jueves, 10 de diciembre de 2015

La Madre Teresa no predicaba con el ejemplo.



Un estudio elaborado por académicos canadienses demuestra que sus misiones eran verdaderas "casas de la muerte" y que los millones que recibió su fundación no se corresponden con el coste de sus obras de caridad.

"Su manera dudosa de cuidar a los enfermos, sus contactos políticos cuestionables, su sospechosa gestión de las enormes sumas de dinero que recibió y sus puntos de vista excesivamente dogmáticas relativos, en particular, al aborto, la anticoncepción y el divorcio" han levantado recelos sobre una de las santas más aclamadas del siglo XX: la Madre Teresa de Calcuta. Según se desprende de un estudio de la universidades canadienses de Ottawa y Montreal, y del que se hace eco el diario del mismo paísUdemNouvelles, el mito de altruismo que rodea la figura de Agnes Gonxha, como se llamaba realmente, no se correspondería con la vida de una mujer que podría no haber sido tan santa como se ha dicho hasta ahora.
"En la búsqueda de documentación sobre el fenómeno del altruismo para un seminario sobre ética, uno de nosotros tropezamos con la vida y obra de una de las mujeres más célebres de la Iglesia Católica. La descripción era tan extática que despertó nuestra curiosidad y nos empujó a seguir investigando". Así lo explica el profesor Serge Larivée, que junto a Genevieve Chenard, ambos pertenecientes a la Universidad de Montreal, y a Carole Sénéchal, de la Universidad de Ottawa, publicaron a principio de este mes su estudio en la revista Studies in Religion/Sciences religieuses. Como resultado, los tres investigadores recopilaron 502 documentos sobre la vida y obra de la Madre Teresa. Después de eliminar 195 copias, consultaron 287 documentos para llevar a cabo su análisis, que representan el 96% de la literatura sobre la fundadora de la Orden de las Misioneras de la Caridad (OMC).
Aseguró que "el mundo gana con el sufrimiento de los pobres", pero ella fue a un hospital moderno de EEUU
Durante su vida la Madre Teresa abrió 517 misiones de acogida para los pobres y enfermos en más de 100 países. Sin embargo, estas misiones han sido descritas como "casas de la muerte" por los médicos que las visitaron y trabajaron en ellas en la ciudad de Calcuta. Según explica el artículo del diario canadiense, dos tercios de las personas que acudieron esperaban encontrar atención médica, mientras que el otro tercio sólo esperaba encontrar una muerte en mejores condiciones. Lo que se encontraron los doctores fue una gran falta de higiene, unas pésimas condiciones de atención, alimentación inadecuada y una importante falta de analgésicos.
No obstante, le problema no era la falta de dinero, pues la Fundación creada por la propia Agnes Gonxha había recaudado cientos de millones de dólares. Más bien el problema resultó ser su particular concepción cristiana sobre el sufrimiento y la muerte. Ella misma dijo que "hay algo hermoso en ver a los pobres aceptar su suerte, sufren como la Pasión de Cristo. El mundo gana mucho de su sufrimiento", para responder a las críticas, según recogió el ya fallecido periodista Christopher Hitchens. Pero ella no se consideraba pobre, por lo que su sufrimiento no ayudaba a nadie. Cuando requirió cuidados paliativos los recibió en un hospital moderno de Estados Unidos.
Tras recibir millones de dólares del dictador Duvalier sólo envió oraciones a la India. Se desconoce qué fue del dinero Tras las inundaciones en la India y la explosión de una planta de pesticidas en Bhopal, ofreció numerosas oraciones y medallas de la Virgen María, pero en ningún momento envió una ayuda monetaria directa, pese a que su fundación ya contaba con importantes recursos. Además, no mostró ningún tipo de reparo para aceptar la Legión de Honor y una beca de la dictadura de Duvalier en Haití. Con esa operación, le fueron transferidos millones de dólares a cuentas bancarias de la Orden de las Misioneras de la Caridad. A día de hoy el estado de esas cuentas sigue siendo secreto. Ante estos hechos, el profesor Larivée se pregunta: "Teniendo en cuenta la gestión parsimoniosa de las obras de caridad de la Madre Teresa, uno puede cuestionarse dónde se han ido los millones de dólares que iban para los más pobres de los pobres".
Tras esta realidad perturbadora, los académicos también se preguntaron cómo consiguió construir su imagen de santidad y bondad. Y sus investigaciones les llevaron a la reunión que tuvo lugar en Londres en 1968 con el periodista británico de la BBC Malcom Muggeridge, conocido por sus posiciones políticas derechistas y en contra del aborto, algo en lo que coincidían ambos personajes. De esta forma, en 1969 el periodista rodó un elogioso documental que pintaba a Teresa como una verdadera santa bienhechora a los ojos del mundo. En los años siguientes, y gracias a esta imagen construida, ella pudo viajar por todo el mundo y recibir, entre otros premios, el Nobel de la Paz. En la gala de entrega, aseveró que "el mayor destructor de la paz hoy en día es el aborto, porque es una guerra, una matanza, un asesinato de la propia madre".
"El mayor destructor de la paz hoy en día es el aborto" Después de su muerte, en el momento en el que el Vaticano decidió santificarla, le atribuyeron el milagro de haber curado a una mujer, Mónica Besra, quien había estado sufriendo de dolor abdominal intenso. Ella dijo que después de que Gonxha le colocara una medalla se esfumó su dolor. Sin embargo, lo que la Iglesia consideró "milagro" varios médicos aseguraron entonces que fueron medicamentos y drogas los que hicieron desaparecer el dolor del quiste de ovario y la tuberculosis que sufría.
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sábado, 5 de diciembre de 2015

Lucio Urtubia, el falsificador idealista.



