martes, 28 de agosto de 2018

El Estado y el anarquismo moderno



El Estado ha sido objeto de reflexión filosófica en la mayoría de los grandes pensadores de la historia de la humanidad. Con la llegada el anarquismo moderno, se producirá una crítica radical al poder político, que repasamos de forma somera en el pensamiento de algunos de los grandes pensadores ácratas.
Tal vez desde Platón, se ha intentado definir la esencia y la misión del Estado con respecto al individuo y a la sociedad. En la Antigüedad, la discusión sobre esta instancia política se refería a la mejor organización de la sociedad, ya que se trataba de un caso particular del problema más general de la justicia; en los escritos platónicos y aristotélicos se recogen los temas que ya habían puesto en circulación los sofistas, se habla del Estado como la mejor forma de articulación de los individuos y de las clases para realizar la justicia, dando a cada uno lo que de derecho le pertenece. Platón y Aristóteles se opusieron a algunos sofistas, los cuales consideraban que el Estado no se fundaba en la justicia, sino en el interés del más fuerte. En esos sofistas, podemos encontrar antecedentes de las teorías modernas del maquiavelismo, del contrato social o incluso del totalitarismo: el Estado se halla ligado básicamente al poder.
En la Antigua Grecia, se discutió ampliamente sobre la mejor "constitución política", es decir sobre los diferentes tipos de Estado (timocracia, oligarquía, democracia, aristocracia, tiranía...) y tanto Platón como Aristóteles trataron de hallar el fundamento de la legitimidad del poder en el Estado, en un tipo de constitución que estuviera igualmente distante de la anarquía y de la oligarquía. El gobierno de unos pocos no era necesariamente oligárquico, ya que no está fundado en los intereses particulares de una minoría sino en los del Estado (entendiendo éste como articulación en aras de la justicia) .
En la Edad Media, se estableció el conflicto entre la supremacía del Estado o de la Iglesia. El primero se entendería como una comunidad temporal e histórica y la segunda como una comunidad espiritual que se halla en la historia, pero que trasciende de ella. San Agustín y Santo Tomás de Aquino subordinaron el Estado a la Iglesia y lo entendieron bien como algo negativo bien como una comunidad temporal que debía ser guiada por la propia Iglesia. En el Renacimiento, habrá un cambio radical con una fuerte reacción contra el predominio de la Iglesia y se producirá la conformación de los Estados nacionales. Pensadores como Maquiavelo exigirán una separación total entre Estado e Iglesia. Se desprende así al Estado de su fundamento divino y se le inserta definitivamente en la temporalidad y en la historia. De esta manera, surgen las primeras concepciones sobre el Estado ideal, como Utopía de Moro o La Ciudad del Sol de Campanella, que recogen la tradición platónica al intentar diseñar una organización política donde sea posibles la paz y la justicia .Durante los siglos XVII y XVIII, nace y predomina la teoría contractualista, según la cual el Estado nace de un pacto entre los hombres, bien para evitar el aniquilamiento mutuo (Hobbes) bien como sometimiento a la voluntad general (Rousseau). Spinoza tendrá una teoría paralela, según la cual el Estado es una comunidad de hombres libres, un garante de la libertad. El Estado se va configurando como un equilibrio, tanto de los distintos grupos religiosos como de las clases. En la Ilustración, existirá la doctrina del "despotismo ilustrado", en la que el Estado es capaz de conducir a los hombres por el camino de la razón frente al oscurantismo y la superstición del pasado. La filosofía romántica que se desarrolla en Alemania al hilo de los nacionalismos y de las tradiciones tiende a identificar nación con Estado. Para Hegel, el Estado será el lugar donde el espíritu objetivo, vencida la oposición entre familia y sociedad civil, llegue a realizarse plenamente; es un precedente de lo que serán posteriormente los Estados totalitarios. El que rige el Estado debe ser, según la teoría romántica, el representante del "espíritu del pueblo" o "espíritu nacional", el que cumple los fines objetivos planteados por este espíritu.
El análisis anarquista empieza a finales del siglo XVIII con Godwin, el cual denuncia el contrato social que conduce a la autonomía de la instancia política y somete la razón individual a la razón de Estado. Puede decirse que el Estado, su resultante histórico, como conjunto o cuerpo institucional, posee las características de constituirse como unidad del espacio político, de identificarse con la ley y de expresarse por medio de la prohibición y de la sanción. Así, tal vez el Estado moderno comienza a existir cuando tiene la capacidad de hacerse reconocer sin necesidad de recurrir a la fuerza ni a su amenaza.

