miércoles, 26 de febrero de 2014

El penal de Valdenoceda funcionó entre los años 1938 y 1945

El penal de Valdenoceda en Las Merindades albergó durante siete años (1938-1945) a más de tres mil presos republicanos que malvivieron y algunos murieron en condiciones infrahumanas en una antigua fábrica de sedas: en palabras de alguno de ellos una de las cárceles más cruentas de toda España. Sobre este Penal la Agrupación de Familiares de Presos Republicanos de Valdenoceda, la cual poco a poco ha ido identificado y devolviendo a sus familias los restos de algunos presos, al final de la entrada añadimos el listado de los 92 presos que quedan por identificar.
La localidad norteña de Valdenoceda (Merindad de Valdivielso)  está situada a 6 km. de Villarcayo, y a 65 de la capital , aquí se sitúa el último campo de la provincia de Burgos en incorporarse a la extensa red penitenciaria en Burgos: la Prisión Central de Valdenoceda,  que ya estaba en funcionamiento en mayo de 1938,  según se desprende de una solicitud que el General Jefe de la 6ª Región Militar eleva al Mando pidiendo que le envíen a Valdenoceda una compañía del Batallón de Orden Público nº 412 para custodiar 1.100 reclusos que habían de ser enviados a un establecimiento penal de dicho pueblo.
El penal de Valdenoceda funcionó  entre los años 1938 y 1945, etapa de la posguerra con una represión generalizada, Valdenoceda forma parte primer sistema represivo y penitenciario franquista, cuyas principales características son: su carácter masivo, la improvisación en el acondicionamiento de las instalaciones y la elevada mortalidad de la población reclusa, como todas las prisiones franquistas estuvo encaminada al genocidio de parte del País.
EL EDIFICIO
De la primera mitad del siglo XIX, debido al interés por establecer a orillas del Ebro fábricas de harinas y otros artefactos de agua. En su monografía sobre la ruta de la lana,López Sobrado et al. (2006) citan que ya en 1855 Madoz hacía referencia a la fábrica. Por otra parte, en el segundo libro Burgos en el recuerdo, Elías Rubio (1992) recoge que en 1894 el edificio seguía funcionando como fábrica de harinas. A finales del siglo XIX la familia de  Alday Maliaño (Santander) compró la fábrica de harinas para convertirla en la primera fábrica española de seda artificial. En 1928, la desmantelaron y uniéndose dicha fábrica con una empresa alemana y la casa Cros de Barcelona, se  trasladaron a al Polígono de La Milanera de Burgos donde con el tiempo pasaría a denominarse Sedera Española S.A.
Diez años más tarde, 1938, el edificio será empleado como penal  y se oficializo la función de Prisión Central por orden ministerial publicada en el BOE del 15 de noviembre de 1938, aunque funcionaba como cárcel desde tiempo antes, puesto que para esa fecha ya habían fallecido tres presos según el registro Civil. Un batallón de presos trabajadores el que acondiciono la antigua fábrica de sedas como penal.
Después de 1943 funcionó varios años como granja de animales. Hoy en día está abandonado. Los años han convertido al penal de Valdenoceda en un edificio ruinoso del que se conservan las salas comunes que servían de habitaciones y la escalera metálica que los mismos presos construyeron cuando la nieve y la lluvia se fue comiendo la que había de madera.
LAS INSTALACIONES CARCELARIAS
La improvisación y la nula voluntad política se reflejó  en la falta de instalaciones adecuadas que aseguraran unas mínimas condiciones de higiene y salubridad, en el hacinamiento, hambre, frio, suciedad y enfermedades de los presos, que a su vez que estuvieron presas en estos lugares provoco una alta mortalidad.
Los dormitorios se instalaron en los pisos superiores del penal. Allí dormían los presos y las chinches e insectos que, ante la falta de higiene, se convirtieron en compañeros de quienes cumplían pena. En las columnas de madera todavía pueden verse las marcas de las puntas que los presos colocaron para colgar sus ropas, sus petates. Asimismo, existía una zona dedicada a la enfermería y un comedor, así como una posible zona de baños o aseos, en los que de vez en cuando dejarían ir a los presos.
Parte de ese sistema, era el régimen de las celdas de castigo, situadas bajo el edificio. La zona más temida por los reclusos, y en la que muchos de ellos perdieron la vida. Ante las crecidas del Ebro, provocaba que los presos que allí se encontraban aislados pasasen horas con el agua al cuello.
Como en otros campos existió la gran presión ideológica del fascismo, a los presos que no se negaban a acudir a las enseñanzas del nacional-catolicismo y acudían a misa o se confesaban consiguieron permisos o conmutas de la pena. Al contrario contaba con un largo sótano para alojamiento de aquellos que eran catalogados como “indeseables”.
En este penal como en otros también hubo sacas,  eran llamados, subidos a un camión y nunca más se supo terminando en alguna cuneta o arrojado a alguna cueva, muy abundantes por allí, o al mismo río Ebro.
LOS PRESOS  y LA VIDA EN EL CAMPO
Algunos  presos fueron conducidos en de vagones de ganado, precintados a la salida, con sólo la escasa comida facilitada por familiares, soportando frecuentes paradas en vías muertas, sed, hambre, mareos, vómitos y defecaciones.  Hasta  Burgos donde camiones entoldados que les situaron en el Penal. Y tras 500 kilómetros de viaje, allí empezaba el calvario. Hubo presos llegados desde rincones tan dispares como Castilla-La Mancha, Andalucía, Extremadura,  Lugo, y localidades de Las Merindades. Muchos de ellos eran considerados como peligrosos para el régimen.  Convivieron sin apenas alimento, mantas o un espacio en el que guarecerse de las bajas temperaturas.
La mañana comenzaba con forzosos madrugones a toque de corneta, un cazo de achicoria levemente azucarada y después el lento pasar en el gran patio, soportando lluvia, frío, nieve, con hambre pura y dura. Los húmedos pies embutidos en almadreñas y sentados en los cajoncitos comprados al llegar, donde guardaban plato, cuchara y poco más,  así veían pasar largas horas a la intemperie.
La vida en la cárcel era dura. El invierno era, con diferencia, la peor época del Penal. De comer les ponían un caldo infame, manchado, con una sola alubia que, además, siempre tenía un gorgojo en su interior. También les daban, y ésa era toda la comida, una sardinita de lata y un minúsculo trozo de chocolate. La comida solía constituir el principal tema de conversación. Otras comidas eran una pequeña ración de patatas cocidas, reemplazadas a veces por titos. Eso era todo. El cansancio y el hambre les  iban agotando, y caían enfermos, la llamaban ‘colitis epidémica’ pero  el culpable de esa ‘epidemia’ era el sistema, que los a mal morir.
Las colas y las formaciones eran constantes. Colas para recibir la mísera pitanza, colas para el caso improbable de algún cazo más de comida, formaciones –por lo menos dos diarias- con el consabido “Cara al Sol” y gritos tibiamente contestados de “¡Franco, Franco, Franco, Arriba España!”, formaciones de las que salía algún arrestado, acusado de tremendos “delitos” (sentarse o no cantar) que terminaba dando con sus huesos en las celdas de castigo.
A los tormentos del hambre, el frío, las enfermedades engendradas por la desnutrición y el conocimiento de los fallecimientos que diariamente se producían, además de un incierto porvenir, se unían las interminables noches sin dormir, asaeteados por miles de chinches que bajaban de las viejas paredes de la antigua fábrica o se descolgaban desde los techos. Además, las legiones de ratas, algunas enormes, que circulaban con nocturnidad y descaro entre los camastros de los penados, mientras algunos las mataban a zapatazos y que eran transmisoras de enfermedades.
A los prisioneros españoles les estaba permitido comunicarse sólo con sus familias en España. A los americanos no les era permitido enviar cartas o recibirlas del extranjero, ni comunicar con la Embajada en España. Hasta las puertas de la cárcel venían las mujeres de los presos de toda España cargadas de macutos y comidas que entregaban a los guardias a la espera de que éstos se lo diesen a los suyos. Muchas iban con niños pequeños y algunas dormían en las cunetas porque no tenían dinero para pagarse una pensión.
EL OTRO CEMENTERIO DE VALDENOCEDA
En un solar de Valdenoceda se inhumaron, desde 1938 a 1943, alrededor de 154 presos perdieron la vida a consecuencia de la desnutrición, las infecciones o el frío. Trasladados por sus propios compañeros, los reclusos que perdieron la vida fueron enterrados en el cementerio municipal alejados de sus familias que, en muchos casos, nunca supieron qué fue de ellos. Cuando en 1989 la parroquia del pueblo adquirió el solar para ampliar el cementerio, al menos 39 de los 154 reclusos allí inhumados fueron sepultados por nuevos enterramientos. En 2007 arrancaron los trabajos de exhumación, recuperándose los restos de 114 presos…
Actualmente una lápida recuerda las vidas que se perdieron en el penal. Comenzó entonces un trabajo complicado. El de buscar a las familias de los más de 100 cuerpos que durante estos años han ido saliendo a la luz. Una tarea difícil, que en muchos casos no ha dado sus frutos, debido al paso del tiempo y la desorientación de las pistas. La ASOCIACIÓN DE FAMILIARES Y AMIGOS DE PRESOS DE VALDENOCEDA (BURGOS)  ha  exhumado el 80% de los restos humanos de represaliados republicanos muertos en la Prisión de Valdenoceda y enterrados en la fosa común de esta localidad burgalesa. Mediante la difusión de los datos, ya han encontrado a los familiares de 59 de ellos, pero aún faltan 92.
Como no podía ser de otra forma, las tareas de exhumación de los restos de los presos, que están enterrados en el actual Cementerio Parroquial de Valdenoceda han sido realizadas por  un equipo de antropólogos de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, dirigido por el Director de Antropología de esta Institución, Jimi Jiménez.
LISTADO DE CIUDADANOS DE LAS MERINDADES QUE SABEMOS QUE MURIERON  EN LA PRISION DE VALDENOCEDA