Anarquista, atracador y responsable de una falsificación que puso contra las cuerdas al mayor banco del mundo de la época, el Citibank. Lucio Urtubia es un personaje singular que no encaja en el prototipo de criminal o terrorista. De hecho él se califica como anarquista y durante muchos años dirigió desde Francia una red clandestina de apoyo a diversos movimientos revolucionarios e insurgentes de todo el mundo.


Lucio Urtubia Jiménez nació en Cascante, Navarra, el 18 de febrero de 1931, en el seno de una humilde familia trabajadora. Ya desde crío daba muestras de un espíritu rebelde “me dedicaba a azotar, con ramas de ortigas, las piernas de las niñas burguesas. Me detenían y, como mi madre era pobre y no podía pagar la multa de cinco pesetas, me metían a la cárcel”. Su padre también conoció las cárceles de la época y salió de ellas convertido en comunista.
Lucio, aprovechando que tenía un hermano camionero, empezó a contrabandear café, fruta y otras mercancías por la frontera franco-española. “Ahí aprendí que tú puedes ganar 99 veces, pero que, si pierdes una sola, ya te puedes dar por jodido. O sea, que el revolucionario no puede fallar nunca y que no te puedes dejar coger”, afirma. Entonces robaba para sobrevivir. Y siguió haciéndolo en la mili. Los militares descubrieron el saqueo, y eso forzó al soldado a desertar y escapar a Francia en 1954.
Comenzó a relacionarse con las Juventudes Libertarias dela Fédération Anarchiste, en principio para aprender el francés, pero más tarde por convicción. Sus compañeros le preguntaron un día: “¿Tú qué eres?”. Y él contestó: “Yo soy comunista”. Y ellos replicaron: “¿Tú comunista? ¿Qué coño vas a ser comunista? ¡Tú eres anarquista!”. Fue la primera vez que escuchó esa palabra y desde entonces le acompaña.
“Al poco de vivir en París, el anarquista Germinal García me pidió que escondiera a tres revolucionarios españoles. Uno de ellos resultó ser el mítico Quico Sabaté. ¡Cuando me enteré de quién era!, era conocidísimo entre nosotros”. Ese encuentro le marcó. Cuando Sabaté abandonó su casa le dejó como regalo una metralleta Thompson. Tras la muerte de Sabaté en España, Lucio iniciaría una serie de  robos y atracos por Europa junto con otros revolucionarios, así como algunas incursiones en España.
Las expropiaciones (término con el que denominaban a los atracos a bancos) eran muy fáciles en aquella época. Iban a cara descubierta. No había ni cámaras de grabación, ni puertas blindadas, ni nada. Los empleados se morían de miedo y les daban todo en cuanto veían las armas. Pero a Lucio no le iba a aquello, tenía miedo de hacer daño a los trabajadores. “Poner una metralleta a un empleado de un banco no es ningún heroísmo. Cuando descubrí que a través de las falsificaciones podíamos hacer otras cosas, yo respiré”.
Su oficio de albañil le daba una cobertura perfecta. Al alba se iba a trabajar y por las tardes se dedicaba a sus quehaceres revolucionarios. Entre ellos estaba la organización de las falsificaciones de documentos de identidad. Esta actividad clandestina ocupó todo su tiempo revolucionario, relegando definitivamente los atracos.
Fueron poco a poco. A través de dos hospitales conseguían las documentaciones de la gente que moría y cambiaban la foto y el nombre. Un día ayudó a unos amigos que tenían una imprenta que había sido atacada por un grupo fascista y fue a construirles una puerta. Lucio les pidió que le hicieran documentos falsos, y le pusieron en contacto con  un taller donde hacer el fotograbado, la separación de colores, etcétera. Allí empezó la falsificación con una calidad excelente y de gran precisión.
No había exiliado que no tuviera documentos facilitados por él. “Yo no sé nada de imprenta. Mi mérito es que logré que trabajadores que sí sabían de eso hicieran carnés de identidad, pasaportes y cualquier documento. Los hacían idénticos y con los colores perfectos. Siendo un pelagatos, convencí incluso a empresarios para que arriesgaran su vida y su fortuna”, “Yo sólo me ocupaba de dejar todo limpio en la imprenta. Rompía las pruebas, limpiaba los rodillos, los cauchos. Eso era muy importante, ¿eh? Una vez estaba quemando papeles en la chimenea y se quemó el hollín. Alguien llamó a los bomberos y llegó la policía cuando estaba en plena faena. ¡Menos mal que me dio tiempo a esconder los papeles chamuscados!”
En la década de 1960, conjuntamente con otros exiliados, inició sus actividades de falsificación de moneda con la que financiaban a numerosos grupos por todo el mundo, incluida una incipiente organización terrorista vasca conocida como ETA, a la vez que procuraban desestabilizar las economías capitalistas.