Proudhon, como primer pensador abiertamente anarquista, se mostrará muy beligerante con el Estado; aunque admite su necesidad en el pasado, el futuro solo puede suponer su extinción. El autor de ¿Qué es la propiedad?, en la línea de Saint-Simon considerará al Estado una entidad abstracta; solo la sociedad es un conjunto concreto de trabajo y producción, por lo que solo puede trabajarse por la disolución estatal. Max Weber dijo "El Estado es el monopolio legítimo de la fuerza", pero el ciudadano no ha legitimado tal cosa, por lo que se encuentra en su derecho al rechazarla .
En la misma línea, Bakunin considera el Estado una abstracción destructiva donde se inmola el individuo y la sociedad; como es sabido, el principio de la autoridad terrenal para Bakunin se origina en la autoridad metafísica, por lo que el Estado solo puede ser definido como el hermano menor de la Iglesia. Así, la fuerza vital de la sociedad queda anulada por el Estado; no importa la distinta naturaleza o legitimidad del Estado, incluso aquella que apela a su creación por la voluntad libre y consciente de los hombres, en todos los casos domina a la sociedad y tiende a absorberla por completo. El Estado es para Bakunin la negación de la libertad, incluso el democrático, ya que en ese caso es el pretexto de la voluntad colectiva la que oprime a cada individuo concreto.Está claro que el Estado, para la visión anarquista desde sus orígenes, supone la imposibilidad de que la sociedad se base en la cooperación entre iguales; se trata de una institución que trata siempre de someter a la sociedad bajo su tutela y arbitrio. Puede decirse que cuanto mayor poder tenga el Estado, menos tiene la sociedad y viceversa. Kropotkin considera que el Estado supone la más peligrosa concentración de poder en la sociedad y el mayor enemigo de las clases oprimidas; como es sabido, el autor de El apoyo mutuo se esforzó en poner ciencia y teoría al servicio de la praxis revolucionaria, por lo que no pudo dejar de analizar la génesis y el desarrollo de la institución estatal y merece la pena que nos detengamos en su visión. En una conferencia, pronunciada en 1897 y publicada dos años más tarde, como ampliación del prólogo realizado en 1892 para el folleto de Bakunin La Comuna y la noción de Estado, llamada El Estado. Su rol histórico, rechaza en primer lugar la identificación que tantos autores han realizado entre sociedad y Estado. Sin embargo, Kropotkin tampoco identifica necesariamente el Estado con el gobierno, ya que aquel supone, no solo la colocación de un poder por encima de la sociedad, también "una concentración territorial y una concentración de muchas funciones de la vida de las sociedades entre las manos de algunos (o hasta de todos)". Comprendido esto, se explica por qué Kropotkin gusta de aquellos modelos históricos (la polis griega, la comuna medieval..) en los cuales no estaba eliminado el poder, sino diluido y minimizado gracias a la Asamblea Popular; la existencia de una red de vínculos horizontales, por una parte, en una unidad territorial y la concertación de lazos federativos, por la otra. El paradigma del Estado procede para Kropotkin de la antigua Roma, ya que de ella procedía todo: la vida económica, el ejército, las relaciones judiciales, los magistrados, los gobernadores, los dioses... Todo el imperio reproducía en cada región la centralización procedente del Senado y, posteriormente, el poder omnipotente del César .
Puede decirse que para la concepción histórica de Kropotkin, la historia de la humanidad se divide en dos opciones: la imperialista o romana y la federalista o libertaria. Sin embargo, para comprender la naturaleza y evolución del Estado, es preciso abordar en primer lugar el gran problema del origen de la sociedad humana. Kropotkin no dejaba de reconocer que la teoría del contrato social había servido como importante arma para acabar con la monarquía de derecho divino; a pesar de ello, rechazó todo idea contractualista. Frente a todo estado humano previo a la sociedad, Kropotkin recoge la herencia aristotélica al considerar al hombre un "animal social" y a la sociedad humana como una realidad primaria, no como un derivado de una asociación basada en una supuesta asociación libre. El hombre, al igual que la mayoría de los animales, ha vivido siempre en sociedad, tal y como Kropotkin trata de demostrar en El apoyo mutuo; el desarrollo del intelecto se habría producido en las especies más sociables. El hombre no ha creado la sociedad, sino que nace ya en ella; el punto de partida de la sociedad sería el clan y la tribu en los primitivos, de los cuales se habría hecho un conveniente retrato de pueblos feroces y sanguinarios, pero el estudio de su vida comunitaria demuestra lo contrario. Kropotkin observa en aquellas sociedades primitivas una emergente moralidad tribal y una serie de instituciones; aunque existían directores y guías, tales como el hechicero o e el experto en las tradiciones de la tribu, tales cargos eran solo temporales y no permanentes, ya que habrían sido creados para una tarea muy concreta . Tal y como recogerán antropólogos posteriores a Kropotkin, así como los estudios contemporáneos de Pierre Clastres, en aquellas sociedades no existía alianza entre el hechicero y el jefe militar, por lo que no había entonces una forma de Estado .