Video testimonio de cuatro supervivientes de la prisión de Valdenoceda. Hablan Isaac Arenal, Ernesto Sempere, Gabriel Martínez y Severiano Arnáiz.

jueves, 20 de febrero de 2014

Ucrania y el movimiento libertario makhnovista

Si en la historia hay sucesos cuya existencia ha sido tratada de borrar por todos los medios por los gobiernos y discursos, probablemente el majnovismo sea uno de los más golpeados por el olvido.

La revolución rusa, como toda revolución, fue un levantamiento del pueblo hacia el poder establecido, un grito de una multitud hastiada del sistema imperante, llena de ideales que cumplir.

Como toda revolución, no fue monolítica, no tuvo una sola ideología detrás, pero una de ellas fue el anarquismo... Y este gestó con gloria al sur de Ucrania, su primera experiencia efectiva, en 1917.

Se crearon comunas libres, sin gobierno, aplicando de forma efectiva las ideas de Proudhon, Bakunin y Kropotkin... El territorio era inicialmente alrededor de 260 kilometros cuadrados, llenos de comunas autogobernadas y autogestionadas, que una vez comenzada la revolución rusa se levantaron como una fuerza armada revolucionaria conocida como el ejército negro.

El ejército negro, dirigido por Néstor Majno (de ahí el nombre) defendía la autonomía de los pueblos a la vez que liberaba progresivamente más comunas campesinas del yugo del estado y las fuerzas armadas de la reacción. Era integrado por campesinos de las comunas que se  alistaban voluntariamente, pero bajo ninguna circunstancia tenia control sobre las decisiones de las comunas, distritos y regiones del territorio libre, que llegó a alcanzar el sureste ucraniano, la rivera del mar negro y la península de Crimea... Un total aproximado de siete millones de personas.

Cada territorio se organizaba en asambleas plenarias que acordaban tras conversación, discusión y consenso, por lo que cada campesino sabía exactamente (y sin imposición de por medio) como actuar en cada circunstancia.

El ejército negro a su vez, en audaces actos de guerrilla liberaba territorio del control de las tropas zaristas, y en varias circunstancias colaboró con las tropas del ejército rojo.

A medida que la revolución rusa avanzaba, la bolcheviquización de esta, y el control de las comunas por los comisarios del partido bolchevique chocó con la autonomía y autodeterminación del territorio libre, lo que llevó a Trostky a mantener la alianza con el ejército negro para eliminar la amenaza blanca por el frente ucraniano, para luego atacarlo por contaminar a las masas.

Terminada la guerra los dirigentes del ejército negro serian invitados a una mesa de dialogo donde serían apresados y fusilados a traición, 150.000 soldados del ejército rojo atacarían el territorio libre que con alrededor de tres mil guerrilleros sobrevivientes de la guerra contra las fuerzas blancas y del occidente contra-revolucionario.

Con todo, no lograron hacer frente a la avasalladora y sorpresiva carga del comité central de Moscú.

La entrada del ejército rojo al territorio libre marcaría el final de la autonomía anarquista ucraniana, alrededor de 200.000 campesinos serian fusilados en la invasión y muchos más serian deportados a los campos de trabajo de Siberia.

El ejército negro combatiría hasta el último hombre bajo el grito de ¡Vivir libres o morir combatiendo!, provocándole con las pocas tropas que quedaban una campaña más larga y más compleja de lo esperado al comité central de Moscú.

Sin embargo, pese a todo, el desgaste, el hambre y la traición acabarían finalizando su cabalgata a mediados de 1921, con sus últimos 100 guerrilleros batiéndose en retirada contra la metralla del ejército rojo, con Majno y casi la mitad de los soldados heridos, cruzando el Rio Dniester hacia Rumania.