Una de las propuestas más atrevidas fue la de falsificar dólares americanos. A través de la embajadora de Cuba en Francia la noticia de este proyecto llegó a altas instancias, y en 1962 se propició un inverosímil encuentro entre Ernesto Che Guevara y Lucio. Pero el plan fue finalmente rechazado por los revolucionarios cubanos.
El golpe más importante de cuantos realizó fue la falsificación de cheques de viaje del banco estadounidense First National City Bank (actual Citibank) en la segunda mitad de la década de los 70. Realizó 8.000 hojas de 25 cheques de 100 dólares cada uno, un total de veinte millones de dólares, lo que estuvo a punto de hacer quebrar al banco, que sufrió una importante caída en su cotización en bolsa. Este dinero fue utilizado para financiar distintos movimientos guerrilleros en Latinoamérica (tupamaros, montoneros, etc.) y Europa. “Falsificar el dólar era más fácil que otros trabajos que habíamos hecho ya, pero descubrimos por los abogados, que si nos cogían los condenarían a 20 años.


 Entonces descubrimos el traveler check del First National City Bank”. “Compré en Bruselas 30.000 francos en travelers cheques con documentación falsa. Después compré el papel para las falsificaciones. Costó imitarlos. ¡Es muy difícil llegar a la perfección! Yo daba el visto bueno, pero no fabricaba los cheques porque no sé nada de impresión”.
La central del Citibank estaba desbordada con los travelers checks falsos que aparecían por medio mundo. “Éramos un montón de equipos dedicados a colocar los travelers cheques. Primero entraba yo, y si todo salía bien decía a los demás: -La sala de baño está perfecta-. Era la clave. Ahí empezaba la cadena. Los de los bancos, antes de pagar, miraban en una lista para ver si la numeración figuraba entre los robados o extraviados. Al ver que no, pagaban sin problemas. ¡Ja, ja, ja! No podían estar en la lista porque llevaban la numeración de los que compré en Bruselas”.
Las policías de medio mundo estaban tras la misteriosa falsificación de los traveler check del Citibank. Un día un ex cocinero de la cárcel de Segovia le confía a Lucio que tenía la posibilidad de vender todos los travelers cheques al 30% de su valor. ¡Menudo pelotazo! Pero después de una serie de citas con un norteamericano que estaba interesado en el negocio, Lucio cayó en la trampa. Fue en junio de 1980 en el famoso café Les Deux Magots. Dio con sus huesos en la cárcel. “Es una falsificación de excelente calidad y por ello muy peligrosa”, admitía un informe policial. Lo malo, para la policía francesa, y sobre todo para el Citibank, es que no encuentran las planchas de impresión y que Lucio no soltaba ni prenda. A pesar de la detención los traveler check falsos seguían apareciendo. El banco corría el riesgo de sufrir un descalabro descomunal.


‘Salvar a Lucio’ fue durante mucho tiempo la consigna de muchos magistrados y abogados de izquierda en Francia que veían en Urtubia -cuyo lema era ‘robar a los ricos para dárselo a los pobres’- a un Robin Hood contemporáneo residente en su país.
El juez que instruía la causa de los traveler check se quedó impresionado con la historia de Lucio y su magnética personalidad. Además, resultaba increíble los hechos que se le atribuían y la cantidad de amigos influyentes que tenía ese simple albañil. Entre ellos Roland Dumas, el que fuera ministro de relaciones exteriores francés, que defendió a Lucio e intercedió por él. Así lo recordaba el mismo Lucio: “una de las veces que mi mujer fue detenida, su patrón nos mandó como abogado a Roland Dumas y desde entonces somos amigos” . Tiempo después, de la mano de Dumas -por entonces asesor de Mitterrand- entró en el Elíseo y participó en las negociaciones para la devolución del Guernica a España.
Finalmente, Lucio Urtubia fue procesado y encontrado culpable de un delito de falsificación, por el que fue condenado a seis meses de cárcel. Para su defensa contó con la ayuda de un buen número de abogados progresistas de Francia y la pena se fijó tras llegar a un acuerdo extrajudicial con el banco, que aceptó retirar gran parte de los cargos a cambio de las planchas de grabación y, lo que es más increíble, de obtener entre 50 y 60 millones de francos por las dichosas planchas. Cuando Lucio solicitó esto a los representantes del Citibank no daban crédito, ¡joder con el albañil!. Finalmente lo consiguió, pero todo se repartió entre los compañeros, Urtubia no se quedó nada.
A lo largo de su vida participó en un gran número de actos contra el sistema capitalista que supusieron que se dictaran en su contra cinco órdenes internacionales de búsqueda, incluida una de la CIA. Destacan la participación en el intento de secuestro del nazi Klaus Barbie en Bolivia, la colaboración en la fuga del líder de los Panteras Negras, la intercesión en el secuestro de Javier Rupérez, un asunto del que prefiere no hablar ‘porque los secuestros no prescriben’,  o su colaboración en la fuga de prisión de Albert Boadella, que se encontraba en espera de un juicio por un delito de injurias al Ejército.
Albert Boadella, a quien Urtubia durante el franquismo le falsificó sus documentos de identidad, no escatima elogios hacia él: “Lucio Urtubia, un quijote que no luchó contra los molinos de viento, sino contra gigantes de verdad”.
La prensa francesa y la americana le han apodado de diversas maneras, “el Quijote anarquista”, “El zorro vasco”, “El bandido bueno”. Dejando al margen las consideraciones políticas, lo que está claro es que el albañil navarro Lucio Urtubia logró proezas luchando por un ideal que consideraba justo. Siempre de frente.  Un periodista francés escribía en Le Figaro “Lucio no se ha llevado un solo franco a su bolsillo. Lo ha invertido todo en las causas que él consideraba justas. La magnitud de las acciones de este hombre provoca sentimientos encontrados en la policía que le detuvo y también en los Jueces que le han procesado.
Actualmente desarrolla una intensa actividad política en el barrio parisino de Belleville, donde vive. Allí conoce a todo el mundo y todo el mundo le conoce a él.
Dejo el enlace al fantástico documental LUCIO, de Aitor Arregi y Jose Mari Goenaga. Año 2007.
otros enlaces y referencias:
libros:
Lucio Urtubia el anarquista irreductible, del periodista francés Bernard Thomas.ISBN8466602674
La revolución por el tejado. Autobiografía de Lucio Urtubia. ISBN 9788481365320

