La Alianza Internacional de la Democracia Socialista fue una
organización anarquista fundada el 25 de septiembre de 1868 por Mijaíl Bakunin
en Ginebra, Suiza. Pretendía convertirse en el núcleo dirigente y secreto de la
Primera Internacional pero el Consejo General, de mayoría marxista, se opuso y
en el Congreso de La Haya de 1872 logró que fueran expulsados Bakunin y sus
seguidores «antiautoritarios». Estos fundaron inmediatamente después la
Internacional de Saint-Imier que se presentó como la verdadera continuadora de
la Internacional. La Alianza perdió entonces su razón de existir y desapareció.
domingo, 24 de febrero de 2019
viernes, 15 de febrero de 2019
Hoy se cumple 38 años de la tortura y muerte de Joseba Arregi
José Ignacio Arregui Izaguirre (1951-1981), también conocido como Joseba Arregi,
fue un militante de ETA Militar (grupo terrorista de ideología nacionalista vasca que se proclama independentista, abertzale, socialista y revolucionario) que murió a raíz de las torturas infligidas en
la Dirección
General de Seguridaden Madrid por la Policía Nacional en febrero de 1981.
Joseba Arregi
murió el 13 de febrero de 1981 en el Hospital Penitenciario de Carabanchel después de haber sido torturado
en la Dirección General de Seguridad de Madrid por miembros de la Policía
Nacional. Tras su detención en la capital de España el 4 de febrero de 1981,
junto a Isidro Etxabe, pasó a las dependencias de la Dirección General de
Seguridad en Madrid donde, en aplicación de la legislación
antiterrorista vigente en
el momento, lo mantuvieron incomunicado y bajo interrogatorio durante nueve
días. En el interrogatorio participaron 72 agentes de la Policía Nacional y
acabó con el ingreso del detenido, sospechoso de su pertenencia a ETA
Militar, en el Hospital Penitenciario de Carabanchel el día 12 de febrero a las
17:30 horas. Al día siguiente fallecía. El Juzgado de Instrucción número 13 de
Madrid, en el informe forense de la autopsia, certificó la existencia de
torturas, señalando que la causa de la muerte fue «un fallo respiratorio
originado por proceso bronconeumónico con intenso edema pulmonar». El 18 de
febrero ETA militar publica un comunicado en el que reconoce la militancia en sus
filas de Joseba Arregi.
El juez tomó
declaración a cinco funcionarios del Cuerpo Superior de Policía, adscritos a la
Brigada Regional de Información, que participaron directamente en los
interrogatorios del presunto militante de ETA Militar. Esos inspectores de policía (Juan Luis
Méndez Moreno, Juan Antonio Gil Rubiales, Julián Marín Ríos, Ricardo Sánchez y
Juan Antonio González) fueron puesto bajo prisión preventiva, por lo que Manuel Ballesteros, entonces director de la Comisaría
General de Información, dimitió de su cargo.
De los 73 policías
que participaron en los interrogatorios, fueron detenidos cinco, solo dos
fueron encausados y quedaron libres, tras recurrir la sentencia a siete meses
de prisión que no llegaron a cumplir.
El olvido es el peor de los castigos.jueves, 7 de febrero de 2019
El club ciclista que se convirtió en Batallón Antifascista en la Guerra Civil Española
España es el segundo país del mundo con
más desaparecidos en el mundo, solo detrás de Camboya. Los muertos siguen como
llaman ellos en las “cunetas”, enterrados en fosas clandestinas a orillas de
los caminos donde fueron masacrados tras el derrocamiento de la República, sin
que hasta hoy exista ni verdad, ni justicia.
La historia de la República Española y
de la Guerra Civil tiene muchos pasajes poco conocidos, uno de ellos es el que
tratamos de rebelar aquí, el de uno de los batallones ciclísticos, el Batallón
Errico Malatesta.
En noviembre de 1936, en ese terrible
mes Durante la Guerra Civil Española, con las tropas fascistas asediando la
capital y el pueblo de Madrid resistiendo, conteniendo el avance de los
golpistas de Franco, el periódico La Voz da la noticia de la creación del
Batallón Ciclista Errico Malatesta cuyas tareas eran el reparto de “órdenes del Estado Mayor en el interior de
Madrid y las avanzadillas”.
Este batallón fue fundado por un
militante de la CNT aficionado al ciclismo: Miguel Viríbay, llevaba el nombre
del destacado militante anarquista italiano, lo que deja claro la procedencia
de sus integrantes. El Batallón Ciclista contó con secciones destacadas en
todos los frentes, una de sus tareas principales y más intensa fue la destinada
al servicio del Estado Mayor del Ministerio de la Guerra, que estaba dirigida
por José Iturria, otro amante del ciclismo.
La mayoría de los integrantes del
Batallón provenían del Velo Club Portillo, el cual aún existe, y que había sido
fundado hacia 1927. Será de este Barrio Madrileño de Portillo, desde donde
saldrán los ciclistas anarquistas y de otras tendencias que formaron el
legendario Batallón Ciclista Malatesta. Portillo era uno barrio con mucha
historia en Madrid, a mitad de camino, entre las puertas de Toledo y Atocha.
UNA MILICIANA DEL BATALLÓN CICLISTA “ENRIQUE MALATESTA”, LEYENDO LAS NOTICIAS DE LOS FRENTES, EN EL DIARIO ABC.
El Batallón, ocupo la iglesia de la
calle Conde de Peñalver número 36 como cuartel, y contó con mujeres, que el año
1935 había creado el primer grupo ciclista completamente femenino de Madrid al
que llamaron As. El 20 de junio de 1937, del periódico La Trinchera, perteneciente
a la 7ª División Mixta, se incluyó una declaración de los ciclistas de
Malatesta titulada: Notas de unos combatientes del Batallón
Ciclista.
“Pertenecemos
al Batallón ciclista Enrique Malatesta y prestamos los servicios de enlace y
otros relacionados con los mismos. El título con el cual encabezamos estas
líneas es para poner de manifiesto que la mayoría de los ciclistas
pertenecientes a este Batallón éramos combatientes de las trincheras, de las
cuales salimos trasladados al mismo, por ser de bastante utilidad nuestros
servicios en dicho Batallón. El grupo con destino en esta Brigada mixta lo
componemos doce ciclistas entusiastas de este deporte. Trabajamos
incansablemente, ayudados de manera eficacísima por nuestras inseparables
compañeras, las máquinas. Y digo nuestras porque cada cual ha tenido que
aportar la suya para poder prestar este servicio a la causa, que, como en todas
las guerras modernas, es imprescindible, ya que estos servicios llevan las
órdenes de ataques, repliegues, contraseñas, señales de aviación, etc., y
realizan toda clase de servicios de enlace.
Este Batallón
se formó con el fin de conservar en todo lo posible los Servicios motorizados,
que son utilísimos para otros más necesarios y que nosotros con nuestra máquina
no podemos realizar, como son los relevos de fuerzas, transporte de material,
abastecimiento, etc., así como al mismo tiempo economizar el combustible,
gastando lo menos posible, con el fin de que no falte para otros servicios más
necesarios. Bien es cierto que la máquina consume, por lo menos, nuestra carne
y a veces nuestra paciencia. ¡Si vierais qué bien se curan los catarros cuando
tenemos un parte urgente y el sol pega de plano!, ¡la impresión que recibimos
cuando estamos acostados muy a gusto, descansando del trabajo diario, y
sentimos el timbre de los partes, nos tiramos de la cama medio adormilados, nos
sentamos en nuestro ya familiar asiento, el sillín, y nos damos cuenta de que
llueve y el piso está encharcado! Entonces nos acordamos de los paraguas, aunque
no sea más que para que no se moje la máquina, o nuestro equipo. En este
momento nos acordamos del parte que tiene que llegar a su destino, y nuestras
piernas hacen presión sobre las bielas de la máquina, y esta, en prueba de
cariño, aumenta su velocidad, y el parte, claro está, se encuentra en dos
minutos en su destino. Entonces emprendemos el regreso, aguantando el calor, la
lluvia o el frío.
En nuestro
cometido tenemos algunos curiosos. Vemos cómo en las carreteras y arroyos de
las calles juegan, sin dar importancia al peligro, los niños pequeños y algunos
mayorcitos, sin importarles que exponen su vida. Igualmente algunos perritos,
cuando llevamos prisa, se nos cruzan en nuestro camino, y nosotros, con más
paciencia que Gutiérrez, apretamos los frenos para no desplancharlos, y, claro
está, damos con nuestros huesos en el suelo. Mientras nos levantamos vemos al
gracioso perrito cómo corre con el rabo entre las piernas, sin duda para que no
le tomemos la matrícula y le hagamos pagar las arrugas de nuestra bicicleta,
que se ha quedado del golpe con más arrugas que Lerroux. Nosotros hemos
declarado la guerra a los perros porque no saben las leyes de la circulación ni
tienen quién se las enseñe. No obstante, seguiremos con nuestro buen humor y
satisfechos de nuestro servicio prestado a la causa, a la cual no abandonaremos
hasta su fin. Suena otra vez el timbre. Estamos preparados. Son las consignas.