Los pocos sobrevivientes del ejército negro y el territorio libre emigrarían lejos de la URSS, donde contarían la historia de Majno y las comunas anarquistas de Ucrania... Majno no volvería a Ucrania y moriría en Paris... Allí, en el ocaso de su vida, conocería a un joven anarquista llamado Buenaventura Durruti, y pondría en alerta al anarquismo occidental del otro rostro del marxismo leninista.

Para terminar, del testamento del majnovismo, nos queda la frase:

"¡Proletarios del mundo: bajad a vuestras profundidades y buscad en ellas la verdad: creadla vosotros mismos! Que en otra parte alguna la encontraréis."
Video:
Néstor Makhno , campesino de Ucrania


viernes, 14 de febrero de 2014

CRÓNICA DE LOS ACTOS DEL 8 DE FEBRERO: HOMENAJE A LAS VÍCTIMAS Y REPRESALIADOS DE LA GUERRA CIVIL POR LA CNT MÁLAGA

Resumen de los actos del 8 de febrero en homenaje a las víctimas y represaliados de la guerra civil por la CNT de Málaga.
El acto programado comenzó con una acción informativa en el barrio de la Cruz de Humilladero, donde colocamos algunos carteles recordando la desbandá, tal y como se recuerda la trágica huida por la carretera de la muerte de Málaga a Almería en febrero de 1937, cuando las tropas fascistas entraron en Málaga con ansias de venganza y exterminio.
Nuestros folletos narraban estos los hechos y se dio lectura a los mismos  por parte de los afiliados y simpatizantes de este sindicato. Posteriormente nos dirigimos a visitar el monumento a la Memoria, panteón colectivo que guarda 2840 cuerpos exhumados en el cementerio San Rafael, exhumación efectuada entre el año 2006 y el 2009: aquí fueron fusiladas más de 5000 personas.
Esta obra, que fue inaugurada el 11 de enero de 2014, día en el que se dieron cita, además de familiares de víctimas, el Ayuntamiento, representantes del gobierno central, la Asociación de la Memoria Histórica de Málaga, así como diferentes organizaciones sindicales (también la CGT), aunque “olvidaron” incluir a la CNT de Málaga, a pesar de ser la organización que mayor número de víctimas tuvo en esos negros episodios durante la guerra. Fuimos ninguneados y no invitados a dicho acto. No asistimos, y hemos decidido por tanto hacer una visita como CNT y acompañarlo de los actos que aquí se relacionan, además de haber enviado una carta a la Asociación, explicando nuestra postura y queja.
El acto empezó con la presentación a cargo de Francisco Cortes del trabajo allí realizado para desenterrar los cuerpos, quien subrayó la falta todavía de muchos de ellos por desenterrar
Durante el emotivo acto al que asistimos se leyó un escrito (2) de un compañero recientemente fallecido, y que sufrió la represión, en el que recordaba lo vivido en la carretera a Almería junto a miles de malagueños. Posteriormente se leyeron poemas en honor y reconocimiento a todos ellos.
Ya por la tarde, tras una comida confederal en el sindicato, se completó la jornada con unos breves documentales acerca de la exhumación de los cuerpos en las fosas de San Rafael, acompañados de las explicaciones que ofreció Francisco Cortés, responsable de la memoria histórica de la CNT de Málaga, y que ha seguido y estudiado todo lo referente a las fosas en Málaga. Fruto de ese trabajo, se ha elaborado una gran base de datos con miles de registros que permanecen almacenados hasta su organización próximamente en una "web-base de datos" en construcción.
Igualmente explicó que, aunque loable, el trabajo realizado ha supuesto un enorme gasto económico y no ha sido capaz de recuperar todas las fosas sino solo algunas de ellas. Queda abierta la incógnita de que puedan ser objeto de venta los terrenos que albergan muchas otras víctimas, ya que el suelo es catalogado urbanizable, y esto es algo que no debería ocurrir. Así la construcción en esos terrenos de un parque dedicado a la memoria, investigación y divulgación de lo que significó la guerra civil y la represión franquista es algo que queda por reivindicar por parte de todos los malagueños que tienen un mínimo de dignidad humana.
Acabamos finalmente con la proyección ofrecida por el compañero Antonio Jiménez de algunos extractos de vídeo que son la memoria oral del sindicato ya que se trata de entrevistas a compañeros mayores que nos han abandonado en los últimos años, y que nos explicaban con detalle en primera persona cómo fue ese primer día del golpe, frustrado por la ciudadanía en Málaga (S. Fernández ), nos hablaban de la fuerza y capacidad de los militantes de la CNT y la FAI, y de la manera en que vivieron las colectividades con su inmensa capacidad de autogestión, así la de Játiva que relata A. Caro  o Josefina Fuentes, o cómo era la vida de un joven trabajador durante la II República y fue perseguido por ser simplemente de la CNT cuando entraban las tropas en la ciudad (Manuel Sánchez, Antonio Morcillo ), explicando todos ellos su vinculación al sindicato durante toda su vida.
Para finalizar se proyectó un documental sobre la carretera de la muerte: "Málaga 1937 memoria de una huida"



Publicado Juventudes Libertarias de Málaga
El pasado olvidado, la historia cambiada, el porqué de los nombres de nuestras calles y barrios. Nombres manchados de sangre…
El día 7 de febrero de 1937 las tropas fascistas del ejército nacional, lideradas por el genocida Queipo de Llano, rodean la ciudad y entran, finalmente, por la tarde.
Desde aquella mañana se produce el mayor éxodo de una población de la historia europea; más de 150.000 mujeres, niñxs, ancianxs y hombres huyen, a pie en su inmensa mayor parte, por la carretera hacia Almería bajo el fuego intenso de los bombardeos fascistas desde mar y aire, y la persecución por tierra de las tropas italianas.
Aquella columna de niñxs perdidxs, ancianxs esperando su muerte fatigadxs, madres teniendo que dejar atrás a sus hijxs muertxs por el fuego faccioso, entre otras calamidades indescriptibles, ha sido silenciada por la reacción vencedora, borrada de los libros de historia, minimizada cuando se veía reflejada en algún momento…
A veces el pasado brota para recordarnos la historia, en memoria de esta columna de olvidadxs, abandonadxs a su suerte, en las calles, en los barrios….
Este es el homenaje que las Juventudes Libertarias de Málaga queremos hacer a las víctimas de la sinrazón fascista, a lxs olvidadxs por la historia por pretender la libertad.


viernes, 7 de febrero de 2014

La toma de Málaga y la “carretera de la muerte”


El domingo 7 de febrero de 1937, las fuerzas republicanas dan la orden de evacuar la ciudad de Málaga.
Aunque las investigaciones nos confirman que ya el día 6 hay personas detenidas, aunque oficialmente las tropas fascistas no entraran hasta el día 8 de febrero.
Es entonces cuando miles de personas huyeron de la ciudad antes la inminente llegada de las tropas franquistas. Muchos esperaron hasta el día siguiente para partir, pensando que la resistencia aún era posible.

Finalmente entre 150.000 a 200.000 personas huyeron por miedo a la ofensiva lanzada por el general Queipo de Llano. Los  malagueños provenientes de diferentes puntos de la provincia comenzaron así su terrible odisea de hambre, terror, desaparecidos, muertes...