sábado, 28 de noviembre de 2015

Masonería y anarquismo: Anselmo Lorenzo



Cataluña, último tercio del siglo XIX – El líder anarquista y fundador de la Primera Internacional, Anselmo Lorenzo  fue iniciado, en la logia barcelonesa “Hijos del Trabajo”, numero 83 contando con 34 miembros, de los cuales 27 eran catalanes, 6 del resto de España y un sólo extranjero (francés).    
“Fui iniciado en la Respetable Logia “Hijos del Trabajo” el 13 de diciembre de 1883, a la cual he pertenecido siempre, asistiendo constantemente a todas sus tenidas, desde aquella fecha hasta el presente salvo casos de enfermedad y muy contadas de ocupación profana indispensable.”

Entre los años 1870 y 1900, se constata que, con excepción de algunas logias compuestas básicamente de trabajadores, los elementos de la clase obrera que se acercan a las Logias constituyen generalmente su elite intelectual o los redactores y directores de prensa. Tenemos un buen ejemplo de ello en dos fundadores de la Federación de Trabajadores de la Región Española en 1881: José Lunas y Pujals, fundador y director del semanario anarco-republicano-catalanista “La Tramuntana”, en Barcelona; Antonio Pellicer Peraire, director de las revistas anarquistas barcelonesas “Acacia” y “El Productor”, así como colaborador en la redacción de la obra “Garibaldi Historia liberal del siglo XIX” de Rafael Farga Pellicer, que tan buena acogida tuvo entre el obrerismo de la época.

Estos dirigentes del proletariado son bienvenidos a la masonería, aunque como es el caso de Anselmo Lorenzo prediquen la futura destrucción del Estado y el subsiguiente advenimiento de la sociedad ácrata porque a mi entender, a la Orden de la Escuadra y el Compás le preocupa que un sector importante de la sociedad viva aislado de su conjunto, como efectivamente ocurría con el anarquismo ibérico, celoso de su pureza y reacio a dejarse contaminar por la “podredumbre burguesa”. Y la masonería pretendía integrar a todas las clases sociales en un proyecto social y filosófico ciertamente vago y con pluralidad de definiciones, pero que era capaz de movilizar a los “hermanos” en tareas como la redención del proletariado.
Si consideramos el movimiento anarquista como fenómeno social de carácter heterodoxo -respecto claro está, del status social vigente en cada momento histórico– es fácil comprender la atracción que pueda producirse entre dicho anarquismo y toda una amplia gama de “ideologías” -también heterodoxas- como puedan ser el espiritismo, el laicismo, el librepensamiento o la masonería.

Esta “atracción” entre movimientos heterodoxos, es más intensa cuando dichos movimientos carecen de un cuerpo doctrinario perfectamente elaborado. Este podía ser el caso precisamente del anarquismo, el cual, por su propia idiosincrasia y como consecuencia de sus bases ideológicas, carece de este cuerpo doctrinal único y cerrado.

Antes al contrario, la importancia social e ideológica del anarquismo -y también su debilidad- reside en su amplia capacidad en aceptar cualquier heterodoxia social. Por otro lado, parece obvio que esta capacidad de aceptación aumenta en el seno del anarquismo en relación directa con la crisis del movimiento, ya sea por causas exteriores –represión gubernamental- o internas –crisis ideológicas.

