacto de las nuevas tecnologías, empuja necesariamente, al menos, a tener en cuenta las propuestas de la desescolarización creadas hace cuatro décadas. No parece una alternativa que aplicar de manera literal, y sí más una postura radical sobre los postulados más autoritarios de la modernidad que provoque el pensamiento crítico, teniendo en cuenta que el progreso en esta época va unido al desarrollo del capitalismo y a una nueva forma de entender el autoritarismo en nombre de la educación y del conocimiento.

Capi Vidal 
http://reflexionesdesdeanarres.blogspot.com.es/


domingo, 10 de agosto de 2014

Historia de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT)


En 1864, con ocasión de una exposición internacional en Londres, obreros ingleses y franceses se reunieron en la sala San Martín con la idea de realizar la unión estrecha entre los obreros de todos los países. Se formó un comité con la misión de redactar un programa y los estatutos para la Unión internacional. Como miembro de ese Comité fue elegido, entre otros, Carlos Marx, que tomaba parte en los trabajos de la Unión El primer congreso internacional regular tuvo lugar del 3 al 8 de septiembre de 1866, en Ginebra. En aquel congreso quedo constituida definitivamente la organización internacional, que adoptó el nombre de Asociación Internacional de los Trabajadores (A.I.T.), A la cabeza de la A.I.T. ,se hallaba el Consejo General, cuya misión era asegurar el lazo de unión entre las diversas secciones de la organización.
Como objetivo de la A,I.T., el programa especificaba la emancipación económica de la clase obrera. Los estatutos dejaban a cada sección una completa independencia, así como la libertad de entrar directamente en relaciones con el Consejo General. El segundo congreso tuvo lugar en Lausana, del 2 al 7 de septiembre de 1867. En el tercer congreso ”celebrado en Bruselas, del 6 al 13 de septiembre de 1868, fue designada la huelga general como el único medio de impedir la guerra y de asegurar la paz. El cuarto congreso se celebró en Bruselas, del 6 al 13 de septiembre de 1869. En ese congreso empezaron las grandes discusiones entre Marx y Bakunin. El primero preconizaba el centralismo, el parlamentarismo y la acción política como medios de lucha. El segundo predicaba el antiestatismo y el federalismo. Fue en ese congreso donde se vio por primera vez el gran éxito de la idea federalista y la importancia de las uniones obreras. Allí fue donde se afirmó la idea de la anulación del Estado y de reemplazarlo por las uniones de productores. Los comienzos de Bakunin en la Internacional fueron un éxito, así como la influencia creciente del ala antiautoritaria, federalista. Esta era peligrosa para Marx y sus partidarios. Entonces empezó todo un juego de intrigas contra los federalistas que llegó a la disolución de la sección de Ginebra. La sede del Consejo General se hallaba en Londres y estaba bajo la influencia de Carlos Marx. En 1870 no hubo congreso, a causa de la guerra. En 1871, el Consejo General convocó en Londres, una conferencia cerrada, a la cual fueron invitados y estuvieron presentes sobre todo delegados partidarios de Marx y del Consejo General. .
Los belgas, los españoles y los italianos se inclinaban, con Bakunin, hacia el federalismo. Las organizaciones del Jura no estaban presentes en la conferencia. La invitación fue hecha de tal forma que los partidarios del Consejo General se hallaron en mayoría. La conferencia fue utilizada por Marx para declarar obligatoria la acción parlamentaria, rechazada por el lado latino. Eso aconteció por medio de la votación y la adopción de la resolución siguiente:
Visto que el proletariado, como clase, no podría alzarse contra la violencia colectiva de las clases poderosas de otra manera que constituyéndose en un partido político particular, en la lucha contra todos los viejos partidos de las clases burguesas; que la constitución del proletariado en un partido político es indispensable para asegurar el triunfo de la revolución social y de su objetivo final, la abolición de las clases; que la unión de las fuerzas de los trabajadores, que fue ya lograda con ayuda de las luchas económicas, tendrá que servir también como palanca para las masas de esta clase en su lucha contra el poder político de los explotadores, la conferencia declara a los miembros de la Internacional que, en vista del estado de guerra en el cual se encuentra la clase obrera, su acción económica y política están ligadas de manera inseparable.
Conforme a esto, la potencia del Consejo General aumentó. Se apropió un poder autoritario vis a vis de las secciones, con el objeto de velar por la doctrina, El lado latino, que se erguía contra el centralismo y el parlamentarismo, tenía que ser descartado. De esta manera se incrustó una cuña en la Internacional, cuña que finalmente acarrearía una escisión provocada directamente por Carlos Marx en el Quinto Congreso, celebrado en La Haya, del 2 al 7 de septiembre de 1872.
Los partidarios de Marx disponían de 40 votos, los federalistas sólo de 25. Esta proporción desigual de votos fue el resultado de una maquinación de Marx. Tomó todas las  disposiciones para que los delegados de Alemania, en donde se hallaban sus partidarios, viniesen en crecido número al Congreso. Así fue fabricada una mayoría marxista. El congreso de La Haya aprobó las decisiones de la conferencia de Londres. La fuerza del  Consejo General aumentó todavía  y se introdujo en los estatutos de la Internacional un artículo sobre la necesidad de la acción política. El punto de vista de los federalistas, los del Jura a la cabeza, fue expuesto por James Guillaume. Precisó la diferencia entre marxistas y federalistas, declarando que los primeros buscaban conquistar el poder político por medio de la participación en las elecciones parlamentarias, mientras que los segundos trataban de destruirlo. Marx se aprovechó igualmente  de ese congreso para lanzar calumnias contra Bakunin, que no estabat presente. Fue formada una comisión compuesta  en su mayoría por partidarios de Marx, la cual aprobó la expulsión de Bakunin, de Guillaume, de Schwizguébel y otros más del seno de la Internacional. La expulsión de los dos primeros fue decidida a pesar de la declaración dcl presidente de la Comisión, el delegado alemán Cuno, en el sentido de que no había pruebas materiales contra los acusados. La minoría presentó, en la persona de Víctor Dave, una declaración diciendo  que tenía la intención de defender  dentro de la Internacional la autonomía federal.