Es en el siglo XVI, cuando los modernos bárbaros, los auténticos para Kropotkin, comienzan a destruir la civilización del medievo: sujetan al individuo eliminando sus libertades, le obligan a olvidar las uniones basadas en la libre iniciativa y en la libre inteligencia, y se ponen como objetivo nivelar la sociedad entera en una misma sumisión ante un dueño (Estado y/o Iglesia). Para Kropotkin, los modernos bárbaros son los que dan lugar al Estado: la triple alianza del jefe militar, el juez romano y el sacerdote. El inicio de la moderna nación/Estado está en la incapacidad de las ciudades libres para liberar a los campesinos del feudalismo, así como el fin de las pólis griegas tiene su origen en la persistencia de la esclavitud. En el siglo XII, los futuros reyes no eran más que jefes de pequeños grupos de bandoleros y vagabundos, los cuales se acabarían imponiendo con habilidad y usando la fuerza y el dinero; recibieron el apoyo de una Iglesia, siempre amante del poder. En el siglo XVI, y salvo algunas resistencias en las que Kropotkin sigue viendo la lucha de clases y el afán de una sociedad libre y comunista, el europeo que unos siglos antes era libre, federalista y no buscaba remedios en la autoridad se convierte en todo lo contrario bajo la doble influencia del legista romano y del canonista. Así nace la institución estatal para Kropotkin en oposición a la historiografía liberal y universitaria, la cual presenta el Estado moderno como una obra del espíritu unificadora de lo disperso y conciliadora de los antagonismos existentes en la sociedad medieval. Por el contrario, para Kropotkin, se acaba con una servidumbre para reconstituirla nuevamente bajo múltiples formas nuevas, así como se inaugura una igualdad que solo quiera la sumisión al Estado; en el siglo XVIII, al menos la mitad de las tierras comunales pasarán al clero y la nobleza para un siglo después consumarse la propiedad en manos privadas .
Como es sabido, Kropotkin y los anarquistas denunciarán que esta evolución estatista, así como la educación que preconiza, ha llevado a que incluso los que se denominan socialistas y revolucionarios vean en el proceso un progreso hacia la igualdad y la modernidad; todos los recursos de nuestra civilización, la ciencia y la sicología incluidas, se colocaron al lado de ese ideal centralizador y autoritario. Fiel a su criterio biológico y evolucionista, Kropotkin considera que Estado se desarrolló gracias a la función que tuvo que desempeñar de aplastar toda comunidad de hombres libres e iguales, por lo que no puede esperarse nada diferente de él. En oposición a Marx, considera que el Estado no funciona mal porque esté gestionado por burgueses o capitalistas, sino que es lo que es por su génesis y desarrollo histórico, por lo que no puede ser nunca una palanca de emancipación social.
De una forma más pragmática y sencilla, Malatesta recordaba en primer lugar que la palabra Estado significaba para los anarquistas prácticamente lo mismo que gobierno: es lo que quiera expresarse cuando se habla de "…la abolición de toda organización política fundada en la autoridad y de la constitución de una sociedad de hombres libres e iguales, fundada sobre la armonía de los intereses y el concurso voluntario de todos, a fin de satisfacer las necesidades sociales". No obstante, Malatesta también señalaba, huyendo de todo tecnicismo filosófico y político, que tantas veces quería equipararse los términos de Estado y sociedad, cuando se aludía a una colectividad humana reunida en un territorio determinado; es por esto que los adversarios del anarquismo, confundiendo a propósito Estado y sociedad, consideran que los ácratas desean la ruptura con todo vínculo social.
Otra confusión estriba en cuando se entiende el Estado como la administración suprema de un país, es decir, un poder central distinto del provincial o del municipal, y se aboga por la descentralización territorial; en este caso, el principio gubernamental puede quedar intacto, por lo que no hablamos obviamente de una sociedad anarquista. De un modo mucho más genérico, como "estado", también es sinónimo de régimen social", Malatesta consideraba que era bueno era referirse mejor en el anarquismo a una sociedad sin gobierno, entendido éste como una élite de gobernantes; ésta, está constituida por  aquellos que poseen la facultad, en mayor o en menor medida, de servirse de la fuerza colectiva de la sociedad (física, intelectual o económica) para obligar a todo el mundo a hacer lo que favorece sus designios particulares. Así, expresado de un modo muy sencillo por Malatesta lo que se rechaza en el anarquismo es el principio de gobierno, que es lo mismo que el principio de autoridad.


viernes, 17 de agosto de 2018

Detenidos un grupo de guerrilleros clandestinos de la CNT en Archidona (1946).


 

El 13 de enero de 1946 la guardia civil de Archidona (Málaga) detiene a un grupo de 20 guerrilleros clandestinos de la CNT, a 40 vecinos más sospechosos, quedando 30 más por buscar y detener en total 90 personas según costa en el escrito de las diligencia que firma el 17 de este mes el capitán de la compañía.

Juan Jimenez Liceras (a) Chorizo
Francisco Ardila Pérez (a) Bartolo
Antonio Santana Cano
Manuel Muñoz Casado (a) Chicharrón
Antonio Lara García (a) Larita
Antonio Sanchez Bautista (a) El Maño
Manuel rey García (a) El Cuca
Francisco Campillo Arca (a) El Patilla
Justo Elias García Bueno (a) Respetado
Miguel Muñoz sanchez (a) Pellejero
Raimundo Rodríguez Cruz
José Gemer Ramos (a) El Salareño
Antonio Ropero Villedrez (a) Chupillero
José Luis Luque Pacheco (a)Pacheco
José Reina Reina
Francisco García Lara
Francisco Aranda Lara
Francisco Ortega Moreno (a)Emprestado
Miguel Galvez Jimenez
Felipe Trujillo Casado (a)Trujillo


 
La resistencia antifranquista en Archidona (1942)
En 1942, empezó en la zona una feroz represión contra aquellos que aún seguían luchando contra el franquismo, en la sierra y en sus alrededores, hubo un grupo organizado clandestinamente de milicianos que se escaparon de la garras del fascismo y vino a para por esta zona, aunque dominaban toda la zona oriental de Andalucía, Málaga, Granada y Almería.