La “carretera de la muerte” fue testigo de la crueldad infinita del, mal llamado, ejército nacional. Algunos huían en sus coches, otros en tren, pero por la escasez de gasolina, muchos huyeron a pie,  cargando con comida, ropas y demás utensilios, utensilios de los que después se  tendrían que desprender para intentar sobrevivir.

A la vez que intentaban la huida en terribles condiciones, eran bombardeados por tierra, mar, y aire, eran masacrados de forma indiscriminada  hombres, mujeres y niños, esos niños que perdieron su infancia  en esa “carretera de la muerte”.

La carretera estaba formada por una alfombra humana de varios kilómetros , alfombra que se iba mermando a medida que tropas, aviones o barcos bombardeaban y asediaban a las miles de personas que trataban de huir de la muerte, todo ello, bajo la mirada pasiva de la Comunidad Internacional y su política de no intervención, que permitió esa masacre. La cifras de que pudieron perder la vida en esta carretera en torno a 15.000 personas.

Día tras día iban perdiendo la vida cientos de personas, otras quedaban mal heridas, sin socorro alguno, aliviados solo por personas como Norman Bethume y su unidad móvil de transfusión de sangre que salvaron muchas vidas. Ya que la gente al verlos pasar les cerraban las puertas por miedo a quedarse sin nada y a las posibles represalias.

Es tal la crueldad de las “tropas nacionales”  que por primera vez se ensaya lo que se conoce como carrusel, una técnica de bombardeo aéreo, en la que 9 aviones bombardean uno tras otro el mismo punto, y así sucesivamente para desmembrar la huida  y aniquilar todo lo que se ponga en su camino.

Una  vez la caravana humana llega a Motril, se ve asaltada por las tropas franquistas, y mientras la mitad de ella sigue por la carretera de la costa hacía Almería, la otra mitad deshace el camino ya andado, volviendo a Málaga para ser, sin saberlo, vilmente asesinados.

Finalmente los que alcanzaron su destino, lo hicieron dejando atrás compañeros y familiares en el camino, entre muertos, extraviados, y desaparecidos.

La gente que sufrió y vivió ese drama no solamente de agonizar, de morirse de hambre, de ver sus padres e hijos morir, a los que quedaban ensangrentados en la carretera y a la gente sin enterrar, después de ese dolor, solo recibieron la ofensa del silencio, la ofensa de un silencio que se mantiene así durante mucho tiempo.

JORNADA DE MEMORIA HISTÓRICA EL 8 DE FEBRERO EN LA CNT-AIT MÁLAGA


martes, 4 de febrero de 2014

CNT: de la reconstrucción a la ruptura (1976-1980).


El presente trabajo es un conjunto de notas sobre el periodo que va desde la reconstrucción de CNT, en 1976, hasta su ruptura en dos sectores, en 1979-1980. Quizá pueda parecer al lector que, en estas notas, prevalece una óptica catalana, limitada a las circunstancias que se producen en la organización catalana, lo que se explica por dos motivos: por un lado, porque quien esto escribe es un veterano militante de Badalona, implicado, básicamente, en la realidad orgánica catalana; en segundo lugar, porque –al menos, esa es mi opinión– ha sido en Catalunya donde se han ventilado los conflictos determinantes de este difícil período para la Confederación.
A finales de 1975, la CNT del interior reproduce fielmente los problemas del exilio. Este se fracciona por segunda vez en 1965, durante el Congreso de Montpellier, en dos grupos: la tendencia más moderada o posibilista, con sede en Narbonne (también conocida por tendencia Frente Libertario, que se corresponde al título del periódico editado por ellos) y el sector supuestamente «purista» del Secretariado Intercontinental, radicado en Toulouse (denominado sector Rue Belfort, en cuya calle está enclavada su sede). Ambas fracciones pugnan por conquistar la hegemonía de la organización del interior, sacudida esta última, además, por el problema de los cincopuntistas. Así, tras la muerte de Franco, existen en Catalunya tres autodenominados Comités Regionales: uno con sede en Mataró, conectado con Narbonne; otro localizado en Tarrasa, dependiente de Toulouse; y un tercero, con sede en Barcelona, donde se agrupan los restos del cincopuntismo. Además, hay otros grupos de orientación libertaria no adscritos a ninguno de los Comités Regionales: el grupo Solidaridad, la gente del Movimiento Comunista Libertario (MCL), etc.
El día 29 de febrero de 1976, tiene lugar una asamblea en la barriada de Sants (Barcelona) donde coinciden buena parte de estos colectivos –en los que predominan elementos ligados a Narbonne con él objetivo de reorganizar la CNT. Los precedentes de dicha asamblea habían sido, ciertamente, jugosos.
Ya el día 1 de febrero de 1975, el periódico Frente Libertario, publicado, como hemos dicho, por el sector del exilio de Narbonne, lanza un editorial con tres puntos en los cuales pasa por encima de la guerra civil latente y da pautas para una posible reorganización de la CNT, una vez desaparecido el régimen franquista.
El mismo mes de febrero, en el interior, un titulado Comité Nacional de la CNT-AIT (un comité fantasma aparece en Madrid, vinculado a la facción de Toulouse, en el que pululan un tal Fernando y un tal Luque) edita un manifiesto denunciando la propuesta de los de Frente Libertario.
El 16 de enero de 1976 (casi en vísperas de la celebración de la asamblea de Sants), el periódico editado en Francia Le Combat Syndicaliste, adscrito a la tendencia de Toulouse, publica un comunicado dirigido a «todas las Regionales, Comarcales y Federaciones Locales» de una supuesta CNT en la clandestinidad –que sólo está en el caletre de un hombre ya difunto, Germinal Esgleas, compañero de Federica Montseny– poniendo en guardia ante lo que consideran es una maniobra de los de la «otra parte».