De este forma, las pretensiones injustas y autoritarias de los marxistas trajeron la escisión de la Internacional.
Los federalistas organizaron entonces,a su vez, el Congreso de Saint-Imier, el 15 de septiembre de 1872, en el cual participaron todos los elementos antiautoritarios y federalistas de la Internacional. Toda el ala latina; de esta última estaba representada, particularmente las secciones del Jura, de Italia, de España, de Francia y dos secciones americanas. En ese congreso fueron formulados los principios  fundamentales del movimiento obrero libertario, que pueden servir como indicadores del camino al proletariado revolucionario de la época. Las resoluciones sobre la acción política, así como sobre las uniones profesionales y sus tareas se expresan de la manera siguiente:
Considerando:
que querer imponer al proletariado una línea de conducta o un programa político uniforme como vía única que pueda conducirle a su emancipación social es una pretensión tan absurda como reaccionaria; que nadie tiene derecho de privar a las federaciones y secciones autónomas del derecho incuestionable de determinarse ellas mismas y de seguir la línea de conducta política que crean mejor y que todo proceder contrario conducirá fatalmente al más escandaloso dogmatismo; que las aspiraciones del proletariado deben tener como objetivo el establecimiento de una organización y de una federación económicas absolutamente libres, fundadas sobre el trabajo y la igualdad del todo independientes de todo gobierno político, y que esta organización y esta federación no pueden ser más que el resultado de la acción espontánea del proletariado mismo, gremio de artesanos y de comunas autónomas
Considerando:
que toda organización política no puede ser más que la organización del poder en provecho de una clase y en detrimento de las masas, y que si el proletariado quisiera apoderarse del poder se convertiría en una clase dominante y explotadora,
el Congreso reunido en Saint-Imier: declara:
1º Que la destrucción de todo poder político es el primer deber del proletariado;
2º Que toda organización de poder político – aunque se suponga que es provisional y revolucionaria – destinada a efectuar esa destrucción no puede ser más que un engaño y será tan peligrosa para el proletariado como todos los gobiernos existentes hoy en día;
3º Que los proletarios de todos los países deben rechazar todo compromiso en el camino de la Revolución Social y deben establecer una intensa solidaridad de acción revolucionaria, al margen de toda política burguesa.
También se adoptó esta resolución:
La libertad y el trabajo son la base de la moral, de la fuerza, de la vida y de la riqueza del porvenir. Pero el trabajo, si no es libremente organizado, se vuelve opresivo e improductivo para el trabajador y es por eso que la organización del trabajo es la condición indispensable de la verdadera y completa emancipación del obrero.
Sin embargo, el trabajo no se puede ejercer libremente sin la posesión de las materias primas y de todo el capital social; no se puede organizar si antes no se emancipa de la tiranía política y económica, conquistando el obrero el derecho a desenvolverse completamente en la aptitud de todas sus facultades. Todo Estado, es decir, todo gobierno y toda administración de las masas populares de arriba a abajo, al estar fundados necesariamente sobre la burocracia, sobre los ejércitos, sobre el espionaje y sobre el clero, no podrán establecer jamás la sociedad organizada sobre el trabajo y sobre la justicia, ya que, por la naturaleza misma de su organización están fatalmente empujados a oprimir al trabajador y a negar la justicia.
Según nosotros, el obrero no podrá jamás emanciparse de la opresión secular si no sustituye a ese cuerpo absorbente y desmoralizador por la libre federación de todos los grupos productores, fundada sobre la solidaridad y la igualdad.
Después de los congresos de 1872, el de La Haya y el de Saint-lmier, los congresos de las dos tendencias se celebraban separadamente. El Consejo General de la mayoría marxista fue transferido a Nueva York. Aquí fue su entierro. Contrariamente, todas las secciones de la Internacional, a excepción de la sección alemana, abrazaron el punto de vista de las secciones del Jura. Las Trade Unions inglesas estaban de igual modo contra el Consejo General dirigido por Marx.
Cuando un año más tarde las dos tendencias, la marxista y la federalista, convocaron sus congresos en Ginebra, esos congresos se celebraron separadamente.
El segundo Congreso de los antiautoritarios tuvo lugar del 1 al 6 de septiembre de 1873, el de los marxistas del 8 al 13 de septiembre. Se veía claro, ahora, que los marxistas se hallaban en plena derrota. Fue el último Congreso. El Congreso dc los federalistas fue muy frecuentado. Elaboró nuevos estatutos para la Internacional. El Consejo General fue suprimido.