Es inmerso en este contexto donde se puede apreciar las relaciones entre anarquismo y masonería. Contexto que aboca al movimiento anarquista a ejercer la dualidad de pertenecer a una organización obrera y a su vez a crear logias dentro de la obediencia de las órdenes Masónicas, usándolas como plataforma y modo de supervivencia del movimiento obrero al que pertenecen. Esta dualidad no estuvo exenta de tensiones, tanto por parte del movimiento obrero contra los que pertenecían a la masonería, como por parte de los masones contra los que ejercían esta dualidad.

En 1889 estalla una viva polémica en el seno del movimiento anarquista sobre la necesidad o la imposibilidad de ser al mismo tiempo masón y anarquista. Las dificultades en contemporizar anarquismo y masonería parecen obvias si se define al movimiento anarquista como una actitud permanente de condena de la sociedad, aun cuando esta condena pueda proceder de una concepción individualista de la naturaleza del hombre. Su método es siempre el de la rebelión social, sea violenta o no. Mientras la masonería critica pero no condena a la sociedad.
A pesar de ello había muchos que intentaban compaginar ambas cosas y bien o mal lo consiguieron, lo pone de manifiesto el peculiar historial masónico del destacado anarquista Anselmo Lorenzo. No obstante no hay que olvidar que todo este proceso fue fruto de una época. Época en que el movimiento obrero luchaba por defender su razón de ser, su crecimiento y su pervivencia y con la masonería les unía parte de su lema, “Igualdad y Libertad”.

Pienso que esta relación fue beneficiosa para ambas organizaciones. Para los líderes obreristas dualistas porque consiguieron sobrevivir tanto económicamente como intelectualmente, manteniendo vivo su pensamiento y dándolo a conocer, mientras eran represaliados por el poder político. El beneficio para la masonería fue que tomó conciencia de las injusticias cercanas, palpables y eso les convulsionó. Fruto de esta convulsión fueron sus posteriores intentos y consiguiéndolo en muchas ocasiones de infiltrarse en el terreno social, con fines filantrópicos, para ayudar a las víctimas de las injusticias sociales.

Montse Franch
Taller Francesc Ferrer i Guardia

jueves, 26 de noviembre de 2015

El Estado sigue dando la espalda a los familiares de Mikel Zabalza


El joven navarro fue detenido por la Guardia Civil hace 30 años. Su cuerpo apareció 15 días después en el Río Bidasoa. Varias investigaciones señalan que habría muerto en el cuartel de Intxaurrondo. Sus familiares siguen exigiendo una investigación.
DANILO ALBIN

@danialri
BILBAO.- Idoia Zabalza no prevé hacer nada especial este jueves. Se levantará de la cama, enfrentará sus quehaceres diarios y luego, a la noche, volverá a dormirse. Sólo hay un detalle: Mikel, su hermano mayor, seguirá sin estar allí. Fue otro 26 de noviembre cuando la Guardia Civil se lo llevó para siempre. Ocurrió en 1985. Tenía 33 años. Tres décadas después, su caso sigue plagado de preguntas sin responder. La versión oficial dice que murió ahogado en el Río Bidasoa, tratando de escapar de los agentes que lo custodiaban. Sin embargo, distintas versiones apuntan directamente al cuartel de Intxaurrondo.

“Nosotros éramos nueve hermanos. Mikel era el que te arropaba, el que te echaba un cable, el que siempre estaba allí. Para mí, Mikel era todo eso”, afirma Idoia Zabalza aPúblico. Muy a su pesar, el apellido de esta familia oriunda de Orbaizeta (Navarra) ha quedado grabado a fuego en la historia de Euskadi. Su hermano no formaba parte de ningún comando de ETA ni de ningún otro grupo. Era, además de “un hermano mayor que ejercía como tal”, un trabajador de la Compañía del Tranvía de San Sebastián.


Aun así, agentes del Servicio de Información de la Guardia Civil lo detuvieron en la madrugada del 26 de noviembre de 1985 en su casa del barrio donostiarra de Alza. Un día antes, ETA había cometido un atentado contra miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado, lo que desencadenó un amplio operativo antiterrorista. Mikel, un primo y su novia también fueron arrestados a lo largo de aquella noche. Los dos últimos fueron liberados sin cargos. Zabalza, por el contrario, no volvió a ser visto con vida.

La versión oficial –mantenida durante estos treinta años- asegura que el joven de Orbaizeta habría muerto tras intentar huir de los agentes en una zona boscosa, donde supuestamente había sido llevado para tratar de localizar un zulo. Veinte días después, la Guardia Civil informó que su cuerpo había sido localizado en el Río Bidasoa, apuntalando la tesis de la fuga. Sin embargo, la acusación particular advirtió desde un primer momento que Zabalza habría muerto a causa de las torturas infringidas en el cuartel de Intxaurrondo. Su primo –que había sido detenido el mismo día- asegura que escuchó los gritos de Mikel mientras era torturado, mientras que su novia declaró que había visto un cuerpo muy similar al de su pareja sobre una camilla.