Cada cual con su máquina toma una dirección, sin duda la del triunfo.
¡Salud!
Ciclistas de servicio en la Brigada”.
lunes, 4 de febrero de 2019
RAFAEL TORRES ESCARTIN - ANARQUISTA FUSILADO EN BARCELONA
El 21 de
enero de 1939 es fusilado en Barcelona (España) el militante anarquista Rafael
Liberato Torres Escartín, también conocido como El Maño. Había nacido el 20 de
diciembre de 1901 a Bailo (Huesca, Aragón, España), en la Casa Cuartel de la
Guardia Civil, donde su padre, Pedro Torres Marco, natural de Bolea, estaba
destinado; su madre, Orencia Escartín Villacampa, era de Biescas. Su hermano
Benito, de la Unión General de Trabajadores, fue encausado con motivo de la
huelga de 1932 que paralizó las fábricas de Sabiñánigo en demanda de mejoras
laborales, las acusaciones contra él y nueve trabajadores más fue por delitos
como incendio, explosión y tenencia ilícita de armas y de explosivos, con una
petición fiscal de 34 años de prisión por cada uno; defendidos por el famoso
abogado Eduardo Barriobero, lograron salir libres. Otro hermano, Fidel, que
vivía con sus padres en Ayerbe, fue fusilado en Huesca el 23 de agosto de 1936,
tenía los mismos apellidos que el conocido militante anarquista. Rafael Torres
Escartín marchó a estudiar a Huesca, donde Ramón Acín lo inició en el
anarquismo. Pronto dejó los libros y comenzó a hacer de pastelero. Después se
instaló en Zaragoza, donde en 1918 ya militaba en el Sindicato de la
Alimentación de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), siguiendo en su
profesión en casa Zorraquino y otros pastelerías de la capital aragonesa. En estos
años comenzó a leer los grandes pensadores franceses y rusos, y se vegetariano
estricto, sin fumar ni probar el alcohol. Entra en contacto con los «grupos de
afinidad» («Voluntad», «Los Justicieros») y vive estos años entre Zaragoza y
Barcelona, donde comenzó a trabajar como
repostero en el Hotel Ritz a partir del 20 de octubre de 1920. En su primera
acción conocida, junto con Suberviola y Durruti, consigue un botín de 300.000
pesetas en Eibar. En agosto de 1922 crea, con Francisco Ascaso y Marcelino del
Campo, el "Grupo Grisol», que se amplió en octubre con militantes como
Ricardo Sanz, García Oliver, García Vivancos y otros, formando «Los
Solidarios», que protagonizaron los episodios de acción más destacados del
anarquismo español de preguerra. El asesinato, en marzo de 1923, del
anarcosindicalista Salvador Seguí por pistoleros del Sindicato Libre de la
patronal, provocó una reacción en los círculos confederales: «Los Solidarios»
intentaron asesinar en San Sebastián y A Coruña el general Martínez Anido ,
responsable de la represión. El 4 de junio de 1923 fue asesinado el senador y
cardenal arzobispo de Zaragoza Juan Soldevila, instigador y organizador de la
violencia patronal. Ascaso fue detenido el 8 de junio, pudiendo huir el 8 de
noviembre de 1923 de la prisión de Predicadores en una fuga de presos en masa.
Torres Escartín pudo eludir el círculo policial y reapareció el 1 de septiembre
de 1923 en una expropiación de bienes del Estado contra el Banco de España en
Gijón, recaudando 650.000 ptas. Tras un enfrentamiento armado con la Guardia
Civil en Oviedo, su compañero Eusebio Grau cayó asesinado y él fue detenido,
escapándose al día siguiente junto con siete recluidos, para acabar nuevamente
detenido y apaleado en la montaña. Diseñó un plan de escape para su traslado a
la prisión de Predicadores de Zaragoza, donde fue juzgado entre el 1 y el 4 de
abril de 1925, bajo la dictadura del general Primo de Rivera; negó todas las
acusaciones, pero fue condenado a muerte por el caso Soldevila, conmutando a la
pena por cadena perpetua. Los también encausados Esteban
Salamero y Julia López Mainar fueron condenados a 12 y seis años. Recluido en
el penal de El Dueso (Santoña) en una celda especial, en aislamiento y en
oscuras durante 15 meses, sin salir, haciendo dos huelgas de hambre, los
soldados disparando diariamente sobre la celda, etc., En estas condiciones
enfermó de reuma por el frío y la humedad y enloquecer durante su cierre. Con
la reaparición de Solidaridad Obrera en agosto de 1930 se inició una campaña pública
de denuncia de su situación por parte del médico anarquista Isaac Puente y por
la amnistía. Con la llegada de la II República, fue liberado el 30 de abril de
1931. En junio de 1931 participó en Madrid en la primera Conferencia Peninsular
de la Federación Anarquista Ibérica (FAI), previa al III Congreso de la CNT.
Fue detenido y golpeado en los calabozos de la Dirección General de Seguridad,
y al llegar a Barcelona fue detenido como sospechoso, convirtiéndose en
portavoz de los presos sociales. Una vez consiguió la libertad, sus compañeros
lo internaron en el Hospital Psiquiátrico Institut Pere Mata, de Reus, de donde
huyó en tres ocasiones, llegando una de ellas hasta Ayerbe, donde fue detenido
en casa de su hermano Fidel. Llevado como preso gubernativo "en calidad de
extremista», ingresó en la cárcel de Huesca. En este breve periodo declaró
preferir la muerte que el manicomio. Su familia pidió hacerse cargo del
enfermo, y en Solidaridad Obrera se hizo una campaña por su libertad, pero fue
internado en un psiquiátrico. El 23 de noviembre de 1936 apareció en la segunda
fila del multitudinario entierro de su amigo y compañero Buenaventura Durruti,
con aspecto demacrado y envejecido por los años de cierre. Por entonces todavía
tendrá alma para participar en organizaciones benéficas de ayuda a la infancia
y los refugiados. Las tropas fascistas lo sacaron de una celda de dementes y lo
fusilaron, sus compañeros habían confiado en que nada se haría a un enfermo.
domingo, 27 de enero de 2019
LA IMPORTANCIA DE BAKUNIN HOY
Bakunin ha
hablado por sí mismo en su obra escrita [ampliamente accesible en impreso y en
Internet], así que podría ser valioso hacer una evaluación de las ideas y
acciones de Bakunin. Con el predomino del marxismo en el mundo del trabajo y
los movimientos revolucionarios en el siglo veinte, se volvió la norma
descartar a Bakunin como un confundido o como irrelevante. Sin
embargo, durante su vida fue una figura importante que obtuvo mucho y
serio apoyo. Marx fue tan presionado por Bakunin y sus simpatizantes que tuvo
que destruir la Primera Internacional despachándola a Nueva York. Para que no
sucumbiese ante al anarquismo, Marx lo aniquiló mediante una maniobra
burocrática. Con el colapso de la Unión Soviética, y el giro de China y Cuba hacia
el mercado y la siempre creciente obvia corrupción de su élite burocrática, las
ideas de Bakunin y el anarquismo revolucionario tienen nuevas posibilidades. Si
el socialismo autoritario de Estado ha probado ser intrínsecamente fallido,
entonces las ideas comunistas libertarias ofrecen una vez más una alternativa
fiable.
Las cualidades duraderas de Bakunin y
sus sucesores son muchas, pero el serio compromiso con el derrocamiento
revolucionario del capitalismo y el Estado deben tener alta prioridad. Bakunin
fue mucho más un ejecutor que un escritor, se lanzó a insurrecciones reales,
para la gran turbación de los cabeza de Estados europeos. La tradición
militante fue continuada por Malatesta, Majnó, Durruti, y muchos otros
anónimos.
Bakunin predijo los peligros del socialismo de Estado. Sus predicciones sobre una sociedad militarizada y esclavizada dominada por una clase dominante marxista sucedió de un modo que incluso Bakunin no pudo concebir completamente. Lenin, Trotsky y Stalin superaron aún a los Zares en su arrogancia y brutalidad. Tras décadas de socialismo reformista, la evaluaciones de Bakunin han probado ser correctas. En Gran Bretaña el insulto máximo en el pueblo trabajador es ‘Señores Socialistas’ [Socialist Lords]. El insulto es literalmente aplicable a los Miembros del Parlamento del Partido Laborista (“Labour MP’s”), a quienes se les suele concede la promoción a la aristocracia por sus servicios al capitalismo.