Paralelamente, en el interior, un grupo de viejos militantes de CNT, que no ven demasiado claro el proyecto de asamblea en Sants, sostienen conversaciones para salir a la luz pública e intentar reorganizar la Confederación. No hay pretensiones de legitimidad histórica, del tipo de las esgrimidas por los de Toulouse, pero sí hay una diferencia crucial con respecto a los organizadores de la asamblea de Sants: se busca una reorganización controlada, no un batiburrillo que nadie sabe cómo acabará. Todo está preparado para celebrar una reunión previa en un salón de reuniones del actual Hogar del Jubilado de la barcelonesa calle de Bach de Roda. Sin embargo, los organizadores de la asamblea de Sants maniobran, lanzando la calumnia de que «los verticalistas están organizando una reunión para ir a la creación de la CNT». El juego sucio ya no es patrimonio exclusivo de ningún sector concreto. No citamos nombres pero, si un día es necesario, se podrán dar.
Así las cosas, la asamblea celebrada en Sants nombra un Comité Regional y supone el relanzamiento definitivo de la organización. Con algunas coletillas curiosas, como la lucha terrible entre los dos carnets venidos de ambas facciones del exilio. Los de Toulouse acaban sumándose al carro y ya compiten por estar en el candelero de los próximos actos públicos que se organicen.
Crisis y escisión
Luego, en julio de 1977, el gran mitin de Montjuic, con una asistencia –creo que inesperada para todos­– de varios centenares de miles de personas. Se produce, entonces, el aluvión de afiliados en los sindicatos, cuya cifra iba a llegar, en Catalunya, a unos cien mil.
Poco después, una convocatoria trascendental: las Jornadas Libertarias. Con prolegómenos conflictivos: el Comité Regional de Catalunya se niega a asumir la convocatoria e igual ocurre con la Federación Local de Barcelona; sin embargo, la solicitud dirigida a las autoridades gubernativas para su celebración lleva el sello del Comité Regional. El escándalo provocado por lo sucedido en el Parque Gü̈ell, donde se dio una imagen pública que nada tenía que ver con un sindicato obrero, supone el comienzo del fin.
La resurgida FAl inicia su escalada hacia el control de la organización, en clara conexión con el sector de Toulouse del exilio. Le acompañan en sus apetencias otros grupos específicos: la Federación Ibérica de Grupos Anarquistas (FIGA), los Grupos Autónomos Anarquistas… Después, el 15 de enero de 1978, vendría la manifestación contra el Pacto de la Moncloa y lo que tras ella siguió, es decir, cuatro compañeros de la CNT, trabajadores de la sala de fiestas Scala, quemados vivos por la acción de varios provocadores a sueldo.
Los conflictos se agudizan. Los plenos de sindicatos acuerdan, en unos casos, la solidaridad con los detenidos a raíz del incendio del Scala y, en otros, resuelven desligar a la Confederación de tan terribles sucesos. Los grupos específicos hacen bandera de los detenidos.
Las reuniones, los plenos, se van vaciando de gente. La táctica de los faístas y sucedáneos da resultado; prolongar las reuniones hasta altas horas de la noche y, cuando los trabajadores de a pie –los que tienen que levantarse a primera hora de la mañana siguiente para acudir al trabajo– abandonan la reunión, votar lo que les interesa.
En el verano de 1978, todos los sectores ajenos a la FAI, se aglutinan en los llamados Grupos de Afinidad Anarcosindicalista, con el fin de frenar el auge faísta. Pero es tarde y, además, el conglomerado de los Grupos de Afinidad es enormemente heterogéneo. Poco más tarde, las cosas adoptan un color más feo: Sebastián Puigserver, Secretario de Organización del Comité Nacional y destacado impulsor de los Grupos de Afinidad, recibe una paliza de manos de unos «desconocidos». Empiezan a producirse las expulsiones de integrantes de los Grupos –los «paralelos», como los motejan los faístas–.

El V Congreso de la CNT, celebrado en Madrid en diciembre de 1979, es el escenario del estallido. Estallido precipitado por el hecho de que, en el Congreso, se debían rendir cuentas económicas del exilio. La ruptura evita que los enviados de Toulouse expliciten lo acaecido con el patrimonio de la CNT llevado al exilio.
Tras este tumultuoso Congreso, la corriente antifaísta organiza comisiones impugnadoras de los acuerdos congresuales. La ruptura ya está, prácticamente, consumada. El Congreso Extraordinario celebrado, en Valencia los días 25, 26 y 27 de julio, sentencia la crisis: ya hay dos CNT disputándose las siglas, una que agrupa a la corriente faísta (CNT-AIT o CNT-V Congreso) y otra aglutinando a los partidarios de una CNT autónoma (CNT-Congreso de Valencia o, familiarmente, CNT renovada).
José COSTA FONT  
Publicado en Polémica. n.º 4-5, junio 1982