La cuestión de la huelga general fue discutida, aunque no fue definitivamente solucionada visto el número restringido de organizaciones obreras en esa época. El Congreso de los marxistas fue un fracaso completo. Aparte de los delegados alemanes y austríacos, no hubo apenas otras representaciones, de forma que se vio obligado a renunciar a nuevas convocatorias para congresos ulteriores. El ala antiautoritaria y federalista se mantuvo. Mas ella también sufrió mucho, por una parte, a causa de la escisión provocada por Marx, y, por otra, a causa de la reacción general instaurada en toda Europa después de la caída de la Comuna. Todavía se celebraron tres congresos: el 3º en Bruselas, del 7 al 13 septiembre de 1874; el 4º en Berna, del 26 al 29 de octubre de 1876; y el 5º en Verviers, del 6 al 8 de septiembre de 1877. En 1877 tuvo lugar en Ginebra un Congreso general socialista de donde nació la Internacional socialdemócrata. No tardaron en entenderse las dos internacionales marxistas, y se creó una oficina común para las dos, Fue el fin de los congresos y de la Internacional.
A partir de ese momento empezó otro periodo que dio origen a la formación y organización de la internacional conocida con el nombre de Segunda Internacional.
La época que siguió fue de franca decadencia del movimiento obrero internacional. La hegemonía de Alemania sobre el continente europeo, después de la guerra de 1870-71, trajo también una preponderancia del movimiento obrero alemán sobre el de los otros países, en especial en los latinos.
Con esto, lo métodos alemanes del parlamentarismo tomaron superioridad, mientras que el ala federalista de la Primera Internacional iba declinando de día en día.
Pasaron algunos años antes que los elementos libertarios estuvieran suficientemente fuertes, en el seno del movimiento obrero, para que pudieran reunirse en un plano internacional. Con el desarrollo del sindicalismo revolucionario antiestatal se vivificó el movimiento obrero internacional en cl sentido de la tendencia antiautoritaria de la Primera Internacional. Al considerar esta tendencia, desde el punto de vista económico, a las organizaciones profesionales como los órganos llamados a guiar la lucha del proletariado consciente de su deber de clase y como los indicados para llevar a cabo la revolución social, el sindicalismo revolucionario tomó fuerza y continuó esta tendencia.
En 1913 se reunieron en Londres los delegados de las organizaciones sindicalistas revolucionarias de casi todos los países europeos y de otros lugares, con el fin de poner la primera piedra de la nueva internacional obrera que seguiría .el camino trazado por la Primera Internacional. La resolución principal adoptada en Londres decía:
El primer Congreso Internacional Sindicalista reconoce que la clase obrera de todos los países sufre la misma represión por parte del Estado y del sistema capitalista. Por tal motivo se declara en favor de la lucha de clases, de la solidaridad internacional y de la organización independiente de la clase obrera sobre la base de unión federativa.
Tiende éste a la elevación material y moral inmediata de la clase obrera hasta la destrucción total del capitalismo y del Estado.
Este declara, además, que la lucha de clases es una consecuencia necesaria de la posesión privada de los medios de producción y de distribución y que, por ende, este Congreso tiende a la socialización de esos medios.
En este sentido deben orientarse la constitución y el desarrollo de las organizaciones sindicalistas, ya que ellas están en las mejores condiciones de poder asegurar la producción y la distribución de los productos en beneficio de la sociedad entera.
Comprobando que los sindicatos internacionales no pueden realizar con éxito la lucha de clases si los obreros continúan divididos por diferencias políticas y religiosas, el Congreso declara que la lucha de clases, como tal, no podrá tener más que carácter económico, por lo que las organizaciones obreras no deben buscar el fin enunciado por medio de colaboraciones con el gobierno ni con sus aliados, y que ellas se deben apoyar únicamente en el poder de las organizaciones y en su acción directa.
Como consecuencia de esta declaración el Congreso hace un llamamiento a los trabajadores de todos los países para que se unan en organizaciones industriales, federales, independientes, sobre la base de la solidaridad internacional, con el fin de liberarse completamente de la opresión ejercida por el Estado y el capitalismo.
Desgraciadamente, la obra encaminada a conseguir la unión internacional de las organizaciones industriales revolucionarias libertarias fue interrumpida por la guerra que estalló en 1914. Todos los países se cerraron herméticamente. Toda relación internacional de los trabajadores fue casi imposible. La reacción duró hasta el fin de la guerra. La revolución en Rusia y en Europa Central creó una nueva situación. Las fuerzas dispersas del proletariado revolucionario volvieron a unirse. Sin embargo, una tentativa de continuar la obra emprendida en Londres en 1913 tuvo éxito en 1920. Ese año se celebró una conferencia sindicalista preliminar en Berlín, del 16 al 21 de diciembre. Se adoptaron las siguientes resoluciones:
1º La Internacional Revolucionaria del Trabajo se declara sin reserva alguna en pro de la lucha de clases revolucionaria y del poder de la clase obrera.
2º La Internacional Revolucionaria del Trabajo tiende a la destrucción y al aniquilamiento del régimen económico, político y moral del sistema capitalista y tiende a la fundación de una sociedad comunista libre.
3º La conferencia tiene plena conciencia que la clase obrera es la única que está en condiciones de destruir la esclavitud económica, política y moral, impuestas por el capitalismo, si aplica de manera severa y enérgica sus medios de poder económico, los cuales encuentran sus más potentes medios de expresión para lograr ese fin en la acción directa revolucionaria de la clase obrera.
4º Como consecuencia, la Internacional Revolucionaria del Trabajo hace suyo el punto de vista de que la construcción y la organización de la producción y de la distribución son tareas primordiales en la organización económica de cada país.