Bakunin predijo los peligros del socialismo de Estado. Sus predicciones sobre una sociedad militarizada y esclavizada dominada por una clase dominante marxista sucedió de un modo que incluso Bakunin no pudo concebir completamente. Lenin, Trotsky y Stalin superaron aún a los Zares en su arrogancia y brutalidad. Tras décadas de socialismo reformista, la evaluaciones de Bakunin han probado ser correctas. En Gran Bretaña el insulto máximo en el pueblo trabajador es ‘Señores Socialistas’ [Socialist Lords]. El insulto es literalmente aplicable a los Miembros del Parlamento del Partido Laborista (“Labour MP’s”), a quienes se les suele concede la promoción a la aristocracia por sus servicios al capitalismo.
Bakunin luchó por una sociedad basada en
la justicia la igualdad y la libertad. Al contrario de los líderes políticos de
la izquierda él tuvo gran fe en el potencial espontáneo, creativo y
revolucionario del pueblo trabajador. Sus creencias y acciones reflejan esto.
Los revolucionarios pueden aprender mucho del valor de este federalismo, su militancia y su desprecio por el Estado, que en el siglo veinte asumió proporciones gigantescas y peligrosas. Bakunin tiene mucho que enseñarnos, pero nosotros también debemos desarrollar nuestras ideas de cara a los nuevos desafíos y oportunidades. Debemos retener el centro revolucionario de su pensamiento y así avanzar.
Con esto en mente, la Federación Anarquista está constantemente buscando desarrollar una praxis anarquista revolucionaria cimentada en las ideas de Bakunin, pero yendo más adelante para adecuarnos a las demandas del capitalismo de hoy.
Los revolucionarios pueden aprender mucho del valor de este federalismo, su militancia y su desprecio por el Estado, que en el siglo veinte asumió proporciones gigantescas y peligrosas. Bakunin tiene mucho que enseñarnos, pero nosotros también debemos desarrollar nuestras ideas de cara a los nuevos desafíos y oportunidades. Debemos retener el centro revolucionario de su pensamiento y así avanzar.
Con esto en mente, la Federación Anarquista está constantemente buscando desarrollar una praxis anarquista revolucionaria cimentada en las ideas de Bakunin, pero yendo más adelante para adecuarnos a las demandas del capitalismo de hoy.
¡Te damos la bienvenida al desafío!
Anarchist Federation (Gran Bretaña)
miércoles, 9 de enero de 2019
Cómo la no-violencia protege al Estado
Resumen de la obra de Peter Gelderloos
Hipótesis Central
El
análisis crítico del rendimiento político y estratégico del pacifismo- también
llamado no-violencia activa- constituye una metodología útil para derribar la
trampa discursiva en que este incurre al representarse a sí mismo como la clave
para la inclusión total del movimiento y visibilizarlo públicamente dentro del
plano de los falsos opositores al Estado
Argumentos
- Surge a partir del mismo discurso hegemónico que funda al Estado.
- Es útil para ampliar la acción de disciplinamiento social desplegada
por el Estado a través de las ONG y su “activismo ciudadanista”.
- Estará metodológicamente impedido para destruir las relaciones de
producción que son legitimadas mediante el sistema de dominación que es
controlado por la clase dominante bajo la fórmula del Estado de Derecho.
En consecuencia, la no-violencia que se limita a perfeccionar los
mecanismos de tal democracia en términos de alcanzar mayor justicia social
bajo los parámetros ya impuestos solamente podrá perpetuar el sistema que
lo funda.
- El motivo de dicha limitación es precisamente que la no-violencia
escoge conscientemente la opción de no tratar el problema de la violencia
como un fenómeno estructural de la sociedad trazada en torno al
capitalismo.
Estructura Metodológica
Esta
incapacidad de la no-violencia para la elaboración de una crítica que ataque el
fundamento mismo del sistema capitalista obedece a que se limita a trazar una
crítica cualitativa y valórica de ciertos efectos observables del mismo
sistema, manteniendo inalterable el núcleo del mismo. Será posible visualizar
este compromiso de la no- violencia con el orden vigente a través de seis
ámbitos:
I. No-Violencia es Inefectiva
Los procesos
en los cuales se reivindica la no- violencia como exitosa no han tenido a la
misma como estrategia política única, para ello se evalúan ciertas experiencias
históricas paradigmáticas:
- La liberación de India del dominio colonial ejercido por Inglaterra:
En India también hubo resistencia armada y Gandhi no fue el único líder de
la no- violencia, sino el más difundido por la historia oficial debido al
éxito que tuvo en sus negociaciones con el gobierno colonial británico y
cuyo relato beneficia a la supremacía blanca, pues finalmente los
británicos no solo no fueron forzados a abandonar la India sino que
redactaron la nueva constitución que hicieron cumplir por sus sucesores.
El movimiento a largo plazo demostró fracasar debido a que no derrocó ni
siquiera las formas coloniales del capitalismo
- Oposición al armamentismo nuclear: también hubo atentados, sabotaje y
guerrillas y los tratados de no- proliferación llegaron solo tras
consolidarse la indiscutible hegemonía de EEUU y le sigue una nueva ola de
facilidades para desarrollar dichas tecnologías.
- El movimiento de derechos civiles: solo fue efectivo para eliminar la
segregación de derecho y la expansión de una minúscula burguesía negra,
pero la segregación de facto subsiste y se materializa en un menor nivel
de ingresos y menor acceso a salud y vivienda en comparación con los
blancos y los pocos logros de los derechos ha olvidado a otras razas como
las de los inmigrantes latinos, asiáticos y musulmanes; si bien es
innegable la influencia que tuvo Martin Luther King no puede desconocerse
el aporte de grupos como Black Panther Party .
- Protestas pacíficas en contra de la guerra de Vietnam: Esta guerra no
acabó por la influencia de los pacifistas (de hecho este movimiento ni
siquiera consiguió movilizar una fuerza política suficiente para evitar la
reelección del presidente Nixon), sino porque EEUU fue derrotado política
y militarmente.
En
síntesis, la violencia del sistema es estructural y beneficia a la élite que
controla los ejércitos, los bancos, la burocracia y las empresas quienes no
podrán ser persuadidos interpelando a su conciencia, y los pocos que cambien de
opinión serán dados de baja/despedidos/sustituidos/desaparecidos/asesinados por
que el sistema es capaz de desechar a quienes no cooperan. Por lo tanto la
No-violencia es inefectiva porque es una lucha reformista y no en favor de la
completa liberación.
II. No-Violencia es Racista
El
pacifismo como ideología proviene de un contexto privilegiado que ignora que la
violencia estructural ya está situada y que es precisamente la gente de color
la que resulta más afectada por la misma: supone la posibilidad de que la gente
blanca con sus necesidades cubiertas pueda aconsejar a los oprimidos a que
sufran la violencia con paciencia esperando que se incremente el sector de
oprimidos que acceda a mayores garantías y concientizar a la “masa crítica”
entre los privilegiados que les apoye hasta que el Estado les reconozca sus
demandas. Los pacifistas, al menos a nivel inconsciente, saben que la no-violencia
es una posición privilegiada, sacando a los activistas de color fuera de
contexto de modo tal que Gandhi y Luther King resultan representativos de toda
la gente de color y es profundamente paternalista al suponer que un sector
privilegiado de activistas blancos puede fijar cual es la hora de la liberación
de los demás, dictando cual es el más apropiado y ortodoxo método de lucha, por
esta razón el problema de la supremacía blanca castiga con más fuerza la
resistencia de la gente de color que la resistencia que hacia ellos tienen los
sectores adversos a su lucha (Ej.: no es casual que se haya escogido a Martin
Luther King como portador del movimiento negro, en desmedro de figuras como
Malcolm X (quien estuviera a favor de la lucha anticapitalista y que abogó
solidariamente por la lucha armada del pueblo vietnamita)
III. No-Violencia es Estatista
La no-violencia asegura el monopolio de la violencia del Estado, entendido
como la burocracia centralizada que protege al capitalismo, y que sobrevive
gracias a asumir el rol de ser el único que utiliza la violencia en sus
territorios de forma legitimada. La labor del pacifismo es pacificar a la
oposición del statu quo, mientras que el Estado moviliza sus
aparatos represivos y de inteligencia para “neutralizar” a la militancia que se
opone a su discurso, a los que considera una amenaza real, de esta manera los
pacifistas vuelven a estos militantes más vulnerables a la represión. Por otra
parte, las protestas no- violentas mejoran la imagen del Estado, crean la imagen
de un gobierno democrático- sin jerarquías raciales, clasistas ni patriarcales:
NO EXISTE UNA SOCIEDAD COMO ESTA EN NINGUNA DE LAS DEMOCRACIAS INDUSTRIALES Y
CAPITALISTAS- que tolera la crítica que no amenace su funcionamiento (“meter
una flor en el cañón de una pistola no impide que la pistola pueda disparar”).