Estos guerrilleros a los que las autoridades militares golpistas llamaban "bandoleros" eran miembros del PCE y de CNT y tuvieron contacto con los "hermanos Quero" de Granada y con la famosa  partida de "Roberto" apenas se comunicaron con los que actuaban por la zona de la serranía donde también los libertarios luchamos con ahínco y la prueba de ello es los hermanos López Calles de Montejaque.
Estas partidas estuvieron su auge fuerte desde el 1942 hasta 1951, y fue por los años 1946 cuando la guardia civil disfrazada de falsos guerrilleros (contrapartida), fueron eliminado a sus colaboradores y enlaces además de los lugares que ellos habitaban chozas abandonadas, cuevas etc..., así fueron poco a poco acabando con los del monte, sitiándoles y dándoles caza, y a los apresados después de un largo y tortuoso interrogatorio se les aplicaban la ley de fuga, así fueron poco a poco eliminándolos a todos, los últimos en 1951.


viernes, 10 de agosto de 2018

Pierre-Joseph Proudhon: El padre del pensamiento anarquista



Pierre-Joseph Proudhon (15 de enero de 1809 – 19 de enero de 1865), filósofo político y revolucionario francés, y, junto con Bakunin y Kropotkin uno de los padres del pensamiento anarquista y de su primera tendencia económica, el mutualismo.
Nació en Besanzón, en el seno de una familia de artesanos y campesinos. Su padre, Claude Proudhon, era tonelero y cervecero, y consideraba que la cerveza que fabricaba debía venderse por un valor que agregaba al precio de costo, tan solo el salario de su trabajo, ya que "hubiera creído robar si hubiese cobrado más al comprador". Esta conducta paterna influenciará a Pierre-Joseph, en cuya obra se evidenciará esta búsqueda del justo precio como estricta remuneraciòn del trabajo, considerando toda "ganancia" como "ingreso no ganado". Su madre era cocinera y sirvienta. Él mismo trabajó toda su vida manualmente: primero, como guardador de vacas y boyero hasta la edad de 12 años, y después como tonelero, junto a su padre; después, como mozo de labranza, luego, como tipógrafo.
Originario, como Charles Fourier, del Franco Condado, en el que, como dice G. Lefranc, "hasta la revolución de 1789, hubo siervos al servicio de las abadías, pero que desde la Edad Media iba orientándose hacia fórmulas cooperativas, mediante la constitución de fruterías", sus concepciones económicas y sociales tienen una primera y profunda raíz en las observaciones de su infancia sobre el trabajo, la propiedad, la venta, el valor.
Estudios
Gracias a una beca en 1820 pudo ingresar a estudiar durante algún tiempo en el Colegio de Besançon, pero razones económicas le impidieron concluir allí su bachillerato. A los 19 años ingresó a una importante imprenta de Besanzón, trabajando de corrector, mientras aprendía el arte de la tipografía. Como la casa editorial preparaba una edición de la Biblia, aprovechó la ocasión para aprender el idioma hebreo, nociones de teología y también iniciarse en filología comparada y lingüística. Básicamente se le debe considerar, pues, como a Fourier un autodidacta. El carácter no sistemático, las contradicciones (reales o aparentes), el vuelo grandioso y el brillante rigor de su estilo son el resultado de su genio, campesino-artesanal, autodidáctica.
Entre 1831 y 1832 hizo un viaje por Francia en busca de trabajo, recorriendo París, Lyon, Neuchâtel (Suiza), Marsella y Tolón. De regreso a Besanzón, el fourierista Just Muiron le ofreció trabajo como redactor jefe del periódico El Imparcial. Durante todo este tiempo no cesó de instruirse y profundizar sus conocimientos de los clásicos como Descartes o Rousseau. Luego de otro breve viaje por Francia, fundó con otros dos socios una pequeña imprenta. La primera obra que Proudhon escribió fue un Ensayo de gramática general(1837), publicado como apéndice a una obra de lingüistica del abate Bergier. En 1838 tuvo que cerrar la imprenta por sus dificultades económicas y el suicidio de su socio. El 23 de agosto de ese año obtuvo la beca Suard de la Academia de Besanzón, que le permitió disfrutar durante 3 años de una renta de 1500 francos. En 1839 publicó un trabajo de carácter histórico-sociológico, De la utilidad de celebrar el domingo, que, igual que el primero, no llamó mucho la atención, aunque obtuvo una mención académica. Pero su tercera obra, "¿Qué es la propiedad?", aparecida en 1840, le hizo repentinamente famoso en París, en Francia y en el mundo. Al año siguiente, en 1841, y luego en 1842, completó las teorías allí expuestas con una Segunda y Tercera memoria.
En 1843 escribió dos obras importantes: "La creación del orden en la humanidad" y "El sistema de las contradicciones económicas o la Filosofía de la miseria". Esta última dio lugar a una dura respuesta de Marx, quien escribió su "Miseria de la filosofía", precisamente un año después de publicada "Filosofía de la miseria" (1844).
Proudhon conoció a Marx en París; luego de la muerte de Proudhon, Marx escribiría una carta a Herr Schwaitzer comentando sobre sus apreciaciones a la obra del francés, la carta concluía:
Proudhon tenía una inclinación natural por la dialéctica. Pero como nunca comprendió la verdadera dialéctica científica, no pudo ir más allá de la sofística. En realidad, esto estaba ligado a su punto de vista pequeño burgués. Al igual que el historiador Raumer, el pequeño burgués consta de «por una parte» y de «por otra parte». Como tal se nos aparece en sus intereses económicos, y por consiguiente, también en su política y en sus concepciones religiosas, científicas y artísticas. Así se nos aparece en su moral y en todas las cosas. Es la contradicción personificada. Y si por añadidura es, como Proudhon, una persona de ingenio, pronto aprenderá a hacer juegos de manos con sus propias contradicciones y a convertirlas, según las circunstancias, en paradojas inesperadas, espectaculares, ora escandalosas, ora brillantes. El charlatanismo en la ciencia y la contemporización en la política son compañeros inseparables de semejante punto de vista. A tales individuos no les queda más que un acicate: la vanidad; como todos los vanidosos, sólo les preocupa el éxito momentáneo, la sensación. Y aquí es donde se pierde indefectiblemente ese tacto moral que siempre preservó a un Rousseau, por ejemplo, de todo compromiso, siquiera fuese aparente, con los poderes existentes.
Tal vez la posteridad distinga este reciente período de la historia de Francia diciendo que Luis Bonaparte fue su Napoleón y Proudhon su Rousseau-Voltaire.
Ahora hago recaer sobre usted toda la responsabilidad por haberme impuesto tan pronto después de la muerte de este hombre el papel de juez póstumo.
Política