5º  La Internacional Revolucionaria del Trabajo es completamente independiente de todo partido político. En caso que la Internacional Revolucionaria del Trabajo decidiera una acción determinada y algún partido político o cualquier organización se declarasen de acuerdo con esa acción o viceversa, entonces, la ejecución de esta acción puede hacerse en común con esos partidos y organizaciones.
6º La Conferencia hace un llamado urgente a todas las organizaciones sindicalistas revolucionarias e industriales invitándolas a tomar parte en el Congreso convocado para el l’ de mayo de 1921 en Moscú por el Consejo Provisional de la Internacional Sindical Roja (I.S.R.) con el fin de fundar una I nternacional Revolucionara del Trabajo unificada para todos los trabajadores del mundo.
Cuando en el verano de 1921 tuvo lugar en Moscú el  Congreso constitutivo de la Internacional Sindical Roja (I.S.R.) los sindicalistas revolucionarios estuvieron allí representados en gran número. También hubo, sin embargo, organizaciones sindicalistas revolucionarias que ya en esa ’.poca adoptaban el punto de vista de no querer vivir bajo los auspicios del gobierno de Rusia. En primera línea de ese punto de vista se encontraban los sindicalistas alemanes que, con motivo de una delegación enviada a Moscú, habían hecho previamente un referéndum en sus filas que dio resultado negativo. Se suponía, por otra parte, que los comunistas rusos no tolerarían jamás una internacional sindicalista revolucionaria verdaderamente independiente, es decir antiautoritaria, ya que ellos defendían la teoría según la cual el Partido debía ejercer una dictadura sobre uniones profesionales. Esta suposición estaba plenamente justificada, Habiendo formado una mayoría con arreglo a sus deseos, los usos lograron ahogar la opinión de los sindicalistas revolucionarios, Pero ya en Moscú la minoría estrechó sus lazos poniéndose de acuerdo acerca de la publicación de un manifiesto contra el Congreso. En el Congreso de los anarcosindicalistas en Dusseldorf en el otoño de 1921, tuvo lugar una pequeña conferencia internacional con delegados de Estados Unidos, Suecia, Holanda y Alemania.
En esa conferencia se tomó la decisión de convocar en Berlín, al año siguiente, una conferencia internacional de las organizaciones que no estuvieron de acuerdo con las decisiones del Congreso de Moscú. Esa conferencia preliminar de los sindicalistas tuvo lugar en Berlín, del 16 al 18 de junio de 1922. Estaban representadas en ella: La Frei Arbeiter Union Deutschlands (Alemania), la Unione Sindicale Italiana (Italia), la Confederación General del Trabajo Unitaria (Francia), la Confederación Nacional del Trabajo (España), la Sveriges Arbetaren Centralorganization (Suecia), la Norsk Sindikalistisk Federation (Noruega), la minoría sindicalista de las uniones profesionales rusas y la Federación Obrera Regional Argentina. Fue admitido como observador un representante de las uniones profesionales rusas.
La última gran discusión con las uniones profesionales rusas tuvo lugar en esta conferencia. En el momento que debía ser elaborada una resolución de protesta contra las persecuciones de los obreros revolucionarios, los representantes de la minoría sindicalista de Rusia intentaron también abogar por la liberación de los revolucionarios encarcelados en la Rusia soviética. El representante de las uniones profesionales rusas, Andreieff, defendió los puntos políticos del gobierno ruso. Estalló entonces una dura discusión. Finalmente, fue nombrada una Comisión que presentó claramente al representante de las uniones profesionales rusas, las dos cuestiones siguientes:
lº ¿El Comité Central de las uniones profesionales rusas piensa intervenir, de manera formal, con vistas a la liberación de todos los sindicalistas y anarquistas encarcelados por sus ideas?
2º ¿Tiene el mismo Comité la intención de exigir que los camaradas puedan desarrollar libremente sus actividades revolucionarias dentro de las uniones profesionales, a condición de que no luchen contra el gobierno ruso con las armas en la mano?
La respuesta a esas cuestiones fue dada por tres veces, pero siempre equívoca. Se vio con claridad que el gobierno ruso era defendido por las uniones profesionales rusas. La Conferencia se pronunció entonces en favor de los revolucionarios encarcelados en la Rusia soviética. Cuando el representante de las uniones profesionales rusas comprendió que tenía la partida perdida abandonó la Conferencia. Desde ese momento la separación de las uniones profesionales autoritarias de la Rusia soviética y de las organizaciones sindicalistas revolucionarias antiautoritarias fue un hecho definitivo. La Conferencia elaboró en diez tesis una declaración de principios del sindicalismo revolucionario que fue aprobada unánimemente. Esta declaración fue adoptada casi íntegramente por el Congreso constitutivo ulterior de la Asociación Internacional de los Trabajadores, La citamos más abajo. A continuación la Conferencia adoptó una resolución contra la Internacional Roja, pues, según se afirmaba en aquella resolución no se veía la verdadera base sobre la cual podría unirse el proletariado revolucionario del mundo entero. Se constituyó una oficina provisional que debía convocar a un congreso internacional de los sindicalistas revolucionarios.
A ese congreso fueron invitadas también las organizaciones adheridas a la Internacional Roja. La sede de la oficina fue fijada en Berlín.