jueves, 30 de enero de 2014

Biografía: León Tolstói

(Liev Nikoláievich Tolstói; Yasnaia Poliana, 1828 - Astapovo, 1910) Escritor y ruso. Hijo del noble propietario y de la acaudalada princesa María Volkonski, Tolstói viviría siempre escindido entre esos dos espacios simbólicos que son la gran urbe y el campo, pues si el primero representaba para él el deleite, el derroche y el lujo de quienes ambicionaban brillar en sociedad, el segundo, por el que sintió devoción, era el lugar del laborioso alumbramiento de sus preclaros sueños literarios.
El muchacho quedó precozmente huérfano, porque su madre falleció a los dos años de haberlo concebido y su padre murió en 1837. Pero el hecho de que después pasara a vivir con dos tías suyas no influyó en su educación, que estuvo durante todo este tiempo al cuidado de varios preceptores masculinos no demasiado exigentes con el joven aristócrata.
En 1843 pasó a la Universidad de Kazán, donde se matriculó en la Facultad de Letras, carrera que abandonó para cursar Derecho. Estos cambios, no obstante, hicieron que mejorasen muy poco sus pésimos rendimientos académicos y probablemente no hubiera coronado nunca con éxito su instrucción de no haber atendido sus examinadores al alto rango de su familia.
Además, según cuenta el propio Tolstoi enAdolescencia, a los dieciséis años carecía de toda convicción moral y religiosa, se entregaba sin remordimiento a la ociosidad, era disoluto, resistía asombrosamente las bebidas alcohólicas, jugaba a las cartas sin descanso y obtenía con envidiable facilidad los favores de las mujeres. Regalado por esa existencia de estudiante rico y con completa despreocupación de sus obligaciones, vivió algún tiempo tanto en la bulliciosa Kazán como en la corrompida y deslumbrante ciudad de San Petersburgo.
Al salir de la universidad, en 1847, escapó de las populosas urbes y se refugió entre los campesinos de su Yasnaia Poliana natal, sufriendo su conciencia una profunda sacudida ante el espectáculo del dolor y la miseria de sus siervos. A raíz de esta descorazonadora experiencia, concibió la noble idea de consagrarse al mejoramiento y enmienda de las opresivas condiciones de los pobres, pero aún no sabía por dónde empezar. De momento, para dar rienda suelta al vigor desbordante de su espíritu joven decidió abrazar la carrera militar e ingresó en el ejército a instancias de su amado hermano Nicolás. Pasó el examen reglamentario en Tiflis y fue nombrado oficial de artillería.
El enfrentamiento contra las guerrillas tártaras en las fronteras del Cáucaso tuvo para él la doble consecuencia de descubrirle la propia temeridad y desprecio de la muerte y de darle a conocer un paisaje impresionante que guardará para siempre en su memoria. Enamorado desde niño de la naturaleza, aquellos monumentales lugares grabaron en su ánimo una nueva fe panteísta y un indeleble y singular misticismo.
Al estallar la guerra de Crimea en 1853, pidió ser destinado al frente, donde dio muestras de gran arrojo y ganó cierta reputación por su intrepidez, pero su sensibilidad exacerbada toleró con impaciencia la ineptitud de los generales y el a menudo baldío heroísmo de los soldados, de modo que pidió su retiro y, tras descansar una breve temporada en el campo, decidió consagrarse por entero a la tarea de escribir.
Lampiño en su época de estudiante, mostachudo en el ejército y barbado en la década de los sesenta, la estampa que se hizo más célebre de Tolstoi es la que lo retrata ya anciano, con las luengas y pobladas barbas blancas reposando en el pecho, el enérgico rostro hendido por una miríada de arrugas y los ojos alucinados. Pero esta emblemática imagen de patriarca terminó por adoptarla en su excéntrica vejez tras arduas batallas para reformar la vida social de su patria, empresa ésta jalonada en demasiadas ocasiones por inapelables derrotas.
Durante algún tiempo viajó por Francia, Alemania, Suiza..., y de allí se trajo las revolucionarias ideas pedagógicas que le moverían a abrir una escuela para pobres y fundar un periódico sobre temas didácticos al que puso por nombre Yasnaia Poliana. La enseñanza en su institución era completamente gratuita, los alumnos podían entrar y salir de clase a su antojo y jamás, por ningún motivo, se procedía al más mínimo castigo. La escuela estaba ubicada en una casa próxima a la que habitaba Tolstoi y la base de la enseñanza era el Antiguo Testamento.
Pronto fue imitada por otras, pero su peligrosa novedad, junto a los ataques del escritor contra la censura y a su reivindicación de la libertad de palabra para todos, incluso para los disidentes políticos, despertó las iras del gobierno que a los pocos años mandó cerrarla. Era uno de los primeros reveses de su proyecto reformador y uno de los primeros encontronazos con las fuerzas vivas de Rusia, aunque no sería el único. Sus discrepancias con la Iglesia Ortodoxa también se hicieron notorias al negar abiertamente su parafernalia litúrgica, denunciar la inútil profusión de iconos, los enrarecidos ambientes con olor a incienso y la hipocresía y superficialidad de los popes.
Además, cargó contra el ejército basándose en el Sermón de la Montaña y recordando que toda forma de violencia era contraria a la enseñanza de Cristo, con lo que se ganó la enemistad juramentada no sólo de los militares sino del propio zar. Incluso sus propios siervos, a los que concedió la emancipación tras el decreto de febrero de 1861, miraron siempre a Tostoi, hombre tan bondadoso como de temperamento tornadizo, con insuperable suspicacia.
A pesar de ser persona acostumbrada a meditar sobre la muerte, el trágico fallecimiento de su hermano Nicolás, acaecido el 20 de septiembre de 1860, le produjo una extraordinaria conmoción y, al año siguiente, se estableció definitivamente en Yasnaia Poliana. Allá trasladará en 1862 a su flamante esposa Sofía Behrs, hija de un médico de Moscú con quien compartió toda su vida y cuya abnegación y sentido práctico fue el complemento ideal para un hombre abismado en sus propias fantasías.
Sofía era entonces una inocente muchacha de dieciocho años, deslumbrada por aquel experimentado joven de treinta y cuatro que tenía a sus espaldas un pasado aventurero y que además, con imprudente sinceridad, quiso que conociese al detalle sus anteriores locuras y le entregó el diario de su juventud donde daba cuenta de sus escandalosos desafueros y flirteos. Con todo, aquella doncella que le daría trece hijos, no titubeó ni un momento y aceptó enamorada la proposición de unir sus vidas, contrato que, salvando períodos tormentosos, habría de durar casi medio siglo.
Merced a los cuidados que le prodigaba Sofía en los primeros y felices años de matrimonio, Tolstoi gozó de condiciones óptimas para escribir su asombroso fresco histórico titulado Guerra y paz, la epopeya de la invasión de Rusia por Napoleón en 1812, en la que se recrean nada menos que las vidas de quinientos personajes. El abultado manuscrito fue pacientemente copiado siete veces por la esposa a medida que el escritor corregía; también era ella quien se ocupaba de la educación de los hijos, de presentar a las niñas en sociedad y de cuidar del patrimonio familiar.
La construcción de este monumento literario le reportó inmediatamente fama en Rusia y en Europa, porque fue traducido enseguida a todas las lenguas cultas e influyó notablemente en la narrativa posterior, pero el místico patriarca juzgó siempre que gozar halagadamente de esta celebridad era una nueva forma de pecado, una manera indigna de complacerse en la vanidad y en la soberbia.
Si Guerra y paz había comenzado a publicarse por entregas en la revista El Mensajero Ruso en 1864 y se concluyó en 1869, muchas fueron después las obras notables que salieron de su prolífica pluma y cuya obra completa puede llenar casi un centenar de volúmenes. La principal de ellas es Ana Karenina(1875-1876), donde se relata una febril pasión adúltera, pero también son impresionantes La sonata a Kreutzer (1890), curiosa condenación del matrimonio, y la que es acaso más patética de todas:La muerte de Iván Ilich (1885).
Al igual que algunos de sus personajes, el final de Tolstoi tampoco estuvo exento de dramatismo y el escritor expiró en condiciones bastante extrañas. Había vivido los últimos años compartiendo casi todo su tiempo con depauperados campesinos, predicando con el ejemplo su doctrina de la pobreza, trabajando como zapatero durante varias horas al día y repartiendo limosna. Muy distanciado de su familia, que no podía comprender estas extravagancias, se abstenía de fumar y de beber alcohol, se alimentaba de vegetales y dormía en un duro catre.
Por último, concibió la idea de terminar sus días en un retiro humilde y el octogenario abandonó su hogar subrepticiamente en la sola compañía de su acólito el doctor Marivetski, que había dejado su rica clientela de la ciudad para seguir los pasos del íntegro novelista. Tras explicar sus razones en una carta a su esposa, partió en la madrugada del 10 de noviembre de 1910 con un pequeño baúl en el que metió su ropa blanca y unos pocos libros.
Durante algunos días nada se supo de los fugitivos, pero el 14 Tolstoi fue víctima de un grave ataque pulmonar que lo obligó a detenerse y a buscar refugio en la casa del jefe de estación de Astapovo, donde recibió los cuidados solícitos de la familia de éste. Sofía llegó antes de que falleciera, pero no quiso turbar la paz del moribundo y no entró en la alcoba hasta después del final. Le dijeron, aunque no sabemos si la anciana pudo encontrar consuelo en esa filantropía tan injusta para con ella, que su últimas palabras habían sido: "Amo a muchos."
En cierto modo, la biografía de León Tolstoi constituye una infatigable exploración de las claves de esa sociedad plural y a menudo cruel que lo rodeaba, por lo que consagró toda su vida a la búsqueda dramática del compromiso más sincero y honesto que podía establecer con ella. Aristócrata refinado y opulento, acabó por definirse paradójicamante como anarquista cristiano, provocando el desconcierto entre los de su clase; creyente convencido de la verdad del Evangelio, mantuvo abiertos enfrentamientos con la Iglesia Ortodoxa y fue excomulgado; promotor de bienintencionadas reformas sociales, no obtuvo el reconocimiento ni la admiración de los radicales ni de los revolucionarios; héroe en la guerra de Crimea, enarboló después la bandera de la mansedumbre y la piedad como las más altas virtudes; y, en fin, discutible y discutido pensador social, nadie le niega hoy haber dado a la imprenta una obra literaria inmensa, una de las mayores de todos los tiempos, donde la epopeya y el lirismo se entreveran y donde la guerra y la paz de los pueblos cobran realidad plásticamente en los lujosos salones y en los campos de batalla, en las ilusiones irreductibles y en los furiosos tormentos del asendereado corazón humano.