Es más, muchas veces los pacifistas toman la palabra para justificar el uso de
la violencia por parte del Estado ante “acciones violentas” de los
manifestantes, visualizando a la primera como “inevitable, neutral e
irreprochable”
IV. No-Violencia es táctica y estratégicamente inferior
El
objetivo: fines a los cuales se pretende llegar, por supuesto, hay objetivos
próximos y objetivos últimos. Podría ser más realista evitar una aproximación
lineal y visualizar los objetivos últimos como un horizonte, como el destino
más lejano que podemos imaginar, el cual cambiará cuando los pasos que, otrora
nos parecían lejanos, se vuelvan claros, emerjan nuevos objetivos y veamos que
jamás alcanzaremos un Estado utópico y que se mantenga estático. Para lxs
anarquistas, que desean un mundo sin jerarquías coercitivas, los objetivos
últimos de hoy en día parecen ser la abolición de una serie de interconexiones
de sistemas que incluyen al Estado, al capitalismo, al patriarcado, la
supremacía blanca y las formas de civilización ecocidas.
Estrategia
es el camino, el plan de juego para alcanzar el objetivo. Las estrategias
desarrolladas por la no violencia no pueden derrotar al Estado y tienden a
reflejar una falta de comprensión de la verdadera naturaleza del mismo (juego
moral, lobby, desobediencia generalizada, etc.) El poder del Estado se
auto-perpetúa y vencerá a los movimientos de liberación con cualquier medio que
esté a su disposición. Si los intentos de derrocar tal estructura de poder
sobreviven a las primeras olas represivas, la élite convertirá el conflicto en
militar, y sabemos que la gente que utiliza la no violencia no podrá nunca
vencer un conflicto de este tipo. El pacifismo no puede defenderse a sí mismo
contra esta inflexible exterminación. La historia de su práctica me conduce a
la misma conclusión: la no violencia no puede defenderse a sí misma contra el
Estado, y mucho menos derrocarle. El proclamado poder de la no violencia es una
ilusión que otorga a sus practicantes seguridad y capital moral para compensar
esta incapacidad para ganar.
Tácticas:
acciones o los tipos de acciones que producen determinados resultados.
Idealmente, estos resultados tienen un efecto compuesto: construyen el momento
o concentran la fuerza a lo largo de las líneas trazadas por la estrategia. Es
frustrante que toda la controversia entre “violencia y no violencia” se
desarrolle, simplemente, discutiendo sobre tácticas, cuando la mayoría de la
gente no se ha siquiera cuestionado si nuestros objetivos son compatibles, pues
de hecho no lo son, la no-violencia tiene por objeto atacar ciertas
“injusticias” del modelo vigente mientras que la crítica que se considere
violenta y revolucionaria lo será por atacar el fundamento del capitalismo.
V. No-Violencia es Patriarcal
Patriarcado
es una forma de organización social que divide y clasifica a las personas en
virtud de un binarismo de género (hombre-mujer) y que se afirman como
categorías naturales y morales, en virtud de las cuales el hombre ocupa una
posición dominante (en el poder y también en el uso de la violencia) y la mujer
una sumisa que se ratifica mediante la asignación de los roles económicos,
políticos y emocionales que se asignan a uno y otra y que se muestran como no
susceptibles de cambio y cuya estructura opresiva es reproducida por quienes
operan dentro de dicho sistema. Todos quienes no encajen o que rechacen estos
roles de género son neutralizados por la violencia y el ostracismo social. En
el género, la no-violencia surge de una posición privilegiada que asume que en
vez de defendernos nosotros mismos de la violencia podemos padecerla hasta que
una parte suficiente de la sociedad pueda ser movilizada a oponerse a ello
pacíficamente (sería, por ej., inmoral que una mujer se defienda de un atacante
o estudie auto- defensa). Por otra parte la concepción de la justicia basada en
ley y castigo es patriarcal, porque los primeros códigos definían a las mujeres
como propiedades, y las leyes fueron escritas para los hombres que ostentaran
bienes, que a su vez fueron socializados para no tratar con emociones.
Un
aspecto que dificulta particularmente el combate contra el patriarcado es que
dicho sistema no solo es sostenido por una elite poderosa, sino por todxs: la
distribución del poder al interior del patriarcado es mucho más difusa que en
el Estado o el capitalismo, por lo mismo la lucha contra los poderosos en este
aspecto tiene un rol menos relevante que el fomento de una construcción
cultural que nos permita tener una identidad propia en términos de género y que
nos apoye mientras construimos relaciones saludables y sanamos de generaciones
de violencia y trauma, lo cual es perfectamente compatible con entrenamiento en
autodefensa para mujeres y transgénero atacando instituciones económicas
culturales y políticas que ejemplifican el patriarcado y que representan una
forma de educar a la gente en la necesidad de una alternativa, el problema
radica en que es la gente con poder la que conscientemente saca provecho del
patriarcado impidiendo activamente la emergencia de esta cultura. La mayoría
del trabajo requerido para superar el patriarcado probablemente sea pacífico
(construcción de alternativas y cicatrización de las heridas provocadas por
éste), pero la práctica pacifista deja sin opción a la gente que necesita
protegerse aquí y ahora (ej. Defensa ante un ataque sexual). En consecuencia
¿Qué noción de libertad no incluye la capacidad de las mujeres de defenderse
por sí mismas? No tiene sentido que existan tantas agrupaciones para apoyar a
mujeres que han sido violadas, atacadas o maltratadas y que ninguna trabaje
para prevenir que estas cosas pasen: no debemos ser víctimas.
La idea
de que la violencia revolucionaria excluye a mujeres, queers y trans se basa en
un olvido histórico que es perpetuado por el pacifismo que solo desarrolla
estrategias individuales y no visualiza la violencia como estructural y sirve
incluso para preservar las practicas patriarcales al interior del movimiento.
El feminismo pacifista niega los efectos empoderadores de la lucha militante,
bastando que las feministas formulen una crítica del sexismo para que las
organizaciones que lo sustentan lo reconozcan: pero son hipócritas al encubrir
el despliegue de la misma práctica por parte de los pacifistas, deleitándose
con el cuento de que Gandhi aprendió de su mujer la no-violencia, obviando los
aspectos patriarcales de su relación. Algunas feministas van más allá de las
críticas específicas y tratan de forjar un enlace metafísico entre el feminismo
y la no-violencia, feminizando o naturalizando la pasividad, postura resistida
por un amplio número de feministas de base.
VI. No-Violencia es un engaño
La paz no
será una opción hasta que la violencia centralizada y organizada que es el
Estado sea destruida. Una dependencia exclusiva a la hora de construir
alternativas, -para mantenernos hasta hacer que el Estado quedé obsoleto, y
“currarnos” el tema de la violencia para prevenir una posible
“autodestrucción”-, tampoco es una opción, porque el Estado puede aplastar toda
alternativa que no pueda defenderse a sí misma. Si se nos permite vivir el
cambio que deseamos ver en el mundo, no se necesitará tanto para la revolución.
Nuestras opciones han sido violentamente reducidas a las siguientes: apoyar
activamente la violencia del sistema; apoyarla tácitamente rechazando
desafiarla; apoyar cualquiera de los enérgicos intentos para destruir el
sistema basado en esa violencia; o perseguir nuevas y originales formas de
luchar y destruir ése sistema. Lxs activistas privilegiadxs deben entender
aquello que el resto del mundo ya sabe desde hace tiempo: estamos en medio de
una guerra, y la neutralidad no es posible. No hay nada en este mundo que pueda
merecer el nombre de “paz”. Es más, es una cuestión que se reduce a qué
violencia nos asusta más, y del lado de quién vamos a resistir.
jueves, 3 de enero de 2019
El semanario anarquista “faro” de Málaga (1936-37)
El 12 de octubre de 1936 y durante la guerra civil un
grupo de jóvenes de la juventudes libertarias sacaban a la luz el semanario
anarquista “faro”, este periódico terminaría siendo el órgano de las juventudes
libertaria en Málaga.