En fin, del 25 de diciembre de 1922 al 2 de enero de 1923 tuvo lugar, en Berlín, el Congreso constitutivo de los sindicalistas revolucionarios. En ese Congreso estaban representadas las organizaciones sindicales revolucionarias de Argentina, Chile, Dinamarca, Alemania, Francia (Comité de defensa sindicalista), Holanda, Italia, México, Noruega, Portugal, Rusia (la minoría), Suecia, España, Checoslovaquia la minoría. Allí se aprobó la declaración de principios, se elaboraron los estatutos y se adoptó el nombre de Asociación Internacional de los Trabajadores. Así resucitó la A.I.T.” tanto de nombre como en esencia,
La A.I.T. tuvo su II Congreso en Holanda, en la primavera de 1925. La organización se consolidó. Tomó claramente posición  frente a las otras tendencias dentro del movimiento  obrero.
Digna de señalar es la resolución de clausura del III Congreso, celebrado en 1928, en Lieja (Bélgica), en la que se decía: ...
El proletariado debe, en efecto, recordar constantemente que su liberación no será posible más que en la desaparición del orden social existente y que únicamente cuando haya conquistado los medios de producción de distribución y de cambio podrá instaurar el verdadero socialismo, permitiendo al individuo expansionarse libremente.
Veinticinco países estuvieron representados en el IV Congreso, celebrado en Madrid, en junio de 1931. Congreso laborioso y de trascendental importancia, fijó normas de organización de las Federaciones Internacionales de Industria y se pronunció netamente contra las doctrinas nacionalistas y contra el fascismo.
En el V Congreso, celebrado en París en el verano de 1935, el estudio se centró sobre la situación que se había creado con la victoria del fascismo y la contrarrevolución en América :Latina, Austria, Alemania, Italia, Portugal y otros países.
Aquella preocupación la comprobación del peligro creciente que ella representaba y la adopción de medidas defensivas necesarias no impidió que, a su vez, fuesen examinadas cuestiones de orden interno, introduciéndose algunas modificaciones en sus estatutos.
Después del VI Congreso (París 1938), las actividades de la Internacional habían de sufrir una momentánea reducción. El conflicto mundial desencadenado por el nazifascismo en 1939 rompió en gran parte las relaciones del Secretariado Internacional (radicado en Suecia) con las respectivas secciones.
El VII Congreso no se celebró hasta 1951, en Toulouse (Francia), Asistían al mismo delegaciones de la Sección Española (representaciones de la organización clandestina del interior y del exilio), de Bulgaria (exilio), Suecia, Inglaterra, Alemania, Argentina, Italia, Holanda, Noruega, Dinamarca, Austria y Cuba. Entre las resoluciones fundamentales de aquel comicio conviene señalar la de la creación de subsecretariados internacionales en áreas geográficas o lingüisticas.
En el mes de julio de 1953, en la ciudad de Puteaux (Francia), se celebró el VIII Congreso Internacional, con la asistencia de 19 delegaciones, de las cuales 5 estaban en calidad de observadores. Este Congreso puso punto final al problema planteado en el seno de la A.I.T. por la actitud de la C.N.T. española durante la guerra civil y la revolución en aquel país, reconociendo que aquella actitud de colaboración de carácter transitorio, había sido superada y zanjada por los acuerdos de esta misma Sección en su Congreso de 1945, en París.
Participaron en el IX Congreso (Marsella – Francia – 1956) las secciones de Suecia, Dinamarca, Francia, Noruega, España, Uruguay, Argentina, Italia, Bulgaria, Chile, Holanda y Gran Bretaña. En el mismo comenzaron a señalarse las diferencias fundamentales que iban a provocar años más tarde la separación de las secciones holandesa y sueca, partidarias de una adaptación de los principios y tácticas de la A.I.T. a las situaciones especiales que pudieran plantearse en cada país, abandonando la acción directa y encaminándose hacia las tácticas de cogestión.
El Congreso, después de varias sesiones dedicadas a la discusión de este aspecto fundamental, ya que iba a determinar un cambio completo de línea revolucionaria, reafirmó netamente los principios y tácticas de la A.I.T. contra la voluntad de las dos secciones más arriba mencionadas.
El mismo problema había de venir, sin embargo, a las deliberaciones del X Congreso, celebrado dos años después, al plantearse la especial posición de la sección sueca que, por el abandono de los principios y tácticas reafirmados por la Internacional, se colocaba al margen de la misma.
Se llegó a la resolución de crear grupos de ”Amigos de la A.I.T..” allá donde la presencia de un pequeño grupo de militantes permitiese la realización de la propaganda tal como fue decidida en el Congreso.
El XI Congreso (Burdeos, 1961) se desarrolla en plena ”Guerra Fría” ; los sindicatos del mundo se orientan hacia una de las tres organizaciones internacionales reformistas: cristiana, socialdemócrata o comunista. La A.I.T., pasa por momentos difíciles, con sus Secciones más emblemáticas minimizadas por la represión estatal.
El debate sobre las relaciones con otras internacionales sindicales no estuvo ausente del XII Congreso (Puteaux, 1963).
Más constructivo resulta el XIII Congreso (Burdeos, 1967). Se estudian ponencias sobre economía, colectivismo, cooperativismo y sobre la manera de hacer más eficaz la propaganda.
El XIV Congreso, celebrado en Montpellier en 1971, hace un estudio para la penetración de la Internacional en los países subdesarrollados y se define la autogestión que durante la Revolución Española de 1936-39 se llamó colectivización y socialización.
También fue el XV Congreso (París, 1976) prolífico en resoluciones sobre la problemática del mundo: guerras por doquier, dictaduras, hambre, degradación del medio ambiente...
Al XVI Congreso (París, 1979) se incorporan nuevas Secciones y la C.N.T. española está representada, tras muchos años de dictadura, por una delegación del interior. Se estrechan las relaciones con la Internacional de Federaciones Anarquistas.