viernes, 24 de enero de 2014

La CNT en el exilio francés. Polémicas, enfrentamientos y divisiones


Congreso de la CNT en el exilio (Toulouse 1947) 
El Movimiento Libertario en el exilio arrastraba, después de perder con la guerra bastantes conquistas sociales no por efímeras menos cargadas de futuro, una dualidad permanente que mediatizaba nuestras relaciones internas. Esta dualidad surgía del conjunto de circunstancias y de mentís reales dados a la doctrina por el mundo de los hechos: educados, configurados moral y espiritualmente para combatir y destruir el Estado, fuimos a él, nos integramos en él, participamos de sus mismas tribulaciones, de sus furores destructivos, de sus ordenamientos jurídicos; fuimos, en una palabra, puntales en vez de arietes. Hubo quienes, sensibilizados por esta aleccionadora experiencia, entendieron que se debía flexibilizar el cuerpo teórico y táctico del anarcosindicalismo ibérico; otros, por el contrario, se encerraron en una posición dogmática, intransigente, irreductibles a la enseñanza empírica –y con una gran facilidad para hacer «borrón y cuenta nueva» de las propias actuaciones personales, algunas de las cuales incluyeron casaca ministerial–. Naturalmente, entre ambas posturas, existieron, como en botánica, gran variedad de injertos, de híbridos.
Cuando en febrero de 1943 empezamos a reorganizarnos, en plena ocupación alemana –aunque hubo siempre grupos organizados–, los que inician este movimiento de recuperación y lucha (casi todos aquellos hombres que constituyen el llamado «Núcleo del Cantal», aglutinado en el seno de una empresa constructora) responden a concepciones sindicalistas revolucionarias y anarquistas fieles a ciertos postulados de colaboración política con cuantas fracciones y sectores antifascistas persiguen el derrocamiento del régimen franquista.1 Aquellos hombres del «Massif Central», entre otros, se llaman Germán González, José Berruezo, Rico, hermanos Tomás y Francisco Pérez. Editan un periódico, dirigido por Rico, titulado Exilio, y muchos de ellos se caracterizarán por su lucha en la Resistencia francesa; algunos, como Germán con peligrosas y relevantes responsabilidades.

A esta primera llamada no responden bastantes compañeros para quienes las motivaciones del paréntesis colaboracionista, iniciado en julio de 1936, ha muerto definitivamente. No vale la pena, piensan, que luchar en tal sentido es macular los ideales, introducimos en el universo de la impureza.

Daré un carpetazo a mis notas para no prolongarme, pero antes quiero referirme, para dejar constancia, al oscuro trasiego de muchos militantes cuando se terciaba la «solución Maura». Miguel Maura, antiguo ministro republicano de la Gobernación (al que le pusimos un remoquete algo siniestro: «el de los 108 muertos»), se proponía formar un «Gobierno de Unión Nacional» con el fin de restaurar la República. Cabildeos memorables, acompañaron tales proyectos. Todos los partidos y organizaciones rivalizaban en la sobrepuja. Nosotros íbamos tan lejos que reclamábamos (nada más ni nada menos) el respeto por los poderes públicos de las conquistas obtenidas el 19 de julio: colectividades, control obrero, planificación económica, acción comunal, etc. Los militares, jefes y oficiales, engrosaron precipitadamente las filas de una Agrupación que extendía carnets con nombre, cuerpo, arma y rango ostentado en el ejército republicano. Los antiguos funcionarios del cuerpo policial hicieron algo semejante. Este sueño de una noche de verano acarició las esperanzas de gran número de militantes que luego denostaron violentamente a los «políticos», cuando nuestras pasiones arreciaban, simultaneando los agravios con invocaciones a su inmaculada «pureza».

En el Congreso de París, celebrado en el Palais de la Chimle –mayo de 1945–, aunque ganaron por voto los núcleos más inflexibles y dogmáticos se demostró que de hecho, por votos reales, de haberse hecho un escrutinio justo, era mayoritaria la tendencia colaboracionista. Para triunfar, determinados grupos al servicio de un nefasto personaje, Laureano Cerrada (ex secretario de la Región Centro, muerto en circunstancias misteriosas, desveladas parcialmente por el periodista Eliseo Bayo –en la revista Interviú), se dedicaron con ahínco a fundar Federaciones o núcleos fantasmales, a utilizar la difamación y el cohecho con objeto de conseguir una victoria sucia pero que les asegurara el control del aparato burocrático, fondos, siglas, etc. Lo más positivo del Congreso, pese a todo, fue el acuerdo de concederle privilegio determinante a la organización confederal del interior: acuerdo que fue revocado, sin consultar a la base, como consecuencia de la instalación del Gobierno Giral en México (antes de su instalación en París, en 1946), autentico avatar de la ruptura cismática más importante desde la acaecida el año 1932 a causa del problema «treintista». Relatamos brevemente los entresijos a continuación.

En España, a la sazón, se reorganizaba la CNT a marchas forzadas. Se vencían, mal que bien, las enormes dificultades del trabajo clandestino. Se celebraban reuniones de militantes asiduamente concurridas –con exceso, si tenemos en cuenta unas mínimas exigencias de discreción que comporta todo trabajo subterráneo–, se cotizaba en los sindicatos reestructurados, se editaba la Soli con miles de ejemplares que circulaban de mano en mano. En Barcelona, la Federación Local controlaba (según cifras manifestadas al que esto escribe por quien fue su secretario en 1947, el fallecido y excelente compañero Mariano Pascual) alrededor de 14.000 afiliados. La organización dinamizaba con creces la Alianza Nacional de Fuerzas Democráticas (ANFD), organismo de coalición antifranquista.2 Cuando Giral forma un gobierno de emergencia en el exilio, para coordinar posibles concursos diplomáticos, propone a la CNT, el envío de dos ministros, pues nuestra posición en el seno de la Alianza nos convierte en pieza maestra. El Comité Nacional del Interior, transmite una lista de cuatro nombres: José Sancho y José E. Leyva, por el interior; Federica Montseny y Horacio M. Prieto, por el exterior (García Oliver fue propuesto por la Agrupación de México, pero su nombre no fue retenido por el Comité Nacional).