Estas denuncias fueron confirmadas por distintas investigaciones periodísticas realizadas en los años noventa. El periodista de Diario 16 José Macca consiguió el testimonio del ex guardia civil Vicente Soria, quien aseguró que había visto el cuerpo de Mikel en un ascensor de Intxaurrondo. Por su parte, el diario El Mundo concluyó que los agentes Enrique Dorado Villalobos y Felipe Bayo Leal –condenados por los asesinatos de José Antonio Lasa y Juan Ignacio Zabala- habían sido los responsables de la muerte del joven. “Según testigos presenciales, Zabalza murió mientras Dorado Villalobos y Bayo Leal le practicaban la bañera”, reveló el periódico fundado por Pedro J. Ramírez en su edición del 30 de octubre de 1995.


"Objetos perdidos"
Sin embargo, a nivel judicial nunca hubo avances serios. “El caso ha estado abierto dos veces… y fue archivado dos veces”, resume su hermana Idoia. En su hogar hay recuerdos que difícilmente se olvidarán. Por ejemplo, cuando su madre se presentó en Intxaurrondo –dirigido entonces por el general Enrique Rodríguez Galindo, uno de los principales miembros del GAL-, le dijeron que si había perdido un hijo tenía que dirigirse a “objetos perdidos”. Esa frase irónica ha dado nombre al documental “Galdutako objektuak” (“Objetos perdidos”), actualmente en fase de producción. Recientemente, los impulsores de este trabajo audiovisual –a cargo de Ahotsa.info y Filmotek- iniciaron un crowfounding para tratar de conseguir financiación.

“Quizás con este documental podamos apelar al corazón y la conciencia de algunos, y que eso produzca nuevas revelaciones que puedan ser útiles para reabrir la causa”, confía Idoia. Es una de las últimas esperanzas para una familia castigada por el dolor. “Tenemos un gran sentimiento de frustración. Hay muchas pruebas que revelan que la versión oficial fue mentira. Es algo que sigue pendiente y que reclamamos que se aclare”, afirma.

A pesar del tiempo transcurrido, los Zabalza jamás recibieron ningún tipo de reconocimiento o reparación. Tampoco figuran en los listados de víctimas de ninguna clase. A ojos del Estado, no son más que familiares de un detenido que murió por cuenta propia. “Eso duele, porque Mikel es víctima por partida doble –sostiene su hermana. Por un lado, sabemos que lo mataron en el cuartel de Intxaurrondo. Además, es víctima de una mentira muy gorda, una mentira diseñada por la Guardia Civil para ocultar este caso”. Este jueves 26, Idoia se reafirmará en el mismo objetivo de los últimos 30 años: “conseguir que la verdad, de una vez por todas, salga a la luz”. 
Esto se seguía haciendo en los cuartelillos de la "transición" y con un gobierno "socialista"

domingo, 22 de noviembre de 2015

Me he cargado a un rojo”, dijo, y huyó a Santo Domingo


Campamento de Fuerza Joven en 1980 en San Lorenzo de El Escorial (Madrid)

José Llobregat, 'El loco', se fugó de España en 1980 antes de ser juzgado por la muerte del joven anarquista Jorge Caballero. Hoy, se esconde en El Caribe
 Dos ultras, implicados en la muerte de un anarquista, condenados a   multa de 50.000 pesetas

JOAQUÍN GIL

José Llobregat Ferré es un deportista nato. Su pasión es el golf. Ha ganado competiciones en el campo Isabel Villas  de Santo Domingo, donde reside con su esposa y dos hijos. Tiene 51 años y trabajó hasta hace dos en un holding familiar de construcción. En la capital del país caribeño, donde pasa por ser el hijo de un adinerado clan, nadie conoce su secreto. “De lo que pasó no se habla en mi familia”, confiesa uno de sus seis hermanos.
La historia oculta de José Llobregat, El Loco, comienza a escribirse la noche del 28 de marzo de 1980 en la entrada del antiguo Cine Azul de la Gran Vía de Madrid. Tenía entonces 16 años y acompañaba a nueve camaradas de Fuerza Joven —las juventudes del partido ultraFuerza Nueva— a realizar pintadas conmemorativas del 1 de abril, el día de la victoria franquista en la Guerra Civil. Jorge Caballero, un administrativo de 21 años afiliado a la CNT que trabajaba en la constructora Agroman, se cruzó con la comitiva cuando salía con su novia del cine, de ver La naranja mecánica. El anarquista portaba en la solapa una “A” blanca sobre fondo negro bordada por su madre. Los ultras la emprendieron a golpes contra él con palos de kárate. Llobregat asestó a la víctima la puñalada definitiva que acabaría con su vida dos semanas después en la cama de un hospital, según la investigación. La secuencia se desarrolló bajo el grito de “¡Anarquista de mierda!”. El Loco se fugó de España antes de ser arrestado. Y ha estado escondido 35 años.