En 1984 se celebra en Madrid el XVII Congreso. Se admiten nuevas Secciones y se adoptan importantes resoluciones analizando la situación del mundo y las tensiones creadas por los dos imperialismos (U.S.A.. y U.R.S.S.) que se han repartido la hegemonía en dos zonas de influencia.
El XVIII Congreso (Burdeos, 1988) analiza una serie de problemas enraizados en el mundo laboral (paro, emigración...).
Tres años después de la caída del Muro de Berlín y del derrumbe del comunismo de Estado, se celebra el XIX Congreso (Colonia, 1992). En él se elaboran estrategias de penetración en los países del antiguo bloque soviético, así como un estudio sobre el racismo. Fruto de este Congreso será la celebración de una conferencia internacional sobre sexualidad.
A principios de diciembre de 1996 se celebra en Madrid el XX Congreso, A la alegría de dar la bienvenida a siete nuevas Secciones y a dos grupos de ”Amigos de la A.I.T.”, se une la tristeza de tener que prescindir de parte de las organizaciones de Francia y de Italia por su participación en maniobras reformistas. Se amplían los Estatutos de la A.I.T., con el fin de contemplar situaciones como la degradación del medio ambiente o la discriminación por razones de sexualidad. Se hacen más explícitas las negativas a subvenciones, cargos retribuidos y participación en comités de empresa. Se da el espaldarazo a los subsecretariados con la reactivación del latinoamericano. El futuro es esperanzador: existen Secciones de la Internacional en los cinco continentes.
En los años 2000, otras nuevas secciones entraron a formar parte de la AIT, la ASI Serbia y COB brasileña la cual fue la encargada de organizar el XXIV Congreso. Este último congreso estuvo marcado por la detención en Belgrado del secretario de la AIT, Ratibor Trivunac, junto con otros activistas de la ASI y anarquistas serbios. Así mismo la ZSP fue admitida como sección de la AIT en Polonia.



viernes, 8 de agosto de 2014

Los anarquistas


Los anarquistas son como las chinches, viven agazapados en las costuras de la sociedad, son prácticamente invisibles hasta que un día, mejor una noche, abandonan sus madrigueras y atacan a los indefensos humanos que están a su alcance, saltan de los colchones y con sus picaduras soliviantan el merecido descanso de los trabajadores.
Los anarquistas son una plaga, están por todas partes pero solo se detectan cuando pican con voracidad salvaje. Su vecino de arriba puede ser un anarquista, cuidado con los anarquistas. Los anarquistas dice el jefe superior de Policía están preparando un gran atentado aunque ellos no lo sepan. El jefe superior está bien informado porque su ministro de lo Anterior tiene línea directa con el Espíritu Santo desde que este se le apareció en un casino de Las Vegas y le atrajo de nuevo al redil diciéndole: «De que te vale ganar al black-jack si pierdes tu alma». Los anarquistas no tienen alma porque son, ante todo, unos desalmados que no respetan nada, ni la propiedad privada, ni a Dios ni al Rey, ni a la. Virgen Y hasta ahí podíamos llegar, los artefactos pirotécnicos que colocaron los anarquistas del comando Mateo Morral han despertado de su letargo a los nuevos inquisidores y a sus centuriones, el anarquismo vuelve a estar ahí, entre los radicales, los indignados, los insumisos, los republicanos, los antisistema, los del 15 M, forman parte de todas las mareas y son más difíciles de detectar que los yihadistas, por ejemplo, porque a veces no llevan barba y nunca lucen turbante. Los anarquistas prefieren el desorden a la injusticia y saben que ha llegado el tiempo de desordenar a conciencia el tinglado de la antigua farsa que se tambalea y a la que quieren seguir apuntalando  los grandes partidos. Los anarquistas dan mucho miedo a las gentes de orden y de gobierno, los anarquistas siempre están ahí para cuando los gobernantes necesiten amedrentar a sus súbditos. ¡Que viene la mano negra!. O nosotros o el caos… pues el caos, porque a ustedes ya les conocemos y cada día va a ser más difícil que nos vendan su burra. Rebuznan, luego cabalgamos.
http://cnt.es/noticias/los-anarquistas

viernes, 1 de agosto de 2014

El Anarquismo en la Revolución Rusa

Durante la revolución de 1917 y los años inmediatamente posteriores se dieron en Rusia muchos experimentos e iniciativas sociales basados en premisas de corte anarquista. Sin embargo, también en este caso la historia está escrita por los vencedores y, por lo tanto, los bolcheviques leninistas han ignorado lo que el anarquista Volin llamó "la revolución desconocida", es decir, aquella invocada desde abajo por las acciones del pueblo.
El derrocamiento del zar fue debido a la acción directa de las masas y la revolución se llevó a cabo desde un principio siguiendo esta línea, hasta que el nuevo "estado socialista" fue lo suficientemente fuerte como para detenerla. El fin del zarismo se debió a la colaboración de socialistas y anarquistas de todo el mundo, como representantes del pensamiento progresista internacional enfrentándose a la opresión secular por parte de las clases pudientes. Como tal, esta batalla y esta victoria fue celebrada por todas las izquierdas del mundo entero.
Muy pronto, el pueblo se dio cuenta de que una victoria exclusivamente política sobre el feudalismo y la burguesía no era suficiente, así que, tanto en fábricas como en talleres y el campo, los trabajadores comenzaron a tomar sus puestos de trabajo. A través de toda Rusia el pueblo comenzó a construir sus propias organizaciones autogestionarias: uniones, cooperativas, consejos (o "soviets", en ruso) y a federarlas unas con otras, es decir, un modelo de organización marcadamente anarquista.