Entre sus fundadores estaban:
Juan Santana Calero (director del periódico)
Cipriano Damiano González
domingo, 23 de diciembre de 2018
lunes, 17 de diciembre de 2018
Las fosas de la Transición
Los pioneros extremeños de la memoria
“En casa de la carnicera se venden huesos
rojos para el cocido”: así reza la pintada que alguien ha estampado frente al
domicilio de Felisa Casatejada. Felisa regenta una carnicería en Casas de Don
Pedro, un pequeño pueblo de la provincia de Badajoz. En la localidad se ha
producido una inquietante revolución: los vecinos han conseguido exhumar la
primera fosa común de fusilados republicanos desde la guerra civil. Es 13 de
mayo de 1978, nace allí el primer movimiento por la memoria histórica, que se
extenderá por toda Extremadura.
Hubo otro 78, hubo otra Transición,
distinta a la fábula oficial, al cuento de hadas que se intensifica estos días
con motivo del cuarenta aniversario de la Constitución. La narración del poder
nos habla de padres de la patria, de borbones providenciales, de consenso y
cambio pacífico. Un relato edulcorado en el que está prohibido mencionar las
palabras represión, miedo y movilización popular. Pero la transición no puede
entenderse sin ellas. Sin los 188 asesinatos provocados por la violencia
institucional entre 1976 y 1983 (Mariano Sánchez Soler), sin la tutela y
amenaza permanente de los poderes fácticos. Y tampoco sin la lucha constante de
los movimientos populares, cuya expresión más genuina será, durante esos años,
el movimiento obrero, que protagoniza “el período de conflictividad más intenso
de toda Europa”, como nos recuerda Emmanuel Rodríguez.
Es en ese contexto de hervidero popular,
de poder constituyente en ciernes, donde fructifica el movimiento que lucha por
la dignificación de los represaliados del franquismo y por el rescate de la
memoria. Entre 1978 y 1983, sólo en Extremadura, serán 37 los pueblos en los
que se exhumen las fosas comunes, desafiando a la extrema derecha, a las
presiones gubernativas y policiales, e incluso a la actitud pasiva o renuente
en las direcciones de los principales partidos de la izquierda. Un potente
movimiento popular, precursor en la reivindicación de la memoria histórica, pero
que, sorprendentemente, es hoy prácticamente desconocido, quizás porque su
simple recuerdo desestabiliza el relato tramposo de la transición.
“Curiosamente” la memoria sobre el primer movimiento de la memoria brilla por
su ausencia.
La transición, como apuntará Emilio Silva,
“se fundamentó en un pacto de silencio y olvido con respecto al pasado”. Un
pacto, con tres pilares: amnistía, amnesia y equidistancia. La ley de amnistía
del 77 constituirá un despropósito mayúsculo, que acabará amparando incluso a los
torturadores de la Brigada Político Social o legalizando las incautaciones –el
robo- a centenares de miles de familias republicanas. “Pensar que el mundo
de los vencedores estaba amnistiando al mundo de los vencidos, después de la
perpetua venganza que fue el franquismo, suena a broma pesada; y pensar que los
vencidos estaban amnistiando a los vencedores, sin que nadie hasta el momento
hubiese establecido nada sobre los delitos por ellos cometidos, resulta
absurdo”(Francisco Espinosa).
Pero no hay ley ni conciliábulo capaz de
ocultar un genocidio como el que provocó el fascismo en España. El historiador
inglés Paul Preston lo denominó por su nombre preciso: holocausto, exterminio
sistemático. Holocausto que escribirá en Extremadura algunas de sus páginas más
sanguinarias, como el reguero de crímenes de la columna de la muerte, la
matanza de Badajoz o las represalias tras la caída de la Bolsa de la Serena.
El “paseo” y la fosa común serán los
procedimientos predilectos en este plan de exterminio. Que se los trague la
tierra, que no quede de ellos ni la memoria, que no se sepa siquiera si fueron
o no eliminados, que los familiares no tengan donde velarles. La fosa común es
“una sofisticada tecnología de producción de terror” (Francisco Ferrándiz), una
herramienta que persigue “anular física y políticamente al adversario”, romper
las familias e instaurar el miedo permanente en la comunidad. Y vaya si lo
consiguieron. El 16 de mayo de 1939 se produce la matanza en Villarta de los
Montes. En 1982, Eduardo Guzmán recoge en Tiempo de Historia el relato de los
vecinos del pueblo: “Los veintitrés muertos de las dos «joyas» quedaron sin
enterrar semanas y semanas, dejando que los devorasen los perros y las
alimañas. A mediados de junio un teniente que llegó al pueblo, horrorizado al
ver en Villarta a un perro con una pierna humana, ordenó que se sepultasen los
restos de las víctimas. Fuimos familiares quienes tuvimos que hacerlo. Pero no
se nos permitió trasladarles al cementerio del pueblo ni colocar una lápida o
una cruz sobre sus tumbas. Durante siete largos lustros persistió esta
prohibición”.
Ya en la transición el grito preferido de
los jóvenes cachorros de Fuerza Nueva seguirá siendo “Rojos al paredón”, el eco
indeleble de la infamia de las fosas comunes, la representación más exacta
sobre la condición asesina del fascismo. Pero en las cunetas de Extremadura y
de España hay demasiada dignidad, demasiado excedente utópico como para
pretender ahogarlo en miedo y olvido. Y, así, el olvido se va llenando de
memoria, pueblo a pueblo.
Casas de Don Pedro, los pioneros
Todo se hunde en la niebla del olvido
pero cuando la niebla se despeja
el olvido está lleno de memoria.
Mario Benedetti
“A la derecha les cogió dormidos”. Así lo
recuerda Santiago Mijarra, una de las personas que participó más activamente en
“el traslado de los restos”, como entonces se llamaba popularmente a las
exhumaciones de los republicanos asesinados. Su padre, Santiago Mijarra, y
Julián Arroba consiguieron huir del pelotón de fusilamiento la noche del 25 de
abril de 1939. Lo que ocurrió más tarde lo cuentan los historiadores Benito
Díaz y José Ignacio Fernández Ollero en Mujeres y hombres de la sierra: “El
27 de mayo, a las cuatro de la tarde, paró un camión delante de una casa
habilitada como cárcel donde se encontraban varios presos republicanos.
Hicieron subir a tres mujeres: Rita Moñiño Gómez, Cecilia Emilia García Rubio,
de 24 años, esposa de Santiago; Petra Eloísa Talaverano Soto, de 23 años,
esposa de Julián Arroba y además a Ángel Serrano Gallego y a Pedro Talaverano
Soto. A dos kilómetros del pueblo fueron ejecutados en el sitio llamado las
Parideras, después de haber sido torturados”. Santiago Mijarra, hijo, será
uno de los motores del movimiento que está naciendo. Es electricista de
profesión y desde principios de los años setenta se ha implicado en las luchas
de las comisiones obreras en Madrid, la ciudad donde ha emigrado toda la
familia y otros muchos vecinos del pueblo, como José Casatejada, el hijo de
Felisa, la familia de quién partirá la primera iniciativa de apertura de las
fosas comunes.
Paloma Aguilar, la historiadora que, junto
a Guillermo León, más ha investigado este primer ciclo de exhumaciones,
reconstruye las raíces del acontecimiento: “Todo comenzó en 1976, en una de
las visitas periódicas que la familia de José Casatejada hacía al pueblo. Su
padre le había contado en multitud de ocasiones que sus hermanos (Julián y
Alfonso) estaban enterrados en la finca de Las Boticarias. Aquel año se quedó
mirando fijamente el emplazamiento de la fosa y le dijo: “hijo, ahora que ha
muerto Franco y las cosas están cambiando, ¿crees que sería posible sacar a tus
tíos de allí y enterrarlos en el cementerio?, a lo que el hijo respondió que al
menos tenían que intentarlo”.
Comienza de ese modo la proeza, aún
agarrotados por el miedo de los últimos fusilamientos del franquismo en 1975.
Empieza el calvario de los despachos, la ilación de las pequeñas y a veces
insospechadas alianzas, la inteligencia para aprovechar los resquicios legales.