                                 José Llobregat, 'el Loco', en una imagen de 2004.
Durante este tiempo, Llobregat ha estudiado arquitectura. “Quiere montar una empresa”, confiesa un familiar. Y ha trabajado en la compañía de construcción y promoción inmobiliaria fundada en 2000 por sus padres en Santo Domingo. La firma, que tiene una delegación en Marbella, levanta torres de edificios de lujo. Y ha concebido proyectos como un rascacielos con vistas al mar caribeño. El complejo tiene 27 plantas, 1.500 metros de oficinas y 600 plazas de garaje.
Llobregat es alérgico a Internet. Carece de perfil en las redes sociales. No tiene teléfono fijo a su nombre (ni al de su esposa). Y hasta hace un año y medio residió en Arroyo Hondo, una zona de clase media en la capital de la República Dominicana, según confirma por teléfono su guardia de seguridad.
La facilidad con la que El Loco huyó del país fue un escándalo en la España de los ochenta. “La policía tenía localizados a todos los fascistas de Fuerza Nueva. Sin embargo, la noche que murió Jorge Caballero, los agentes arrestaron a todos sus agresores menos a José Llobregat”, recuerda la abogada Ángeles López Álvarez, que ejerció la defensa de la familia de la víctima. “Un policía me dijo que Llobregat se había fugado a EE UU pero desde 1980 no sabíamos dónde se encontraba”, añade la letrada. La única pista de su paradero fue un un aviso de Interpol Viena en junio de 1986 que nunca llegó a concretarse porque la justicia española no preguntó a la policía austriaca si tenía localizado al fugitivo.
El Loco no fue juzgado. Fue declarado en rebeldía tras su fuga de España. La sección Primera de la Audiencia Provincial de Madrid sí condenó en 1987 por la muerte del anarquista Caballero a los ultras José Miguel Gómez González, El Masa, y José María Vargas Villalba, El Jerezano. El tribunal les impuso sendas multas de 50.000 pesetas(300 euros) por desórdenes públicos. La acusación particular reclamaba para ellos 17 años por asesinato. “Fue todo una vergüenza. Una auténtica burla para la familia”, indica Eugenia Caballero, hermana de la víctima.

                         La víctima, Jorge Caballero, en una imagen de archivo.
Los partidos de izquierda y sindicatos como CNT, CC OO y UGT no pudieron personarse como acusación popular por carecer de los 3,4 millones de pesetas (20.434 euros) de la época impuestos de fianza por la Audiencia de Madrid. “Todo se hizo para despolitizar la causa”, opina la abogada López Álvarez. La letrada recuerda que los dos únicos condenados fueron defendidos durante la fase de instrucción del caso por el abogado Antonio Muñoz Perea, entonces yerno del dirigente de Fuerza Nueva Blas Piñar.
Cuchillo ensangrentado
El ultra José Miguel Gómez González, El Masa, confesó en noviembre de 1981 al semanario Cambio 16 el papel de Llobregat en la muerte de Jorge Caballero. “De pronto llegó El Loco corriendo y me dijo: ‘vámonos rápido de aquí que me he cargado a un rojo. Salimos corriendo todos y no paramos hasta llegar a la plaza de España, donde José Llobregat se detuvo para lavar el cuchillo ensangrentado”, relató el Masa. Gómez González señaló al entonces subjefe de Fuerza Nueva, Ricardo Alba, como artífice de la compra de los billetes de avión para la huida del asesino. Alba, que actualmente ocupa la secretaría general de la Fundación Francisco Franco, ha declinado atender a EL PAÍS.
La orden de busca y captura de Interpol que pesaba sobre El Loco permaneció activa hasta 1999, según fuentes policiales. José Llobregat es desde entonces un hombre libre. Su crimen ha quedado impune.
investigacion@elpais.es
Otras víctimas del terrorismo azul
Yolanda González. El ultra Emilio Hellín Moro fue condenado en 1982 a 43 años de cárcel por asesinar a esta estudiante. EL PAÍS reveló en 2013 que Hellín trabajaba para la Guardia Civil y la policía.
Juan Carlos García. En 1980 moría este joven en el bar San Bao de Madrid. El Supremo condenó a 32 años de cárcel por su asesinato al ultra Juan Domingo Martínez Lorenzo, Perón, y a 18 años a Jesús Alfredo Fernández de Landa.
Arturo Ruiz. Una bala mató a este estudiante en 1977. La Audiencia Nacional condenó a cinco años de prisión al ultra Jorge Cesarsky. Sin embargo, el presunto asesino, José Ignacio Fernández, se declaró en rebeldía.
Matanza de Atocha. Tres pistoleros ultras asesinaron en 1977 a cinco trabajadores de un bufete laboralista de CC OO en Madrid.