Ya al principio de 1918, en cuanto el partido bolchevique se asentó en el poder, comenzó la eliminación física de los anarquistas, quienes, sin embargo, los habían apoyado durante todo el inicial periodo revolucionario. Hasta ese momento, los líderes bolcheviques habían disfrazado su idolatría al Estado tras el apoyo que en un principio mostraron a los soviets, producto genuino de la iniciativa popular.
Este apoyo se fue diluyendo cada vez a mayor velocidad, según los bolcheviques iban acaparando todas las parcelas administrativas y mostrando su verdadero rostro: asegurarse para ellos solos todo el ejercicio del poder, renunciando así a la verdadera revolución, al verdadero socialismo, sustituyendo, por ejemplo, la colectivización de la tierra y de los medios de producción por la apropiación por parte del Estado. O sea, un simple cambio de dueño, de "jefe".
Sistemáticamente, los bolcheviques fueron reduciendo el control de los obreros sobre campos, fábricas y empresas de todo tipo,a pesar de haber demostrado que fueron capaces de elevar la producción cuando, durante la misma revolución, estuvieron enfrentados a circunstancias muy adversas.
Al mismo tiempo que iban eliminando el poder autogestionario de los soviets se fueron encargando también de poner fuera de combate -incluyendo en muchos casos el asesinato- a sus más feroces críticos: los anarquistas, quienes, después de ayudarles en las mismas filas, durante la revolución, fueron considerados como los principales enemigos de los bolcheviques.
Lo cierto es que pocos meses después de nacer, la revolución había muerto, sustituyendo los principios del auténtico socialismo y el funcionamiento libertario de los soviets por el "Capitalismo de Estado".
El brutal aplastamiento de los alzamientos libertarios de Kronstadt y Ucrania fueron las últimas paladas de tierra que sepultaron para siempre una revolución que fue la gran esperanza emancipatoria del mundo obrero.
La última vez que se vio en Moscú un desfile de anarquistas con banderas rojinegras fue durante el entierro del ideólogo anarco-comunista Piotr Kropotkin, en febrero de 1921
El régimen bolchevique nunca vio un peligro en el ya viejo y enfermo Kropotikin , a quien le permitían vivir en Dimitrov, una localidad cercana a Moscú. Ya fallecido, su cuerpo fue trasladado a la capital para recibir allí sepultura. Sin embargo, la mayoría de los anarquistas estaban ya repartidos por varias prisiones de la recién creada Unión Soviética y, al correr la noticia de la muerte del maestro, el temor a la rebelión y al motín por no poder acudir a su entierro se apoderó de autoridades y vigilantes. Por fin se llegó a un acuerdo y se permitió salir a los ácratas bajo palabra de volver a las celdas voluntariamente una vez terminado el sepelio. Sorprendentemente, así se hizo y ningún anarquista faltó a su palabra. En la manifestación de despedida marcharon alrededor de 100.000 compañeros.
Curiosa y paralelamente al entierro de Kropotkin, comenzaba la revolución anarquista de Kronstadt, en el golfo de Finlandia. Pero, antes de adentrarnos en este hecho histórico, recordemos un poco el pensamiento de este ideólogo a través del siguiente resumen de una de sus principales obras.
P. Kropotkin, La Moral Anarquista, capítulo 5
KRONSTADT
En febrero de 1921 los marineros de la fortaleza naval de Kronstadt, en el golfo de Finlandia, comenzaron a manifestar su malestar y ya en marzo se levantaron en auténtica revuelta contra el gobierno bolchevique que ellos mismos habían ayudado a llegar al poder. Al igual que en el resto del país, los comunistas bolcheviques habían neutralizado la independencia de sus soviets y ellos no estaban dispuestos a que fuera así.
Bajo la consigna de "soviets libres" se estableció en Kronstad una comuna revolucionaria que sobrevivió dieciséis días, hasta que se envió un ejército a través de la superficie helada con el fin de aplastarla. Tras una larga y encarnizada lucha, con multitud de bajas por ambas partes, los rebeldes fueron sometidos.
"Kronstadt fue el primer intento totalmente independiente del pueblo de liberarse de todo control y llevar a cabo la revolución social. Este intento se hizo directamente, por la clase obrera, sin pastores políticos, sin líderes, sin tutores" (Volin)
Según los bolcheviques, los marineros de Kronstadt fueron agentes de una conspiración de la Guardia Blanca, pero lo cierto es que se trató de mártires que decidieron defender el auténtico socialismo. De hecho, a partir de estos sucesos, el mito de la Rusia Soviética comenzó a resquebrajarse ante los ojos de las izquierdas europeas.
VOLIN
Vsevolod Mikailovitch Einchenbaun, más conocido como Volin, era un hombre extremadamente culto para aquel momento y aquella Rusia. Su padres eran médicos y el tuvo la suerte de recibir una esmerada educación.
Tras ser encarcelado por sus actividades subversivas durante la Revolución de 1905, se fugó en 1907 y se exilió en París.