Y, sobre todo, la tenaz apelación a la dignidad y a la memoria del pueblo. Por
tres veces (8 de noviembre de 1977, 30 de enero y 7 de abril de 1978) Felisa
Casatejada se dirige por escrito al gobernador civil reclamando la autorización
para realizar la exhumación y, de ese modo, poder dar a sus hermanos “cristiana
sepultura en el Cementerio Católico de esta Villa”. El gobernador ha puesto la
condición de que “no se aproveche el acto de traslado para hacer una
manifestación política”. Y, según el testimonio de familiares que recoge Paloma
Aguilar, destacados dirigentes del PSOE (Rodríguez Ibarra y Hernán Cortés
Villalobos) han tratado de convencer a Felisa y José Casatejada de que no se
lleve adelante la exhumación, porque “era muy peligroso” y “estaba todo muy
reciente”. El gobernador civil convoca a Felisa en su despacho de Badajoz, al
que acude días más tarde acompañada de su marido. Allí, les prohíbe, “de
forma tajante, cualquier tipo de manifestación de contenido político y la
exhibición de todo tipo de símbolos partidistas”. La historiadora reproduce
el testimonio de Felisa Casatejada: “No saquen las banderas, no digan ningún
viva fulano, ni viva beltrano, vivas no quiero ninguno, porque ustedes van a ir
muy vigilados; aunque usted no vea a la Guardia Civil, la Guardia Civil la va a
estar viendo a usted; y si dicen algún viva o llevan alguna bandera, conste que
usted pagará, a usted la cogen y usted pagará”. Estamos en el alabado año
1978, ya se han celebrado las primeras elecciones democráticas, pero el miedo
sigue bien vivo. Felisa no se atreve a replicar al gobernador pero en toda una
vida de sufrimiento ha aprendido las tretas del débil, el coraje emboscado tras
la aparente aceptación. Cuando sale del despacho, su determinación es
clara: “¿Cómo perros? ¡Ya los mataron como perros! Así no”.
El alcalde, el cura y los dueños de la
finca Las Boticarias han prestado su conformidad, apoyos que serán
fundamentales para el éxito de la iniciativa. El 13 de mayo de 1978, bien
temprano, comienza la búsqueda con una excavadora. A las 13:10 aparece una bota
y después los primeros huesos del crimen. La rabia y la emoción se funden. Al
final de la tarde tres ataúdes están repletos de huesos y enseres de los
asesinados, la prueba de la escabechina realizada (como ha demostrado concienzudamente
Fernando Barrero Arzac, en ese emplazamiento fueron fusilados el 15 de mayo de
1939, 51 personas, entre soldados del campo de concentración de Zaldívar y
vecinos de la localidad). Los restos serán velados dos noches en el campo, del
mismo modo que, meses después, en julio, durante la segunda exhumación, serán
custodiados en la entrada del pueblo por la carretera de Talarrubias. “Pasamos
la noche allí, toda la familia, todos los que pudieron acudir. Había rumores de
que iba a venir un grupo de extrema derecha”, recuerda Santiago Mijarra. La
presión de los sectores ultraderechistas de la comarca y la provincia hacia el
alcalde y el cura es grande. Pero la firmeza de las familias y la adhesión de
los vecinos serán aún mayores y vencen. A la mañana siguiente, 39 años después
de la matanza, los féretros recorren las calles del pueblo a hombros de las
familias, cubiertos por banderas socialistas y comunistas y acompañados por más
de 600 personas.
“El pueblo desentierra sus muertos. La
Guerra civil acabó en Casas de Don Pedro, un pueblo cualquiera de Badajoz, el
15 de mayo de 1978”, así iniciaba su crónica José Catalán Deus, el reportero de
Interviú, único medio de comunicación que informó del acto. En los periódicos
regionales, que recogen habitualmente incluso las noticias más triviales –de
ahí que se les suela calificar con cierta sorna como hojas parroquiales- no
apareció ni una sola letra. Ni de esta ni de la inmensa mayoría de las 37
exhumaciones realizadas a lo largo de los cinco años siguientes. El historiador
Guillermo León realizó un estudio minucioso sobre el tratamiento informativo
que recibieron en el diario Hoy entre 1977 y 1982. De las nueve noticias
aparecidas en ese tiempo, sólo dos superaban las 150 palabras y sólo en una de
ellas se acompañaba de una fotografía, amén del discurso común a todas ellas,
elusivo sobre el significado de los actos y descontextualizado. “La prensa
regional jugó un papel silenciador, similar a la de tirada nacional”, concluía
la investigación. A pesar de la trascendencia que la guerra civil había tenido
en la provincia de Badajoz, tanto “por la magnitud de la represión franquista”
como por el hecho de “ser escenario bélico hasta marzo de 1939”, se decretó el silencio
en la prensa regional y estatal. Como afirma el antropólogo Francisco
Ferrándiz, “Interviú fue el único canal de expresión que existía en España
en aquellos años para hablar de eso”. Décadas más tarde, cuando
disertar sobre la memoria histórica no sea ya un trance embarazoso, algunos
políticos e historiadores intentarán desacreditar esa labor de Interviú, a toro
pasado, tildándola de sensacionalista. Ojalá hubieran tenido entonces, en
aquellos años de ocultación, el coraje cívico y la honestidad que demostraron
periodistas como José Luis Morales o José Catalán Deus.
El pulso de la memoria. Torremejía:
embargando vacas, fortificando olvidos
La apertura de las fosas en Casas de Don
Pedro y la publicación en una revista de amplia difusión como Interviú suponen
un revulsivo enorme para el incipiente movimiento de la memoria en Extremadura.
En La Rioja, Asturias o Galicia se abren paso iniciativas similares e incluso
en alguna, como Navarra, las exhumaciones cuentan con el apoyo de los párrocos
locales.
El embrionario movimiento es uña y carne
con las luchas populares que se despliegan en la región y en todo el país. Los
emigrantes extremeños curtidos en el emergente movimiento obrero, los albañiles
o los vendimiadores que protagonizan las huelgas de los 70, los campesinos que
ponen en pie las guerras del tomate o del pimiento, los colonos que se oponen a
la aberración nuclear, serán quienes alcen en sus pueblos la enseña de la
memoria antifascista. La manifestación que se celebra el 14 de agosto de 1977 en
Badajoz expresa bien esa sinergia de reivindicaciones populares; a la
convocatoria asisten más de 9.000 personas - según el diario Hoy- y en ella se
anudan la oposición a la central nuclear de Valdecaballeros, la reivindicación
de la bandera y autonomía extremeñas y la memoria de la matanza de Badajoz.
“El sujeto del conocimiento histórico es
la clase oprimida misma, cuando combate”, escribió Walter Benjamin. El melón de
la transición está abierto y la memoria se sitúa como un asunto crucial que
alimenta y se alimenta de las luchas del presente. “Yo creo que en España este
problema de la ocultación y de la guerra civil, es muy concreto y está muy
politizado. Diré, metafóricamente, que el pacto de la Moncloa implica el
olvido”, afirmará con lucidez el controvertido Jorge Semprún. O reforma
continuista con el franquismo o ruptura democrática, ese es el dilema que se
dirime en cada artículo de la Constitución o en cada huelga, pero también,
milímetro a milímetro, en cada fosa común, en la reparación de quienes dieron
su vida por la libertad y la justicia. Al cabo de unos meses se produce la
siguiente exhumación en Orellana la Vieja y otras familias comienzan a
organizarse en Valle de la Serena, en Quintana o en Medina de las Torres. El
movimiento que naciera en la comarca de la Siberia empieza a desplazarse hacia
la comarca de la Serena, las Vegas o Zafra.
En Valle de la Serena, un pueblo de poco
más de 1.200 habitantes, se recogerán en marzo de 1979 los restos de 70
víctimas. La iniciativa la ha tomado un grupo de familias, como en casi todos
los casos, y los jóvenes más combativos, muchos de ellos a caballo entre el
pueblo y la emigración. Luis Valor es uno de ellos, que por entonces trabaja,
como Paco Farina y tantos otros, en el País Vasco. “La iniciativa y el peso
fundamental lo llevaron las familias, los jóvenes jugamos más un papel de
acicate”, recuerda Luis. En el Valle, a pesar de que no hubo ni una sola
víctima entre los vencedores durante la guerra civil, la represión había sido
salvaje. El 11 de agosto de 1938, tras el cierre de la Bolsa de la Serena,
fusilaron al último alcalde republicano y “las sacas” continuaron durante
prácticamente un año. Para mayor humillación, como relata Laura Muñoz en su
tesis doctoral sobre la represión franquista, “la ejecución fue celebrada
posteriormente por los perpetradores con una caldereta en un cortijo”.
La comisión organizadora de las familias y
jóvenes reconstruirán el listado completo con la fecha exacta del fusilamiento
de cada uno, exhumarán las cuatro fosas existentes y construirán el memorial.
Pero para ello tendrán que eludir la tremenda presión tanto de los grupos de
ultraderecha de la comarca como de las fuerzas de orden público. “La guardia
civil se presentó al segundo día a tratar de impedir la apertura de la fosa.