En 1848 Proudhon es elegido diputado a la Asamblea Nacional, al proclamarse la Segunda República. En el seno de ese cuerpo legislativo combate la propuesta del reformista Louis Blanc, "cuyos talleres nacionales adormecen a los proletarios sin concederles nada de lo esencial". En ese medio republicano-burgués aparece como un extraño disidente. Él mismo escribe en sus Carnets: "Estos diputados se asombran de que yo no tenga cuernos y garras". Sin embargo, sus ideas, a través del periódico que publica, "Le representant du peuple", llegan a tener entonces gran influencia en los estratos populares de París. Cuando el general Louis Eugène Cavaignac reprime violentamente la revuelta Popular del 23 de junio, 691 de los 693 diputados de la Asamblea aprueban su conducta mientras que Proudhon es uno de los dos que la condena.
En tal ocasión pronuncia un célebre discurso, donde opone taxativa y radicalmente, como nunca nadie se había atrevido a hacer hasta entonces, la burguesía y el proletariado, afirmando que "el proletariado realizará un nuevo orden, por encima de la ley establecida, y procederá a una liquidación de la burguesía". En este momento, Proudhon, que por lo general tiene una posición no violenta, porque confía en los mecanismos de la organización económica, asume una actitud beligerante, que bien podríamos llamar "de fuerza". "La esperanza de llegar pacíficamente a la abolición del proletariado —dice— es una pura utopía". Poco después, como reafirmando la idea de la lucha de clases, añade: "Pertenezco al partido del trabajo contra el capital"..
Cárcel, exilio y libros
El 10 de diciembre de aquel mismo año, Luis Napoleón es proclamado Presidente de la República por la Asamblea Nacional. Dos años y medio después este Presidente se convertiría en Emperador, del mismo modo que el primer Napoleón había pasado del Consulado al Imperio.
Proudhon ataca duramente a Luis Napoleón en su periódico "La voix du peuple", y lo considera como el peor enemigo del proletariado y del socialismo. Por esta razón es condenado, en 1849, a varios años de cárcel. Huye a Bélgica, donde vive en el anonimato durante un tiempo, ganándose la vida como profesor particular de matemáticas.
En una ocasión, al regresar por motivos privados a Francia, es descubierto, y encerrado en la famosa prisión de Santa Pelagia. Allí se dedica con apasionado fervor al estudio y escribe, entre otros libros, "La idea general de la revolución". Mantiene también una nutrida y clandestina correspondencia con muchas figuras de la oposición, y propicia una alianza del proletariado con la clase media para derrocar a Luis Napoleón, actitud que le será reprochada por algunos socialistas, los cuales recordaban que pocos años antes Proudhon había contrapuesto de un modo tajante el proletariado y la burguesía.
En 1858 escribe, contra el católico Mirecourt, una de sus más extensas e importantes obras histórico-filosóficas: "Sobre la Justicia en la Revolución y en la Iglesia", la cual le vale una nueva condena, por su ataque contra la religión del Estado, y un nuevo exilio en Bélgica. Una amnistía le permite retornar a su país, donde en 1863 publica otra de sus obras fundamentales: "El Principio federativo". En ella desarrolla ampliamente su concepción del federalismo integral, que pretende no sólo descentralizar el poder político y hacer que el Estado central se disgregue en las comunas o municipios, sino también, y ante todo, descentralizar el poder económico y poner la tierra y los instrumentos de producción en manos de la comunidad local de los trabajadores. Este concepto del federalismo es quizá el que mejor resume esa totalidad móvil que es el pensamiento de Proudhon.
En los últimos dos años de su vida escribe otra obra de gran importancia doctrinal, que influye decisivamente en la formación ideológica de los fundadores de la Primera Internacional: "De la capacidad política de la clase obrera", aparecida en 1865.
Pensamiento
El pensamiento de Proudhon parte, ante todo, de la filosofía de la Ilustración. Los empiristas ingleses (Locke, David Hume, etc.) y los enciclopedistas franceses, como Voltaire, Helvetius, y particularmente Diderot, son con frecuencia el presupuesto tácito o explícito de sus desarrollos doctrinales. Ataca duramente a Rousseau (como antes Godwin y después Bakunin), pero toma de éste algunas de sus ideas básicas.
También influyen sobre Proudhon las agudas críticas de los socialistas utópicos, como Saint-Simon y Fourier, aunque nadie más renuente que él a las construcciones ideales y al trazado de brillantes cuadros futurísticos.
Discusiones entre Marx y Proudhon
Las cordiales relaciones entre Proudhon y Marx no duraron mucho. Marx, que rompió con cuantos le precedieron, quiso atacar, en cierto momento, al alemán Grün, representante del llamado "verdadero socialismo", y quiso arrastrar consigo a Proudhon, el cual, lo mismo que Bakunin, no se prestó a ello. He aquí lo que en tal ocasión escribe el "padre del socialismo francés" al "padre del socialismo alemán": "Después de haber demolido todos los dogmas a priori, no caigamos, a nuestra vez, en la contradicción de vuestro compatriota Lutero; no pensemos también nosotros en adoctrinar al pueblo; mantengamos una buena y leal polémica. Demos al mundo el ejemplo de una sabia y previsora tolerancia, pero, dado que estamos a la cabeza del movimiento, no nos transformemos en jefes de una nueva intolerancia, no nos situemos como apóstoles de una nueva religión, aunque ésta sea la religión de la lógica".
Marx ataca a Proudhon cuando éste publica su Sistema de las contradicciones económicas, tres o cuatro años después de haberlo alabado por su "¿Qué es la propiedad?".
Para muchos marxistas, Proudhon es un ideólogo de la pequeña burguesía, y particularmente de las clases artesanas y campesinas. Los proudhonianos responden a esto recordando los orígenes de Proudhon como trabajador manual. Algunos autores como Jean Touchard, en su Historia de las ideas políticas, prefieren definir al proudhonismo como "un socialismo para artesanos"; otros han hablado de "un socialismo para campesinos". Los proudhonianos responden a esto diciendo que tales definiciones sólo pueden aceptarse si se tiene en cuenta que, en el momento en que Proudhon pensaba y escribía, la mayoría de los trabajadores asalariados eran artesanos y agricultores más que obreros industriales. También hay quienes han optado llamarlo como León Víctor Bourgeois, "padre del socialismo francés", como con Stekloff, "padre del anarquismo" y como Dolléans, "gran filósofo y tribuno de la plebe europea".
Principales obras
·        ¿Qué es la propiedad? (1840)
·        Sistema de contradicciones económicas o Filosofía de la Miseria. (1846)
·        De la justicia en la Revolución y en la Iglesia (1858)
·        El manual del especulador de la Bolsa (1853)
·        La Guerra y la Paz (1861)
·        El principio federativo. (1863)
·        De la capacidad política de la clase obrera. (1865)
·        Teoría de la Propiedad. (1866)
·        Del principio del arte y su destino social. (1875)
·        La Pornocracia, o las mujeres en los tiempos modernos. (1875)
·        Correspondences (1875)
·        Amor y matrimonio. (1876)
·        Cesarismo y cristianismo. (1883)
·        Jesús y los orígenes del cristianismo. (1896)
·        Comentarios sobre las memorias de Fouché. (1900)