Al tener conocimiento de la Revolución de Octubre regresó a Petrogrado en 1917 con el objeto de participar en el proceso. Allí comprobó la debilidad derl movimiento anarquista debido a su falta de organización y se puso a intentar remediar el problema poniendo en contacto a los anarquistas que vivían en Rusia con los que se exiliaron en tiempos del zar y ahora volvían para ayudar en la revolución. De esto surgio la Unión de Propaganda Anarcosindicalista de Petrogrado, que decidió continuar con la publicación de "Golos Truda" ("La Voz del Trabajo", periódico anarquista que ya editaban en París los exiliados rusos). Volin fue designado redactor . Tras la victoria de la Revolución, el periódico se hizo diario y se le añadió un comité de redacción de orientación bolchevique que no fue del agrado de Volin, por lo que abandonó el periódico y se trasladó a Brobov, donde trabajó en el soviet de la ciudad encargándose de la educación popular. Más tarde trabajó en el periódico Nabat y redactó su Síntesis Anarquista, en la que cabían las trés corrientes clásicas: sindicalismo, comunismo e individualismo.
En el otoño de 1918, Volin, junto a otros compañeros, crea la Federación Anarquista de Ucrania, organización con gran capacidad de movilización debido a su enorme número de afiliados.
MAKHNÓ
Néstor Ivánovich Makhnó era, al contrario que Volin, hijo de una familia pobre que a los siete años comenzó a trabajar como pastor de ganado, pues, al morir su padre poco después de su nacimiento, tuvo que contribuir al sostenimiento de la economía familiar. Aún así, consiguió una instrucción elemental acudiendo a la escuela local cuando las labores del campo le dejaban algo de tiempo.
A los doce años comenzó a trabajar como peón en granjas de colonos alemanes y, junto a otros compañeros igualmente explotados, desarrolló muy pronto el odio hacia las injusticias sociales de que eran objeto.
Sólo con 16 años participó en los sucesos revolucionarios de 1905 y, tras contactar con diversos grupos de la insurrección, decidió organizarse en el movimiento libertario.
En 1908 fue detenido por asociación anarquista y participación en diversas acciones armadas, por lo que fue condenado a morir en la horca. Le salvó su extrema juventud y se le conmutó la pena por la de cadena perpetua. En la prisión central de Moscú conoció a Archinoff, también condenado a trabajos forzosos y mucho más culto que él. Archinoff le ayuda a instruirse en varias materias y juntos pasan todo el tiempo que les queda libre en la gran biblioteca de la cárcel.
Tras la insurrección del proletariado en Moscú, es liberado en 1917 junto a todos los prisioneros políticos.
Volvió a la aldea ucraniana en que nació, Guláy-Pole, y desempeñó una incansable actividad militante, llegando a ser presidente del soviet local, de la unión regional de campesinos y de la unión de obreros metalúrgicos y carpinteros.
En ese momento, Ucrania estaba prácticamente invadida por alemanes y austriacos y el comité clandestino revolucionario de la zona le encargó la formación de batallones de obreros y campesinos. En 1918 se traslada a Moscú para entrevistarse con teóricos anarquistas que le instruyan sobre métodos de organización, pero los encuentra muy indecisos y pasivos, dudando entre la colaboración o no con los bolcheviques. El único del que recibió consejos estimables fue del ya viejo Piotr Kropotkin. También se entrevistó con el mismo Lenin, pero salió desencantado de la charla y, a partir de ahí, receló de él.
Después de caer preso de nuevo por los austriacos y de obtener la libertad comienza a redactar manifiestos sobre la revolución social, las comunas libres y a organizar partidas de guerrilleros voluntarios que acabarían convirtiéndose en el temerario y temido…
EJÉRCITO NEGRO
El Ejército Revolucionario Insurreccional de Ucrania, más conocido como "Ejército Negro", por el color de sus banderas fue el que llevó a cabo el enfrentamiento abierto contra las fuerzas austroalemanas en Ucrania. Durante un cierto periodo se alió con el Ejército Rojo para combatir al Ejército Blanco de los grupos reaccionarios, pero el entendimiento no duró mucho.
Hasta que no fue literalmente exterminado, El Ejército Negro llevó a cabo la revolución social en Ucrania, conocida también como revolución makhnovista, por ser Nestor Makhno uno de sus principales organizadores.
Allí donde se implantaba el Ejército Negro los obreros y campesinos abolían las estructuras del Estado y el sistema capitalista ,sustituyéndolas por asambleas y federaciones de aldeas, municipios y consejos.
La zona liberada de gobiernos tradicionales pasó a llamarse Territorio Libre. Allí fueron expropiados todos los terratenientes, empresarios e industriales y los trabajadores practicaron la autogestión y una economía basada en el libre intercambio entre las comunidades urbanas y rurales. El Ejército Negro no gobernaba, sino que dejaba en libertad a la población de organizar su forma de vida, limitándose sólo a potenciarla y a defender a la población de otros ejércitos que intentaran volver a crear un Estado.
En 1919, Volin se unió a la revolución makhnovista en la sección de cultura y educación con el objetivo de organizar reuniones, charlas, consejos populares y ediciones de boletines, carteles y todas aquellas publicaciones que fueran reclamadas por los anarquistas ucranios.
EL FIN
Tras la derrota final de los anarquistas rusos y ucranianos, su encarcelamiento y deportación, tanto Makhno, como Volin y Archinoff acabaron exiliados en Paris. Allí, terminaron discutiendo y adoptanto cada uno posturas ideólogicas distintas por su diferente forma de entender el anarquismo. Uno de los principales elementos de disensión fue la creación del grupo Dielo Trouda. Pero eso será materia de otro artículo.
Sacado del escrito de José Javier González de la Paz. | Para Kaos en la Red | 14-9-2009