De los nombres indicados por el Comité Nacional, Giral elige a Horacio M. Prieto y José E. Leyva para que se incorporen a su Gobierno. Llegado clandestinamente a Francia, para unirse a Horacio y trasladarse juntos a México, donde reside el Gobierno de la República, Leyva se encuentra con la oposición del Comité Nacional, en Francia, cuyo secretario Germinal Esgleas, le indica que vuelva a España y recomiende al CN del Interior que reconsidere sus acuerdos y desista de enviar representantes al Gobierno Giral. El Comité Nacional mantiene sus acuerdos y aconseja a Leyva y Horacio que se incorporen sin retraso al puesto para el que fueron delegados.

Entonces los acontecimientos se precipitan; un manifiesto de rechazo invocando «la transgresión de principios» y contra la CNT del interior por parte del Secretariado del Exilio, y otro, vigoroso, elaborado atropelladamente por la Delegación en el exterior, consuman el divorcio. El manifiesto de la Delegación en el Exterior, de apoyo a la CNT del interior, se encabezaba así: «Con España o contra España». Por su parte, CNT, órgano confederal en el exilio, afirmaba: «Los llamados ministros confederales en el Gobierno Giral son dos ex trabajadores sin más representación que la personal».
1946-1963. Diecisiete años duró la escisión. Los viejos fantasmas, que nunca dejaron de poblar y girovagar en y por nuestras reuniones asamblearias, encresparon pasiones, concitadas, asimismo, por triquiñuelas, protagonismos, voluntad de poder, rivalidades personales y otros elementos psicológicos turbios alimentados durante muchos años de frustración, que nos habían vuelto atrabiliarios y vindicativos. Mientras a muchos militantes estos sucesos no les producían «estados de alma complicados», para muchos otros se iba concretando la idea de una revisión de métodos. Considerando globalmente nuestras acciones pasadas, se extrae de ellas una aleccionadora metodología negativa. Porfiamos en el descrédito y seguimos sin comprender la evolución tecnológica y científica, por tanto, económica, de nuestro tiempo. Esto lleva a conclusiones completamente originales. Coincidiendo, en este aspecto, con bastantes planteamientos formulados por Horacio M. Prieto, pionero de la «intervención política» (aunque García Oliver y un grupo de allegados a su influencia ya propusieran al comienzo del éxodo fundar el llamado Partido Obrero del Trabajo (POT), un grupo de 17 militantes, en una carta-manifiesto dirigida a los presos de España, en 1948, proponen sin medias tintas, a las tres ramas del Movimiento Libertario la más explosiva de las novedades revisionistas: la creación de un partido por los propios militantes, cuyo objetivo fundamental consistiría en asumir la representatividad política libertaria de forma eficiente y estructurada.
En la CNT y el Movimiento Libertario puede afirmarse, sin menoscabo de la verdad, que muchos hombres han meditado fríamente sobre los factores de nuestras desventuras públicas y el aventurismo blanquista que nos ha enajenado la adhesión de grandes sectores populares. Cuando hemos hablado seriamente de estas cosas, he percibido en infinidad de militantes valiosos un pesimismo escéptico respecto a la ejecutoria. Cada vez que pensamos en aquel año de los dos ochos –ocho de enero y ocho de diciembre de 1933–, donde dimos una medida hiperbólica de nuestra «gimnasia revolucionaria», nos deja perplejos esa fruición por la aventura y, contrastando, el despego y casi indiferencia por los programas constructivos. Muchos de los más sañudos impugnadores del «desviacionismo», imputándolo a ambiciones de poder y riqueza, como si el poder y la corrupción no fueran omnipresentes, me han confesado, años más tarde, sus preocupaciones por ir a la conquista de aquellos ayuntamientos que administramos durante la guerra y donde aprendimos a conocer grandes cosas no despreciables, que pueden hacerse desde ellos.

Realizada la unificación, en 1963, pudo comprobarse, al poco tiempo, lo frágil de aquella soldadura; digo soldadura porque, en realidad, nunca hubo síntesis, refundición, simbiosis. Al socaire de unos escarceos seudoinsurreccionales acaudillados por Juan García Oliver (terriblemente crítico para la, según él, blandengue, incolora e ineficaz actuación del Gobierno Giral)3 y de otras cuestiones de incompatibilidad, empezaron de nuevo las recriminaciones y las cazas de brujas. La chispa, o el detonador, que ocasionó otra crisis –la 1968-1969–, fueron las expulsiones, entre otros, de Cipriano Mera, Juan Manent, Fernando Gómez Peláez, longevo ex director de la Soli en París, de Tomás Pérez, uno de los de la vieja guardia del Cantal, Antonio Roig, conocido militante de Tarrasa, Señer, etc. A Cipriano Mera, el viejo «león de Guadalajara», modelo de honradez, coraje y sacrificio, se le acusó villanamente de malversación de fondos. A Gómez Peláez se le urdió una rocambolesca historia, nebulosa hasta el delirio, en torno a una renqueante multicopista.

Persistió el sanedrín del Secretariado Intercontinental4 en extender su imperialismo orgánico hasta el interior de España. Ese exilio, no satisfecho aún por sus culpables carencias, sus ineptitud, su descomunal alejamiento de la realidad, impermeable al más nimio empirismo, ávido de dominio, logró una última victoria: crear, en el Congreso de Madrid de 1979, las condiciones para otra segunda escisión. Dos en Francia; dos en España. Las cuentas están claras. Pero lo que ya no se vislumbra con tamaña transparencia es el futuro de la que fue primera organización sindical de este país. A menos que, a fuerza de amargas decepciones, una CNT renovada, embrión prometedor, con hombres nuevos y capaces, abiertos al diálogo vivificante, al pluralismo esencial sepan darle a ese sindicalismo revolucionario, libertario, cooperativista y autogestionario, la dimensión histórica que le corresponde.

Notas

1. Una excepción a la regla era nuestro recelo en colaboración con los comunistas, recientes aún graves incidentes y maniobras hegemónicas del PCE a través de su engendro llamado Unión Nacional, que nos había ilustrado, por si no lo supiéramos desde Mayo del 37, sobre sus intenciones, asesinando entre 80 y 100 militantes confederales. Se uncieron al proyecto centenares de confederales que pronto comprendieron la superchería. Recordemos, de pasada, una brillante acción: asesinato de la familia Soler e incendio de su morada: Soler era un conocidísimo militante barcelonés, antiguo conserje del Ramo de la Construcción; los hechos ocurrieron en el Ariege (Véase Juan M. Molina: El comunismo totalitario, Editores Mexicanos Unidos, México, 1982, pág. 37).

2. Compúlsense, para un conocimiento más amplio, El movimiento clandestino en España (1939-1949), de Juan M. Molina, La resistencia libertaria, de Cipriano Damiano, y La Alianza Nacional de Fuerzas Democráticas (1944-1947), de Enrique Marco Nadal.

3. No se cansaba de repetir en su correspondencia –que he tenido la oportunidad de leer gracias a un amigo común– que con los «mil millones de dólares de patrimonio republicano» (?) teníamos que formar un «gobierno de combate», una especie de Comité de Salud Pública.

4. Nueva denominación del antiguo Secretariado del Exilio.

Publicado en Polémica, n.º 4-5, junio 1982