Nos dijeron que no se podía excavar. Nosotros le dijimos que no íbamos a parar,
que sólo había una forma de que parásemos, que es que hicieran con nosotros lo
mismo que hicieron en el 39, pegarnos un tiro. Y además que una parte del
trabajo ya lo tenían hecho, porque las fosas ya las habíamos abierto”,
recuerda Luis Valor.
A lo largo de 1979 se multiplica el número
de pueblos que se suman al movimiento: Barcarrota, Calamonte, Burguillos del
Cerro, Quintana de la Serena… En la finca El Almendral, de Oliva de Plasencia,
se recuperan los restos mortales de seis republicanos, entre ellos los últimos
alcaldes de Plasencia, Julio Durán, y de Malpartida, Pedro Mirón; los féretros
recorren las calles a hombros de familiares y militantes, acompañados de un silencio
sobrecogedor, que habla por sí solo. Los muertos negados, humillados durante
décadas, comparecen de nuevo y el pueblo se mira en su ejemplo de dignidad.
La elección de los ayuntamientos
democráticos estimula los procesos de exhumación, pero las zancadillas y
presiones de “las autoridades” no cesan. La memoria quema y hay que apagarla
como sea. Torremejía quizás sea el mejor exponente de esa política de
obstrucción y persecución. Allí se produce la exhumación los días 16 y 17 de
agosto: los restos mortales de 33 republicados fusilados en 1936 son
trasladados al cementerio, a petición de los familiares. El día 17 más de mil
personas acompañan el traslado y homenaje en el cementerio católico municipal,
pero la sorpresa es que unos días después el alcalde, Benito Benítez Trinidad,
jornalero y militante de la Organización Revolucionaria de Trabajadores (ORT)
es denunciado por un concejal de UCD y, al mismo tiempo, por el Gobierno Civil
de Badajoz. Le acusan de “malversación de caudal público”; el ayuntamiento, por
acuerdo unánime, ha pagado diez jornales con cargo al empleo comunitario para
ayudar a las familias en las tareas de exhumación y excavación de la nueva
fosa. El juzgado, raudo en esta ocasión como un lince, fija las
responsabilidades subsidiarias del alcalde en 50.000 pesetas, pero como Benito
no dispone de esa cantidad ordena que le sea embargada una vaca, que es la
única propiedad que detenta. Pero las familias y el pueblo se revuelven y son
ellos quienes asumen colectivamente la sanción.
El caso muestra la estrategia del poder
político. Es el gobierno civil directamente el que interviene y su objetivo es
diáfano: hay que disuadir por todos los medios a los promotores del movimiento,
hay que evitar que se siga expandiendo por toda la región y el país. El embargo
de la vaca forma parte de una pedagogía del abuso de poder, que puede parecer
ridícula, pero que resulta muy eficaz. Pero la condena al alcalde de
Torremejía, además de aviso para caminantes con principios, es al mismo tiempo
un cortafuegos dirigido contra los nuevos ayuntamientos democráticos y su
potencia de transformación. Dedíquense ustedes a arreglar las farolas y las
calles y no se metan en política, parece señalar la estrambótica sentencia.
Dedíquense a la gestión y olvídense de rupturas democráticas y antifascismo.
En coherencia, otra de las medidas que
adopta el poder es establecer requisitos más estrictos para lograr los permisos
de exhumación de las fosas: “Las autoridades exigieron algo muy difícil de
demostrar: que al menos un familiar de cada una de las personas que estaban
enterradas respaldara la solicitud de traslado de los restos (…) el exceso de
trabas hizo que algunos familiares, como en Siruela, decidieran trasladar los
restos casi clandestinamente, antes de la llegada de los permisos” (Paloma
Aguilar).
El desasosiego de la memoria histórica es
el desasosiego de la transición. El poder lo tiene claro: obstáculos
administrativos, represión política, silenciamiento mediático y “cultura del
olvido”. Hay que clausurar el pasado. El 28 de noviembre de 1978, diez días
antes del referéndum sobre la Constitución, pretende reunirse en Madrid el
Tribunal Cívico Internacional contra los Crímenes del Franquismo, una
iniciativa que pretende emular al Tribunal Russell. Esa noche son detenidas en
el Hotel Convención las diecinueve personas que componen la junta promotora.
El triunfo del 23 de febrero: la
suspensión de la memoria
A pesar de los impedimentos y de la
estrategia de ocultación, el movimiento se sigue propagando. Pero bajo la cada
vez más atenta mirada de la ultraderecha: En Navas del Madroño el domingo de
ramos de 1980 se exhuman los restos de 68 vecinos, fusilados en enero de 1938
tras ser acusados de formar parte del “complot de Máximo Calvo”, el jornalero y
dirigente comunista extremeño. Los vecinos de Navas están enterrados en una
fosa común en el cementerio parroquial de Cáceres. El periodista Alfredo
Grimaldos cubre la noticia para Interviú y relata años después el ambiente de
tensión de aquella fecha. “Cuando finalizó la exhumación, los restos de todos los
fusilados se guardaron en cinco féretros, para trasladarlos hasta el pueblo. Al
llegar la comitiva, los paisanos gritaban y lloraban, olvidándose del miedo que
aún les tenía atenazados”. Grimaldos tuvo la idea poco feliz de acercarse a un
bar frecuentado por los fascistas en Cáceres para preguntarles su opinión: “La
barra estaba a la derecha y había un hueco en ella hacia la mitad del local,
pero no me dio tiempo a llegar hasta allí. Nada más entrar, alguien me puso una
pistola en la cabeza: -Vete de aquí, hijo de puta, ya sabemos quién eres. ¿Qué
coño vienes a hacer?”.
En Montijo será a finales de 1980 cuando
comience la exhumación de las fosas comunes, que se encontraban en su mayoría
en el espacio reservado al cementerio civil. “Quien nos informó de dónde
estaban las fosas fue Alonso Ruíz, el Vaquero. Una tía suya murió por aquellas
fechas y la fueron a enterrar por la caridad, en tierra. El enterrador,
cavando, se encontró con la fosa común”. Quienes así lo recuerdan son
Fernando Cruz, su hermano Rafa y Pedro Sánchez, trabajadores de la construcción
y militantes comunistas que participaron activamente en aquella y en todas las
batallas de la época por la dignidad.
“La guerra civil en Zafra no fue un
acontecimiento bélico, sino una matanza”, escribió José María Lama en La
amargura de la memoria. Y otro tanto, con igual rigor, podría decirse de
Montijo y de tantos otros pueblos de Extremadura. En Montijo, tomado por la
columna de la muerte el 13 de agosto de 1936, no se había producido ningún
asesinato de personas de derechas. Por el contrario, como recordaba
recientemente Chema Álvarez en un estremecedor artículo, la denominada Escuadra
Negra asesinó a más de 120 personas de la localidad. “Dos jerarcas falangistas
montijanos trajeron de Badajoz la orden de que había que fusilar al 1% de la
población de Montijo para sembrar el terror”. La Escuadra Negra, una sección de
la Falange, con sus brigadillas de ejecuciones, se encargaba de aplicar el
pavoroso porcentaje. La localidad contaba por entonces con 11.100 habitantes.
Aquella escabechina, “bendecida por la Iglesia, animada por el párroco y
alentada por las autoridades ilegítimas del momento, alcaldía y guardia civil”
adquirió tales proporciones que un terrateniente montijano les dijo: “vais a
quedar el pueblo sin obreros para trabajar la tierra”.
Fernando, Rafa y Pedro rememoran al alimón
aquellos meses. “Allí nos encontramos de todo. Dientes, relojes de cadena,
peines de las mujeres contra las liendres, hebillas, las gafas de Santiago Cea…
Y un día, empezaron a chorrear los “duros de amadeo”. Uno de los republicanos
fusilados había escondido de los fascistas las cuatro monedas…”. Todo aquel
material, que se guardaba en el ayuntamiento, desapareció misteriosamente a los
pocos días. Y además del robo, proliferaron las amenazas, que pretendían evitar
que se consumara la exhumación y el homenaje. Juan Carlos Molano, alcalde del
PCE, recibió varios escritos anónimos, depositados en su casa, amenazándole con
seguir la misma suerte si seguía empeñado en remover la historia. Bartolomé del
Viejo y otros concejales recibieron advertencias del mismo tenor. Pero, pese a
todas las intimidaciones, el 4 de enero de 1981, en un acto sencillo y
emocionante, los restos son trasladados a un Panteón Colectivo, bajo una frase
que resume con precisión el heroísmo de las víctimas: “Vivieron y murieron con
dignidad entregados a sus ideales”.