https://www.portaloaca.com/historia/biografias/335-biografia-de-pierre-joseph-proudhon-el-padre-del-pensamiento-anarquista.html

domingo, 29 de julio de 2018

"La forma de matar a Puig Antich, a garrote, en la cárcel, suena a venganza"


'Público' entrevista al historiador Gutmaro López Bravo, autor de la monografía Puig Antich, la transición inacabada, y recupera los votos particulares de los jueces del Supremo que analizaron el consejo de guerra que condenó al militante anarquista por la muerte del policía Francisco Anguas y concluyeron que no fue, en absoluto, un juicio justo.

RAÚL BOCANEGRA
La demanda que la familia del exministro franquista y declarado falangista José Utrera Molina, ya fallecido, ha puesto contra Teresa Rodríguez, la secretaria general de Podemos Andalucía, Gabriel Rufián, el diputado de ERC en el Congreso, y Alfredo Díaz-Cardiel, el exdirigente de Podemos en Castilla La Mancha, por unos tuits en la que recuerdan la responsabilidad de Utrera en la muerte de Salvador Puig Antich, ha situado de nuevo de plena actualidad la impunidad del franquismo y de los responsables de sus decisiones. Entre ellos, ciertamente, se contaba Utrera Molina, que formaba parte del Consejo de Ministros que decidió ejecutar, al no levantarla, la condena a muerte de Puig Antich, el último liquidado por garrote vil -una forma de muerte especialmente cruel- en España, en 1974. Utrera estaba además investigado por estos hechos en Argentina por la jueza María Servini, tras una querella de la familia del militante anarquista.

La ley de memoria histórica, que impulsó el expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, declaró ilegítimas las sentencias de los tribunales franquistas, pero no las anuló. Y el Tribunal Supremo fue incapaz de revisar el consejo de guerra y vino, por el contrario, ya en el año 2007, a avalar aquel juicio al rechazar el recurso de revisión que quería interponer la familia del militante anarquista. Eso sí, el empuje de la familia, dejó dos potentes votos particulares, firmados por los magistrados José Luis Cabello y Ángel Juanes, que describe con exactitud la total falta de garantías de aquel Consejo de Guerra: “Todas las irregularidades (descritas) parecen tener una misma finalidad: atribuirle los disparos que causaron” la muerte del policía Francisco Anguas, afirma en el suyo el juez Cabello.