viernes, 20 de noviembre de 2015

Los altos cargos del franquismo que acabaron mandando también en democracia



Los consejos de administración de Endesa, La Caixa, Telefónica o Iberdrola fueron el cobijo en democracia de la mitad de los últimos ministros franquistas. La otra mitad recalaron en la política. También en la justicia hubo puerta giratoria: 10 de los 16 jueces del Tribunal de Orden Público franquista ascendieron al Tribunal Supremo o la Audiencia Nacional.
Recuerda Julián Casanova, uno de los historiadores de referencia del siglo XX en España, que la generación de investigadores de la transición llegó a obsesionarse con la II República y la Guerra Civil después de 40 años de silencio académico impuesto por la dictadura. La república, el golpe, la guerra, el exilio… Y fue el hispanista Paul Preston el que le advirtió del error que estaban cometiendo los jóvenes historiadores españoles en democracia: “El verdadero desconocido, lo que realmente está por investigar, es el franquismo”. Cuatro décadas después de que casi medio Madrid abarrotara el Palacio Real para llorar, curiosear o atestiguar el ataúd de Francisco Franco, la siguiente generación de historiadores, la que nació después de aquel primer 20 N, ha dado un paso más y se pregunta si la gran desconocida no fue la transición a una democracia que ascendió a todos los poderosos con Franco.
Un replanteamiento histórico de la transición que llevó al politólogo y periodista Lluc Salellas (Girona 1984) a publicar El franquisme que no marxa (Edicions Saldonar) (El franquismo que no marcha). El libro investiga cómo le fue a los que mandaban durante la dictadura. “Investigué las vidas de los últimos 50 ministros de Franco y encontré que ninguno fue degradado por la democracia. Al revés, la mitad fueron a parar a los consejos de administración de las grandes empresas, la otra mitad a la política”, explica.
Durante los últimos años es recurrente el caso de Rodolfo Martín Villa, ministro de Gobernación en 1976, cuando fueron asesinados cinco manifestantes en Vitoria y que acabó siendo consejero de Endesa y luego presidente de Sogecable. “No sé si el franquismo inventó las puertas giratorias, pero desde luego la pusieron de moda”, detalla Salellas. Pone otro ejemplo. “El presidente de honor de La Caixa, José Vilarasau Salat, fue nombrado director general de Telefónica en 1966 y posteriormente tuvo varios altos cargos del Ministerio de Hacienda”. Este tecnócrata y asesor del régimen de Franco encontró en democracia un gran futuro en la banca.
La banca precisamente fue otro cobijo bien remunerado para los cargos del franquismo. El historiador Ángel Viñas reveló que el banquero Juan March costeó el avión que trasladó a Francisco Franco a la península el 18 de julio de 1936. Fue el inicio de una buena relación. Un ejemplo es el de Antonio Barrera de Irimo, vicepresidente primero del Gobierno franquista que asesinó a Salvador Puig Antich. Después fue consejero de Telefónica, Banco Hispano Hipotecario e Hispamer. “Lo decía Félix Millet. Somos 400 familias y siempre somos los mismos”, apunta Salellas.
El libro de Salellas habla de otros casos como el de Demetrio Carceller, falangista y ministro de Franco, que aprendió que los negocios se hacían mejor con contactos desde fuera del Gobierno y fundó el imperio Estrella Damm. O el caso de la familia Urquijo en la que un hermano era ministro y el otro presidente de Iberdrola. Capitalismo de amiguetes como definen los críticos del sistema económico actual a los negocios cosechados gracias a grandes contratos públicos a empresas financiadoras de partidos políticos con exministros en sus consejos de administración. “Todos se colocaron en empresas estratégicas”, concluye Salellas.

A los protagonistas conocidos de la dictadura les fue de maravilla en la democracia. Sus hijos, como Enrique Fernández Miranda (hijo de Torcuato Fernández Miranda), que preside la Fundación de Price Waterhouse Coopers, tampoco penaron su pasado. Pero los desconocidos funcionarios de la policía represiva o los jueces que aplicaban las antidemocráticas leyes franquistas tampoco fueron castigados por la democracia.
Es el caso del policía Antonio González Pacheco, más conocido como Billy El Niño, que alcanzó una enorme fama por las torturas que aplicó en la Brigada Político-Social que se ocupaba de la oposición al régimen y que nunca pagó por ello. De hecho, ha sido una denuncia en 2013 presentada por sus víctimas en Argentina la única vía por la cual ha tenido que ir a un juzgado a responder sobre sus torturas sin ninguna consecuencia previsible.

Los desconocidos funcionarios de la policía represiva o los jueces que aplicaban las antidemocráticas leyes franquistas tampoco fueron castigados por la democracia
Como dijo el exfiscal anticorrupción Carlos Jiménez Villarejo en 2010 en un acto de apoyo al juez Baltasar Garzón, acusado de prevaricación por la causa de las víctimas del franquismo: “El auto de Varela dice que la labor de jueces y fiscales a favor de las víctimas de la dictadura es encomiable. ¿Cómo puede decir eso? Pero si estuvieron formando parte del Tribunal de Orden Público (TOP) hasta 1976. Fueron cómplices hasta el último día de las torturas de la Brigada Político-Social y nunca abrieron una causa ni siquiera por lesiones durante 40 años”.
Villarejo fue muy criticado, pero sabía de lo que hablaba. El TOP se estrenó en 1963 para condenar a 10 años de cárcel a Timoteo Buendía. Su crimen fue beber un poco de más en la barra de un bar y gritar al televisor: “¡Me cago en Franco!”. El juez le aplicó la pena por injurias al jefe del Estado. Así fueron aplicadas 3.797 sentencias hasta su disolución en 1977. ¿Fueron apartados de la carrera judicial estos jueces que aplicaban las normas franquistas? 10 de los 16 jueces que tuvieron plaza en el TOP ascendieron en democracia al Tribunal Supremo y la Audiencia Nacional.
DIEGO BARCALA