El 8 de marzo, quince días después del
golpe de estado de Tejero, Armada y demás bribones, es Villarta de los Montes
quien entierra a sus muertos. La ignominia de los fusilamientos se había
prolongado en Villarta hasta octubre de 1941. Fue entonces cuando mataron a
Manolo Chaves, que había cometido el gran delito de ser hermano de uno de los
guerrilleros de la sierra: “Quisieron hacer un escarmiento con él y dieron
un bando obligando a todos los vecinos, sin la menor excusa ni pretexto, a
presenciar su muerte. Todos vimos como con las manos atadas a la espalda uno de
los caciques le ordenaba a gritos: -¡Echa a andar que te vas a Rusia!»
(Eduardo de Guzmán). Cuarenta años después, una impresionante manifestación de
duelo recorría los dos kilómetros que separan la fosa común del cementerio
municipal, trasladando los restos humanos de 23 fusilados republicanos.
El golpe del 23 de febrero de 1981 lo
cambió todo, también para el naciente movimiento de la memoria histórica. A
pesar de la apariencia de fracaso, la intentona militar cumplía sus objetivos.
La transición, tutelada desde los cuarteles ya en su origen, se cerraba sin
tocar las columnas fundamentales del poder militar, policial, judicial o
económico. La estafa se completaría en los años siguientes. Como le gusta decir
a Julio Anguita “el poder del franquismo pasó la orilla del Jordán, se hizo
demócrata, pero continúo mandando”. El ingreso en la OTAN –primero, no se
olvide- y en el Mercado Común acababa por “normalizar” la situación: ya somos
una democracia homologable a las europeas, nos repiten machaconamente. Pronto
llegarán los tiempos felices del neoliberalismo y de la “beautiful people”. Y
la memoria pasará a convertirse en un lastre del que hay que deshacerse.
Todo está latiendo en la memoria
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble cabellera
y desamordazarte y regresarte.
Miguel Hernández, Elegía a Ramón
Sijé
El impulso embrionario de la transición se
ralentiza hasta prácticamente desaparecer. En 1985, en Plasencia, se lleva
adelante la última de las exhumaciones del período y habrá que esperar casi dos
décadas para que un nuevo movimiento recoja el testigo de la memoria histórica
en Extremadura. Por toda España han ido surgiendo, durante esos años,
colectivos e iniciativas similares, como el Foro por la Memoria, AGE o la
Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica. En octubre de 2000,
tras la exhumación en Priaranza del Bierzo (León), se inicia “un segundo ciclo,
mucho más mediático que el anterior y con un impacto social mucho mayor”
(Paloma Aguilar). En Extremadura no será hasta el verano de 2003 cuando se
vuelva a abrir una fosa común, en esta ocasión, una mina ubicada en la comarca
de San Vicente de Alcántara-Alburquerque.
El pueblo de Extremadura estuvo durante la
transición en la vanguardia del movimiento de la memoria histórica en toda
España. Junto a Navarra es en estas tierras donde se produce el proceso de exhumaciones
más potente. Y, sin embargo, este hecho es desconocido para la inmensa mayoría
de la población, dentro y fuera de la región. ¿Cómo se explica este olvido,
cómo es posible que prácticamente nadie reivindique aquel movimiento popular?
Quizás tendríamos que buscar las
respuestas en lo ocurrido en Extremadura y en España durante las últimas
décadas. “Cuando la gente pudo por fin hablar y saber, se impuso desde arriba
el gran pacto de silencio y olvido. La memoria de los vencidos no existía, no
debía existir para que la transición siguiera su curso”, escribió Francisco
Espinosa, el historiador que en mi opinión ha investigado de un modo más
riguroso, tenaz y comprometido la represión franquista.
El olvido necesita de la existencia y
concurrencia de olvidadores y de olvidadizos. Al miedo inducido de la
transición, y a la anomalía histórica de que en España la derecha no haya roto
con el cordón umbilical del franquismo, se suma el olvido institucional. Cuando
perdió las elecciones generales en 1996, el PSOE llevaba gobernando
ininterrumpidamente 16 años en España y, en Extremadura, lleva gobernando desde
1983 con la sola excepción de la legislatura de Monago (2011-2015). El olvido
se ha ido espesando y consolidando durante todo ese tiempo. En 1986, coincidiendo
con el 50 aniversario del inicio de la guerra civil, “el gobierno socialista,
con exquisita equidistancia, aprovechaba fechas tan simbólicas para recordar al
mismo tiempo a los que lucharon por la democracia y a quienes acabaron con
ella”, nos recuerda Espinosa. Y al año siguiente la Iglesia española y el
Vaticano, en lugar de pedir perdón por su complicidad con la barbarie del
fascismo –como le requerían muchos párrocos de Navarra- y mostrar su
solidaridad con las decenas de miles de represaliados republicanos diseminados
por las cunetas, comenzaba la beatificación de sus mártires. No hay que remover
el pasado, nos dicen, pero a los suyos bien que los quieren santificar.
El olvido requiere también de
historiadores cortesanos, de “peritos en legitimación”. Santos Juliá, uno de
los intelectuales orgánicos del poder, publicaba en El País el 21 de julio de
1996 un significativo artículo al que titulaba de un modo definitorio:
Saturados de memoria. Pero el habitualmente sagaz Santos Juliá no se percató de
que los tiempos estaban cambiando. La memoria resurgía de la mano de los nietos
y biznietos de las víctimas. Y, al tiempo, en el PSOE se producía un giro
radical en su política: ya había llegado el momento de “mirar atrás”. Rafael
Chirbes lo expresó con valentía: “Gracias a una ágil pirueta, la nueva
socialdemocracia no es heredera de su propia práctica (que incluye a Vera,
Roldán, los Gal, las comisiones ilegales, el pelotazo y el desprecio a
cualquier forma de memoria e izquierdismo), sino de la Segunda República y de
la guerra civil”.
A pesar de la apariencia, la
reivindicación de la memoria histórica está muy lejos de haberse normalizado.
Este año, coincidiendo con el 40 aniversario de las primeras exhumaciones en
Casas de Don Pedro, la Asociación Cultural Estrébede, un colectivo de la
localidad, y la Asociación Memorial del Campo de Concentración de Castuera
(AMECADEC) han intentado infructuosamente que se realizara algún tipo de
reconocimiento a las personas que protagonizaron aquella “acción prístina de
memoria democrática”, entre ellas a Felisa Casatejada. Como explica Roberto
Carlos Fernández, miembro de Estrébede, el acto no era posible realizarlo en
Casas de Don Pedro, debido al miedo de los familiares: “Felisa aún tiene
grabado a fuego no sólo la represión a sus hermanos, sino también las amenazas
del tardofranquismo”. Lo sorprendente es que cuando AMECADEC propuso a la
presidenta de la Asamblea de Extremadura realizar un pequeño acto de
reconocimiento en el parlamento de Extremadura -acto al que Felisa y la familia
sí daban el beneplácito- fue el PSOE quien se opuso a ello. Ayer no se podía
hablar de la represión franquista y hoy se sigue sin poder hacerse sobre los
crímenes y los miedos de la transición.
Todo está guardado en la memoria, cantó
León Gieco. Hace falta honrar a los luchadores republicanos y antifranquistas,
desbordar los límites tramposos de la transición, reivindicar el 78 de los de
abajo, impulsar la autonomía de los movimientos populares de la memoria. El
huevo de la serpiente es una expresión que se popularizó en los años 80 para
identificar el origen del fascismo. Provenía de una película de Ingmar Bergman.
“Cualquiera puede ver el futuro, es como un huevo de serpiente. A través de la
fina membrana se puede distinguir un reptil ya formado”. El neofascismo rampante
de nuestros días nace y crece en el olvido.
Nota:
Este artículo quiere ser un homenaje a
todas las personas que murieron luchando contra el fascismo y a todos los que
lucharon en la transición por su memoria. Doy las gracias a todas las personas
que han prestado su colaboración o testimonio, y, entre ellas, a Cecilia y
Santiago Mijarra, Roberto Carlos Fernández y Jesús Sánchez, de Casas de Don
Pedro; a Rafa y Fernando Cruz, Pedro Sánchez y Chema Álvarez, de Montijo; a
Luis Valor, de Valle de la Serena; a Aureliano Ruíz, de Villarta de los Montes;
y a Guillermo León, de AMECADEC. El escrito ha tomado como referencia
fundamentalmente los artículos y libros de Paloma Aguilar, Guillermo León,
Fernando Barrero, Laura Muñoz y Francisco Espinosa.
Manuel Cañada Porras
Fotografía: Santiago Mijarra
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante
una licencia de Creative Commons, respetando su libertad
para publicarlo en otras fuentes.
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