Público ha contactado con Gutmaro Gómez Bravo, especialista en franquismo, profesor de historia contemporánea en la Universidad Complutense, autor de la monografía Puig Antich, la transición inacabada, para que dibuje un retrato del tiempo en el que se produjo su ajusticiamiento. “Salvador es un chaval que está estudiando FP y está contacto con grupos de extrema izquierda antifranquista. No es un anarquista clásico. Esta gente, desde 1972, vienen realizando lo que llaman expropiaciones, que son atracos a bancos. Estaban haciendo una multicopista y una biblioteca para traducir e introducir en España prensa y libros. Puig Antich no milita en el PC o en el PSOE, que se están preparando para la legalización. Ellos están en otra estrategia. Están en esto de los bancos. En un atraco, en el que él lleva el coche, hieren a un contable. La policía monta un grupo especial para desarticularlos, la sexta brigada. Se producen, escuchas, seguimientos. Les esperan el 5 de septiembre de 1973. Y se produce un tiroteo en un portal de 8 metros, donde hay seis personas armadas. Allí muere un policía, Francisco Anguas. Y a partir de ahí todo cambia”.

“El cadáver -prosigue el profesor, en conversación telefónica- se traslada al anatómico forense, de Barcelona, pero en ese momento interviene Gil Mesa -jefe de la policía política franquista en Barcelona- que decide dos cosas: que el cadáver pase a la Policía de Barcelona y que los robos se unan a la causa del asesinato de policía. Eso significa que se trataría el tema como un delito de terrorismo y eso significaba la pena de muerte. Se producen otras irregularidades. Les incomunican, les torturan. Puig Antich tiene que ir al hospital. Ha recibido golpes y un tiro en la mandíbula. Dos días después le toman declaración, en presencia del fiscal, del juez, de la policía. Y esa es la principal prueba. Una declaración en la que no hay ningún abogado. Esto se hacía más o menos siempre. Era el franquismo”.

El contexto político en que se produce el juicio de Puig Antich era complejo, analiza el profesor Gómez Bravo: “Cuando la instrucción finaliza, ya se han pedido dos penas de muerte para él. Se produce una denegación sistemática de pruebas en el juicio. Y cuando es asesinado Carrero Blanco, el jefe del Gobierno franquista, todo se acelera. Y ahí se precipita y está todo terminado. Los sectores proclives a la mano dura, a ejecutar las sentencias de terrorismo, se enfrentan con reformistas y tecnócratas que quieren una apariencia de democracia para entrar en el mercado común europeo. Sabemos por los informes de los norteamericanos que está ya decidida la muerte de Puig Antich. Su juicio se produce en un contexto en el que está por decidirse la sucesión de dentro del franquismo. El gobierno de Arias Navarro es el primero donde hay un civil al frente del Gobierno. Y está de fondo también el proceso de Burgos contra miembros de ETA, acusados de tres asesinatos. Se produce una campaña muy fuerte, que lanzan periódicos como El Alcázar, contra los sectores han influido en la conmutación de las penas a etarras en Burgos. El conflicto es que si el Gobierno le perdona la vida a Puig Antich, la policía y el ejército iban a poner dificultades. A la vez está también la revolución en Portugal. Emocionalmente es un momento muy tenso”.

"Se declara el cierre informativo del tema de Puig Antich, sobre el caso Puig Antich. Lo hacen coincidir con varias cosas, matan casi a la misma hora, a un tipo con perturbaciones mentales, Georg Michael Welzel. Lo que quieren decir es que son criminales los dos. El otro crimen, de un guardia civil, no tiene consideraciones políticas”, agrega Gómez Bravo. “Son conscientes. La forma de matarlo, a garrote, la forma más ignominiosa que hay, en la cárcel, suena a venganza”, remacha el profesor.

¿En este contexto, qué papel juega Utrera Molina? “Utrera Molina es el jefe del Movimiento. Está en contra de la reforma política. Él quiere un partido único.Verdaderamente la cuestión de fondo es el orden público, cómo contener una protesta de orden público. Y Utrera Molina tiene un papel destacado en ese sector. Desde 1968, está la contestación armada de ETA. Utrera pertenece a la sección más beligerante de la extrema derecha, dentro del régimen y dentro de lo que es el primer franquismo. Abogado, procede del mundo jurídico, ha sido gobernador civil, ocupa puestos de poder en toda la administración franquista”, explica el profesor Gómez Bravo.

“Se trató de un juicio con mínimas garantías. Si se hubiera pasado a un juez ordinario le hubieran caído probablemente seis años. Puig Antich sufre indefensión. No admiten las pruebas. Se piden 18 testigos, la balística y se lo deniegan. Allí se produce una ensalada de tiros y hay proyectiles que son de la propia policía. Mandan dos forenses que modifican la autopsia. Nadie en ese momento puede rebatirles a los militares nada. Y la propia justicia es incapaz hoy de decir que eso estaba mal hecho”, remata el profesor.
Atribuirle los disparos
En el año 2007, el Tribunal Supremo impidió la revisión del caso Puig Antich al rechazar el recurso de la familia. Aunque una mayoría de tres jueces salvó aquella decisión franquista, la pelea de la familia dejó dos votos particulares de los magistrados José Luis Cabello y Ángel Juanes, que llegan a la misma conclusión tras examinar los hechos del Consejo de Guerra. “Puig Antich no tuvo un proceso justo, lo cual no prejuzga la licitud de su conducta tanto en el plano jurídico e incluso en el ético. Se trata simplemente de constatar que, con independencia de su actuación, lo cierto es que no tuvo un proceso justo", escribe Juanes.

El voto del magistrado Cabello describe con precisión cómo se tomó aquella decisión: “La primera declaración de Puig Antich, extendida en casi siete folios por las dos caras a un solo espacio, fue prestada -sin intervención de defensor- tan solo 72 horas después de haber recibido dos disparos, que en el parte del servicio de urgencias se describen así: “Herida penetrante (por arma de fuego) en hombro izdo. Herida penetrante (por arma de fuego) en hemicara izda. con fractura de maxilar”.

"Inmediatamente después debo destacar -prosigue el texto de Cabello- que no fue practicada una prueba tan esencial como la pericial de balística, destinada a establecer cuál o cuáles fueron las armas de las que procedieron los disparos que causaron la muerte del subinspector. Omisión tan extraña de una prueba tan esencial respondía a un hecho para el que no encuentro explicación asumible: con la excepción de los dos proyectiles que hirieron a Puig Antich (fueron entregados por los médicos a los policías), no consta en la causa que fuera recogido ninguno de los correspondientes a los demás disparos efectuados: ni los tres de que habla la autopsia, ni el cuarto que, según los policías, disparó Puig Antich, ni los dos o más que, según veremos después, tenía el cuerpo del subinspector de policía. Y por lo que atañe a los casquillos sucede algo similar, pues los que se recogieron (dos casquillos de revólver calibre 38 y cuatro de pistola del 9 largo) no consta que fueran entregados al Juzgado”.

Para Cabello, es indiscutible la indefensión: “Otra actuación irregular se refiere al derecho de Puig Antich a proponer las pruebas pertinentes para su defensa. Ese derecho fue sistemáticamente vulnerado. Así, la defensa solicitó una prueba pericial destinada a establecer por un lado, la posición de todos los demás posibles tiradores que intervinieron en el suceso y, por otro, las trayectorias y distancias de los posibles disparos. Pues bien, cuando fue solicitada en el recurso contra el auto de procesamiento, la denegación se basó en que ya había sido practicada una diligencia de reconstrucción de hechos, a pesar de que en esta se habían recogido muy pocos detalles y no había intervenido ningún defensor. Y cuando fue solicitada en el escrito de conclusiones provisionales, el Consejo de Guerra la denegó porque, siendo preceptivo que se practicara por dos peritos, la defensa solo había propuesto uno, y porque, según el criterio del auditor militar, que el Consejo asumió, los miembros de éste “son profesionales de las armas y los términos en que se pide la pericia no exigen conocimientos especiales en una materia de carácter general y elemental”.

Tampoco fueron admitidas las declaraciones de varios testigos. “Igual pertinencia e interés tenía la prueba testifical -indica Cabello- solicitada por la defensa. La defensa de Puig Antich propuso que fueran oídos quienes habían visto el cuerpo del subinspector Anguas a fin de que se manifestaran sobre si presentaba más disparos de los tres que decía el informe de la autopsia. De esos testimonios destacaban los que la Sala ha recibido ahora: [el de dos doctores] que examinaron en el servicio de urgencias el cuerpo del mencionado subinspector, que llegó ya sin vida. Ninguno de estos testimonios fue aceptado argumentando que no habían sido testigos presenciales de los hechos".

Añade al respecto de la indefensión y denegación de pruebas el magistrado Cabello: “Otra actuación que no puede pasarse por alto se refiere a la práctica de la autopsia: fue realizada en la comisaría en que estaba destinado el subinspector fallecido. Consta que fue realizada allí con autorización judicial, concedida después de que el médico forense dijera que no tenía inconveniente alguno. Pese a ello me sorprende porque no se trataba de velar el cuerpo, sino de someterlo a una técnica de investigación de las causas de la muerte cuya práctica se realiza en lugares que están específicamente preparados para ello, como son los Institutos anatómicos forenses, y en los que no se da ninguna clase de presión ambiental".

Pero aquí no acaban las actuaciones discutibles. Escribe Cabello: “La anterior no es la única actuación relacionada con la autopsia que considero irregular. Hay otra que se refiere, por un lado, a la incorporación a la correspondiente diligencia de la frase, escrita con máquina de escribir diferente, que dice: “los tres disparos pueden corresponder al mismo tipo de proyectil”, y por otro, a las correcciones hechas a mano, que consistieron en, aprovechando algunas letras de las palabras mecanografiadas, escribir sobre éstas lo siguiente: “[a]rriba [a a]bajo [...] des[cendente]”.

“No se trata de que el interlineado -agrega el juez Cabello- escrito con una máquina diferente altere el contenido de la autopsia. Se trata de que, después de haber quedado extendida la diligencia de autopsia, se incorpora una opinión que no corresponde hacer a los médicos forenses, y menos basándose en una observación meramente visual, y que no tiene autor conocido”.

El magistrado remacha este razonamiento con contundencia: "Hasta aquí las causas de mis dudas sobre si Puig Antich fue condenado a muerte en un proceso justo. En mi opinión todas las irregularidades que he descrito parecen tener una misma finalidad: atribuirle los disparos que causaron” la muerte de Anguas